OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Se ha especulado mucho acerca del significado del concepto transformación.

Cuando hablamos de transformar, nos referimos a cambios radicales que suceden en las cosas o en las personas. El proceso de cambio que impone una transformación social implica de lograr cambios evolutivos en el pensar y en el actuar de los sujetos activos sociales. Al implicar el término proceso aludimos a los pasos que deben darse para lograr que el cambio se logre completamente. Así las ideas, las cosas, los hechos se modifican en algo distinto de lo que fue primeramente. La transformación lograda mediante el cambio de conciencia, nos lleva a modificar “la cosa” como la habíamos aprehendido en un comienzo. Esto es que una vez sometidos al cambio no logremos simplificar “la cosa” en un concepto mediocre, sino en lograr completamente la trasformación de lo implicado en el cambio. Un ejemplo más ilustrativo es la transformación en las especies en su evolución. No se trata de alterar “la cosa” otorgándole ciertas cualidades que no la transforman completamente. En el caso de México, la Cuarta Transformación refiere a un cambio radical que obliga necesariamente arrancar desde sus raíces los males que han impedido que México avance como es el deseo de todos.

Conviene decir que esa transformación a la que se refiere Andrés Manuel López Obrador, es el cambio de rumbo en 180 grados, o sea cambiar totalmente el pensar y el hacer de lo que hasta ahora se había hecho. Para avanzar en esa transformación, se hace imperativo lograr dos cosas. La primera, erradicar la corrupción, condición que nos ha impedido avanzar en todas las partes de la economía humana, así como en la economía monetaria y política, que han sido causa directa del deterioro de las instituciones construidas en México para catapultar a la nación a un estado de mayor beneficio para el pueblo de México.

La segunda, alcanzar un estado de derecho que evite la impunidad. Ésta que ha permeado toda acción gubernamental, haciendo de ella un objeto de comercialización cuyas acciones están ligadas a romper con el ideal de servir a México. Tanto la corrupción como la impunidad, que he optado por llamarles hermanas siamesas, son un binomio que se conjuga de manera simbiótica, en la que una no puede actuar sin la otra. Es por demás decir que en México, hasta antes de la llegada de AMLO, estas dos categorías no habían sido tratadas en su total dimensión, haciendo de ellas una dupla de palabras sin sentido en un sistema cuya base de desplante son esas dos palabras, en las que se sostiene toda una forma de operación gubernamental que construyó una estructura de gobierno hecha a modo del viejo régimen Legión de Peña y asociados.

Ciertamente que las estructuras humanas que se nutrían de ello, hoy son causa notoria de su inquietud y desasosiego, donde por primera vez no han sido ellas, la cúpula política y empresarial, las que han salido beneficiadas con este nuevo régimen de la transformación de México.

Es condición de la transformación considerar a todas las fuerzas vivas de la nación, a asumir conjuntamente este nuevo rol nacional. En tal sentido es que la retórica del nuevo régimen es que Hagamos Historia, y esto se logrará cuando sintonicemos en una misma frecuencia los haceres de todos los mexicanos. Muy cierto es que solo unidos podemos avanzar juntos. Por México y por los mexicanos y claro por aquellos que aún no se suman, que seguramente con ellos o sin ellos, seguiremos avanzando.

COROLARIO

En un argumento simplista y poco tratado como un vector de la moderna investigación, los conceptos corrupción e impunidad han sido demasiado manoseados por muchos que pretenden se pierda el verdadero sentido de su significado. Un determinismo que fijó de manera grotesca la desviación de la moral y de los valores que fueron designados para el respeto del manejo irrestricto de los recursos del estado mexicano. De lo anterior, la falta de una supervisión apegada a esos valores que de conformidad son enunciados que rigen el buen manejo y el cuidado irrestricto de esos recursos que deben, sin duda alguna, de cuidarse. Somos muchos los que hemos tratado esos temas pero no vemos realmente la disposición de un cambio substancial en las personas que damos cuenta de ello. Muchos, de manera burlesca, hacen caso omiso de los señalamientos a quienes estuvieron en las administraciones pasadas declarándolas culpables de haber tergiversado los presupuestos asignados para el pleno ejercicio de la función pública. Creo que estuvimos demasiado tiempo expuestos a esas dos variables de la corrupción y de la impunidad. Ponemos en tela de juicio las acciones de un gobierno que trata de desmontar toda esa infraestructura de donde se nutrían esos fenómenos, haciendo menos o tratando de hacer menos las capacidades para desmontarla totalmente. ¿Hasta dónde estábamos permeados en los usos y costumbres de ver y vivir situaciones corruptas e impunes que hasta este momento muchos negamos o tratamos de impedir que esas estructuras sean desmontadas totalmente? ¿Qué tanto extrañamos este dilema de que el que no tranza no avanza? Hay decretos que van muy bien dirigidos a desmontar toda una red de complicidades, como es el caso de la generación de energías “limpias” que prácticamente no les costaba nada producirla y solamente disponían de los recursos del estado, a costa, claro está, de haber socavado la infraestructura que sostenía la generación de energía en el país. La energía en México es un recurso estratégico que obliga al estado defender y sostener para no vulnerar la soberanía de la nación. Seguramente los que ya tenían en la mano esos contratos para generar energías “limpias” deberán someterse a una nueva disposición de control, para nada en beneficio de la ya descubierta red de complicidades manufacturada en lo gobiernos anteriores. Hoy podemos ver y entender la constante descalificación por muchos medios que se prestaban, se prestan y se seguirán prestando, para golpear al Director General de la Comisión Federal de Electricidad al Sr. Manuel Bartlett Díaz, pues ya veían venir este golpe directo al núcleo de los conservadores capitalistas. Lo dijimos y lo seguiremos diciendo; desmantelar la estructura de poder que controló a México durante muchos años no será fácil lograrlo, pero si no cejamos en seguir tratando, lo lograremos. Así sea.

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