MCF2019MANUEL CARDENAS FONSECA

Leo un comunicado que se atribuye a Agustín Coppel Luken, “Enviado desde mi iPhone”, en el que éste anticipa que cualquier logro positivo que se tenga en la lucha contra la pandemia del coronavirus será logro de la “sociedad civil”; adicionalmente adjudica a la escuela Tecnológico de Monterrey el haber detonado “el disparador” para anticiparse a lo que fatalmente tendría que suceder en los siguientes días, los actuales y los otros por llegar y, de pasada, más bien, directamente, dice que no está contra el gobierno pero lo descalifica de cualquier liderazgo.

Quiero dejar en claro que dudo sea de su autoría pues conozco muy bien a Agustín, lo ayudé en tiempos pasados como persona y atendí peticiones de él en mi carácter de legislador. Le tengo estima, le respeto, pero eso, al igual que con otros amigos, no le da la patente de verdad a lo que dice y discrepo totalmente de su epistolar carta (en el caso de ser de su autoría).

Creo que Agustín actuó, de ser él quien escribió la carta que se publica en redes, más bajo el influjo de la emoción y de las neuronas afectadas por tantos mensajes en los distintos medios de comunicación conteniendo diversas expresiones contradictorias y sin tener a la mano las recomendaciones y estudios con base científica de los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Mi hija estudia en esa escuela de educación superior por decisión de ella y apoyada por sus padres (tanto en esa decisión como en otras) y cuando le consulté sobre la suspensión de clases teniendo como base que el gobierno federal anunciaba que habría conferencia de prensa para dar a conocer medidas al respecto me comunicó que aún no les decían nada, razón por la que hablé a las oficinas y me informaron que estaba evaluando cuando suspender.

Es evidente que todas las universidades importantes del país están en constante comunicación con las autoridades educativas y resulta que el Tecnológico salió el mismo día, en un comunicado interno (13 de marzo), que el secretarioMoctezuma anunciando el paro de clases presenciales (noticia divulgada en los medios el día 14 de marzo); la diferencia es que el Tecnológico dice que lo hará a partir del 17 de marzo y el anuncio oficial es que se suspenden a partir (inclusive) del 20 de marzo. Ahora entonces, el 17 de marzo fue martes y el 20 viernes (la respuesta es lógica): el gobierno, si de acuerdo a lo recomendado por la OMS estaba aún lejano de la culminación de la Fase I, podía sin ningún problema culminar la semana de clases y el Tecnológico, igual por protagonismo y montarse en los esquemas de adversidades en los que hay oportunidades, dijo “de aquí soy” y le gano a todos “partiendo la semana escolar” aun cuando no era, en ese momento ni en los días por correr, adelantar la medida.

La Fase I contiene las primeras medidas: “son orientadas a que la gente infectada, o que viajó a una zona de riesgo, esté apartada del resto de la población sana. Los primeros pacientes son aislados y comienza una investigación para identificar su actividad y las personas con las que pudieron estar en contacto” (OMS).

Es hasta el 24 de marzo cuando se pierde la trazabilidad de casos y se decreta la Fase II que consiste en incorporar medidas como el distanciamiento social, cierre de escuelas, actos masivos, trabajo a distancia, supresión de vuelos.

Como podemos observar, sería como festejar y que el consejo de accionistas felicitara a Agustín porque Tiendas Coppel se adelantara e hiciera hoy las compras de mercancía que pretende vender en diciembre de 2022. No, ni Coppel o sus asesores saben más que los expertos de la OMS y el gobierno mexicano sigue esa pausa, la de la OMS.

Tomen nota que la fase II pretende dar tiempo a las instituciones de salud para prepararse para la epidemia y una transición a la tercera etapa, iniciando con ello, también, las acciones con las que se pretende “achatar la curva” del coronavirus.

De paso, le comento a quien haya redactado esa carta que se adjudica a Agustín, que en la Fase III, después de haber pasado la Fase I (importadores) y la Fase II (inicio de contactos locales con no importadores), detectan y atienden los casos comprobados de la enfermedad mitigando sus efectos y, además, es una etapa en la que no necesariamente los pacientes son atendidos en la red hospitalaria salvo los casos graves, los no graves se atienden ambulatoriamente. Es aquí, en la Fase III, cuando la infraestructura hospitalaria puede hacer lo que debe hacer (un pulmón o un hígado no se extirpan  sólo porque se pueden agravar).

Vendrá la Fase IV, en la que se inicia el regreso a la normalidad sin que ello diga que no habrá casos de nuevos contagios, es decir, se acaba la emergencia decretada en la culminación de la Fase II.

Ahora bien, que al presidente de México no le está, como Jefe de Estado, ser burlón, sarcástico e inclusive pica pleitos, no, no lo debe de ser ni de hacer y allí estriba la confrontación de grupos vencidos en las urnas y que muchos de ellos son dueños de medios, empresarios importantes, conductores muy favorecidos entonces y actualmente.

El lenguaje corporal de López Obrador es muy fácil de leer; empresarios como Agustín tienen muy buenos asesores y muchísimo dinero para que se equivoquen y descalifiquen a los expertos de la OMS y de paso quieran sacar raja del problema en México para aventurar que no haya gobierno y las decisiones se tomen desde lo particular “en esto y en todos los demás”.

Grave y mal atendido el tema del sarampión, la obesidad infantil y las relaciones con la delincuencia organizada sea de estupefacientes (solo saludo y cumpleaños es mera coincidencia) o cualquier tipo de contrabando, entre otros males y, de eso, también sabe Agustín, por eso dudo que sea carta enviada por él.

¡Muchas gracias y sean felices!

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