alcaraz ernesto

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Y mientras más pronto, mejor. Toda propuesta de mejora socialdebe ir a la par de lo que la realidad nos indica y las posibilidades de transformación nos ofrece, sean acertadasTodo lo que se sabe de ella y que el diagnóstico nos diga lo que se puede hacerpara mejorarla…O para cambiarla. No tomarlo como un destino manifiesto, cuando lo que uno piensa y a lo que aspira, no tienen sustentos firmes correctos. Ante ello, la reconsideración no se desestima,si se asienta en la sinceridad de conciencia y cuando la certeza y viabilidad de lo que se propone,no es aconsejable ni procedente. La clave es recapacitar a tiempo, porque la tardanza es un peligro. 

No es fácil entender la posición ideológica y política del presidente López Obrador, a pesar que la terca realidad le avisa que el rumbo de su gobierno es impreciso e ineficaz. Y ya, en algunos casos, contraria a la promesa contraída con el electorado nacional. Del 1 de julio de 2018 a mayo de 2020, las circunstancias han cambiado de manera sorprendente. No sólo porque el Coronavirus es, además de algo inédito igual de impensable, sino porque la endeble economía se ha sumado al deterioro social. Que ya venía desde 2019. 

Ante los deslices del presidente, sus salidas fáciles caen en el lenguaje político de la justificación. Pero los errores y fallas humanas ante la lenta y tardía llegada dela crisis sanitaria que se sabía iba a llegar, las proyecciones para contenerla y desterrarla sonconsideradas como causas culposas de quien tenía la responsabilidad de contenerla. 

Esa narrativa es una historia bien conocida por la población. La culpa ajena hacia gobiernos anteriores es bienconocida por la población, cuyo lenguaje justificante a los malos resultados o a fracasos en la aplicación de políticas públicas, es recurrente. Ahora resulta, que la crisis sanitaria, las vacilaciones y errores de cálculo del gobierno “nos cayó como anillo al dedo para fortalecer la Cuarta Transformación”. No entiendo por qué lo dijo, cuando el gobierno reiteraba que estaba preparado para enfrentar la pandemia. Quedaría excelentemente bien ante la población. pero no, luego declara que “los hospitales los dejaron desmantelados y los que estaban en construcción fueron abandonados. Ahí la confusión. 

Se le acusa al gobierno de no tener un efectivo seguimiento a las políticas públicas ni prevención y control en el gasto público que se ejerceque,de ser así, sería una grave irresponsabilidad administrativa. Y el escape fácil para justificar proyectos y programas mal aplicados será el intenso hostigamiento de los neoliberales y demás conservadores para que al gobierno le vaya mal. Aplausos a raudales. Habrá algo de cierto, pero es una repetitiva historia que los ciudadanos ya nos la sabemos de memoria. Lo Intuimos y adivinamopues lo hemos escuchado cientos de veces. Ya no llega tan fácil a los sentimientos de la población. 

No hay gobierno que no haya reaccionado a la realidad cambiante de la sociedad ni gobernante que haya modificado el discurso ante una necesidad mayor de urgente atención. A veces se ven obligados a dar un giro a sus originales compromisos, objetivos y proyectos. Lo atestiguados,cuando ya expresidentes, escriben en sus memorias sus justificaciones, las limitaciones padecidas y la aparición de situaciones inesperadas. ¡Sólo se justifican, pero no se hacen responsables de sus decisiones y resultados!   

López Obrador está entrando en estos terrenos, que difícilmente puede evitar. El tema de los militares, por más que dé explicaciones, lo coloca en contradicciones de lo que dijo a lo largo de muchos años. Es muy probable que la realidad lo haya alcanzado, pero es definitivo que, si se resuelve el problema de la seguridad con el Ejército y la Marina en las callesnadie se acordaría de sus contradicciones.

Sin duda que la terca realidad lo hizo recular. Sin embargo, por más contradictoria su decisión, no deja de ser una opción viable para genuinamente enfrente y resuelva el problema. Claro que muchos de sus seguidores se sienten consternados, desilusionados, y otros, con la ilusión de una nueva actitud presidencial. El presidente está a tiempo de corregir algunos programas de gobierno, que sólo están sustentados en su persistente y comprometida ideología. Y que, por eso mismo, difícil es que se retracte. Y una realidad adicional, que tampoco AMLO quiere ver, es que miles de sus fieles seguidores están desilusionados. Quizás por ingenuos o por sentirse engañados con sus hoy negadas propuestas de campaña.  

Reconsiderar, genera controversia. Máxime, si es una promesa reiterada y vinculada con el electorado que lo votó. Pero más grave es, dejar de corregir lo mal interpretado y peor juzgado, a sabiendas que el camino es el fracaso y sin vía de regreso. La Cuarta Transformación no acredita un buen gobierno, y su presidente, con su sola visión ideológica no sólo no logra concretarla y hacérnoslo saber, sino por su afán difamatorio y divisionista y perfil autoritariocompromete más la gobernabilidad del País. Hay que reconsiderar lo que se tenga que corregir, pero pronto, ¡porque la tardanza corre graves riesgos!