ARTURO SANTAMARIA

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

Los resultados de las casas encuestadoras que evalúan a los gobernantes mexicanos varían mucho. Por ejemplo: El Financiero (el cual no manifiesta ninguna simpatía ni ideológica ni política por AMLO) generalmente encuentra las cifras más altas para el Presidente, y en cambio Mitofsky por lo general arroja las más bajas aunque también encuentra que siguen siendo altas.

Las encuestas que se hacen para evaluar a los gobernadores también contrastan. 

Arias Consultores, por ejemplo, situó a Claudia Sheinbaumel pasado mes de enero en el lugar número 20, mientras que Mitofsky la ubicó en la tercera posición.

Por más que las metodologías sean diferentes no puede haber tantas distancias. 

Unas están mal hechas o están “cuchareadas”. Hay gobernantes que suelen dar propinas a algunas de esas empresas, para decirlo de manera elegante, y eso altera los resultados hacia la alza y hacia la baja, así que no es fácil sacar conclusiones objetivas de esas mediciones. No obstante, las más reconocidas y constantes nos ayudan a hacer lecturas momentáneas, aunque también tendenciales, de los procesos políticos.

En las más recientes de Mitofsky, que dirige el culichi Roy Campos, observamos que el Gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, alcanza en enero los porcentajes de aprobación más altos desde el mes de agosto cuando empezaron a ser evaluados los gobernadores por esta empresa. Ordaz Coppel pasó de un registro de 62.9 por ciento en diciembre de 2019 a 64.8 por ciento en enero de 2020. Se conserva en el segundo lugar de los gobernadores mejor evaluados en el País, detrás del yucateco Mauricio Vila, del PAN, que ha sido el mejor calificado desde agosto del año pasado, pero quien ha empezado a descender paulatinamente. Vila en diciembre obtuvo 78.8 por ciento de aprobación y en enero 72.8 por ciento.

A Quirino le pasa algo semejante que a AMLO: la mayoría de los ciudadanos lo evalúa bien al margen de sus errores e insuficiencias. Por ejemplo: en el combate a la corrupción no hay grandes logros. Los acuerdos para no sancionar a fondo a los funcionarios de Malova y de éste mismo parecen más que evidentes. Incluso ya empieza tener costos políticos importantes. La salida de Ortega Carricarte, ex Secretario de Administración y Finanzas, así lo demuestra.

Habrá que ver si este suceso reciente afecta la evaluación favorable que hasta ahora ha tenido Quirino, pero por lo pronto podemos decir, como hipótesis, que la comunicación política, que incluye el estilo personal del Gobernador, al igual que con AMLO, le ha ayudado a conseguir buenas calificaciones.

Quirino no da conferencias mañaneras todos los días, pero sí recurre a la radio con mucha frecuencia y tiene una comunicación directa constante con la población, amén de tener un estilo tropical parecido al de AMLO- llano, salpicado de lenguaje coloquial y picoso, de apapachos, selfies, mandón y ejecutivo, es decir, de reflejos políticos rápidos-. Es decir, Quirino, al igual que López Obrador, encontró una estrategia eficaz de comunicación política, la cual tiene mucho que ver con su personalidad.

En un ámbito municipal, más local y reducido, y por lo tanto con mejores condiciones para ser observado con mayor precisión, vemos como el Alcalde de Mazatlán, “El Químico” Benítez, también tropical pero rupestre, tiene un estilo de comunicación totalmente fallido, en el que su conducta pública rompe con la mesura y la prudencia.

“El Químico” Benítez justificó haberse empinado públicamente una bebida alcohólica porque le parecía una “descortesía” negarle un brindis al cantante Julión Álvarez quien se lo solicitó en medio de un espectáculo el fin de semana pasado. El asunto parece menor ante temas más relevantes, pero no lo es. Un gobernante serio y experimentado, respetuoso de los ciudadanos y su envestidura, tiene que preservar las formas (Jesús Reyes Heroles decía que “la forma es fondo”, y tenía razón), máxime si tiene mayores aspiraciones políticas, y Luis Guillermo Benítez las tiene. El Alcalde mazatleco le respondió a una plataforma periodística cuando le preguntaron si “le latía su corazoncito” para ser candidato a Gobernador de Morena en 2021: “Yo soy un soldado del Presidente, y por supuesto si él me lo pide, sí, pero no está en mis objetivos fundamentales”.

La respuesta del Presidente Municipal de Mazatlán es muy reveladora, pero no porque acepte que si AMLO le pide que sea candidato lo aceptaría sino porque confirma que está trabajando intensamente, de la mano de Yeidckol Polensky, para que lo tomen en cuenta para el 2021, pero sobre todo porque confirma una clásica mentalidad política priista: “Yo soy un soldado del Presidente, y por supuesto si él me lo pide, sí…”.

Es muy cierto que “El Químico” es Alcalde porque el arrastre electoral de AMLO lo puso ahí, pero él constitucionalmente no le debe obediencia a López Obrador sino a la ciudadanía mazatleca. Él sólo puede ser soldado de la soberanía de los ciudadanos de Mazatlán.

Y, por si fuera poco, “El Químico” estaría aceptando, lo cual sería lamentable, que quien decide en Morena quienes son candidatos a Gobernador es Andrés Manuel López Obrador, y no el partido. Es decir, Benítez Torres comulga religiosamente con el credo priista de que todo lo decide el Presidente de la República.

Y luego porque andan diciendo las malas lenguas que Morena es una reedición del PRI.

(Sergio Rubio: ¿no le podrías recomendar un poco de cordura y prudencia al Alcalde? ¿O escucha más al Julión que a nadie?)

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