AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

ALFONSO ARAUJO

Hay un refrán chino que dice que “los melocotones no hablan, pero todo el mundo los aprecia”. Aquí la palabra ‘melocotón’ se refiere en realidad al carácter de una persona, y la frase quiere decir que, si alguien posee conocimiento y virtud, no necesita proclamarlo, ya que la gente por sí misma apreciará sus cualidades. A continuación, refiero el origen de esta interesante frase:

Li Guang (¿? -119 a.C.), fue un general que vivió durante la época de la Dinastía Han Occidental (206 a.C.- 9 EC), famoso por su defensa del imperio contra los invasores Xiongnu que constantemente atacaban las fronteras y los pueblos limítrofes desde su territorio en el norte. Los guerreros Xiongnu, guerreros consumados, le temían grandemente al general Li por su genio en el campo de batalla, y le llamaban El General que Vuela por su velocidad para aparecer como por arte de magia en donde ellos se disponían a atacar.

Entre otras cosas, el general Li era famoso por su habilidad para la arquería. Una noche en el campamento, vio entre los arbustos una sombra que parecía ser la de un tigre, de modo que tomó una flecha y disparó en esa dirección. Al amanecer, los soldados se pusieron a inspeccionar el terreno, pero no podían encontrar por ningún lado ni la flecha del general ni al esquivo “tigre”. De repente, uno de los soldados gritó con sorpresa, “¡Aquí está la flecha, enterrada en esta roca! El general debe haber pensado que era un tigre, y con la fuerza que la disparó, hizo que se incrustara en ella”. Todos se quedaron admirados ante esta hazaña, pero él se retiró sin decir nada ni expresar orgullo alguno.

El general Li Guang era muy parco al hablar, e incluso al momento de recibir condecoraciones y ascensos, se rehusaba siempre a tomar parte incluso las celebraciones protocolarias más necesarias. Cuando sus soldados llegaban a decirle, “General, el emperador ha enviado un heraldo con regalos...”, él de inmediato los atajaba y les decía, “tomen todo el cargamento de obsequios y repártanlo de inmediato entre la tropa”.

Al morir, llegó a su funeral gente de todos los alrededores, ya fuera que lo conocieran personalmente o que sólo hubieran escuchado de su reputación. Entre la multitud, se oyó a un hombre preguntar, “casi nadie aquí oyó siquiera hablar a este famoso general, ¿cómo es que hoy hay tantos aquí llorándolo?” Un hombre que estaba al lado suyo le contestó, “los melocotones y los ciruelos no hablan, pero todo el mundo los aprecia y dejan huella tras de sí”.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China

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