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APUNTE

JORGE GUILLERMO CANO


Culiacán
11de noviembre 2019Los gobiernos mexicanos de la historia reciente (con el riesgo de las delimitaciones necesarias: de manera acentuada después de Cárdenas y con la salvedad de la esperanza generada por el actual) han carecido, con algunas diferencias de matiz, de lo fundamental apreciado en una democracia: real compromiso con el interés general de la nación. 

El ejercicio político en México, tiempo ha, se alejó sin remedio a la vista de su sentido original; la “cosa pública”, cuya atención corresponsable y prioritaria es razón sine qua non del pacto social necesario, se prostituyó literalmente.

Así, los gobiernos han venido siendo el espacio del negocio privado, de la ventaja mal habida; del latrocinio feroz que se da por sentado en el estrambótico contexto de una sociedad (cuyo deterioro es producto de un proceso maquinado) dispuesta a transitar mansamente las rutas disímbolas de la anormalidad cotidiana.

En la promesa de una modernidad inacabada, trunca y carente de bases de sustentación (porque el atraso es parte del negocio) se diseñaron instrumentos y se crearon leyes y reglamentos al por mayor. 

ES HORA DE EVALUAR EN SERIO

En el plano electoral surgieron los ifes, trifes, consejos locales, de participación “ciudadana” y leyes bien vestidas. Pero la correspondencia entre el artefacto y el efecto, la derivación de la promesa, terminó en paradoja.

Políticos ocurrentes, pero sobre todo perversamente pragmáticos y utilitarios, conocedores de los alcances reales de una inexistente (por sus efectos evaluables) opinión pública crítica, presentaron como invento de patente propia leyes “de acceso” a la información y aparatos en consecuencia que, de manera natural y perfectamente entendible, sólo han servido para engordar burocracias.

Con esas leyes de festinado rumbo a la “transparencia”, los gobiernos han logrado “legalizar” su opacidad, su negativa a rendir cuentas y hacen gala de su desprecio a la función crítica, social y responsable, que la hay, de medios informativos, por pocos que sean, que luchan porque su quehacer sea digno y respetable.

Reiterarlo, aunque sea mínima la atención que se le ponga.

CORREGIR ES DE SABIOS

No es asunto de “buena o mala fe”, como se califica, con cada vez más frecuencia, la exigencia de revisar estrategias que a todos impactan, sino una cuestión de razones, de inteligencia y disposición a escuchar y sopesar autocríticamente la realidad que se vive. 

Prácticamente todas las voces críticas proponen ser más eficientes y eficaces en el combate al crimen. Para ello, la razón indica evaluar lo que se ha venido haciendo y corregir errores. 

La decisión colectiva al respecto, y su apoyo al gobierno emergente si de corregir se tratano están en entredicho. Pero la ciudadanía, seguros estamos que en su enorme mayoría, avala la demanda de que los gobiernos, de los “tres niveles”, no eludan sus responsabilidades.

Lo que se exige, con razón, es que el aparato de justicia, con la aplicación de la ley, dé resultadosy se corrija lo conducente. Tener la fuerza no garantiza “ganar”, si es ejercida sin la preparación requerida, como se ha visto muchas veces.   

Cuando se tiene el poder, la forma es fondo; no se trata simplemente de declaraciones desafortunadas y expresiones al vuelo, irreflexivas. 

Las palabras y las acciones de un gobernante acarrean consecuencias inevitables. 

En ese caso no deben tomar lugar la veleidad y el desplante simplón.

NO SON ALARMISMOS GRATUITOS

“Estos son tiempos de libertades”, dijo AMLO cuando el gabinete de seguridad trataba de explicar (sin éxito) lo acontecido en Culiacán y en referencia también a las ya famosas expresiones del general Carlos Gaytán Ochoa, el pasado martes 22 de octubre.

Estamos ante una situación (las duras críticas de los altos mandos militares) que lo debe poner a pensar seriamente (y a todos los mexicanos). Gaytán prácticamente descalificó al gobierno federal ante un auditorio (los mandos de la Sedena) que lo avaló.

No se trata de alarmismos gratuitos, pero es evidente que hay inquietud en las fuerzas armadas, descontento por lo que ha venido sucediendo (el caso de Culiacán, la limitación de su acción que atribuyen a una merma en su fuerza operativa, sería el argumento más reciente) y es necesario poner en su justa dimensión el asunto. 

Que “con los nuevos tiempos” eso no debe preocupar, como también dijo AMLO, porque “ahora manda el pueblo, los ciudadanos”, no pasa de ser retórica a fin de cuentas. 

Las definiciones son impostergables, pues la historia ha demostrado que cuando los “halcones”, en cualquier parte (aquí ya los anunció Gaytán) encuentran espacio propicio, nada bueno resulta para los pueblos. 

EN EL TINTERO

-Quirino, y ningún gobernante del nivel que sea, tienen de que presumir por el uso que, a veces, dan al erario. Los gobiernos no tienen dinero propio, es del pueblo, están ahí para administrar, y bien, pero generalmente lo hacen mal y de manera oscura. Muchos ni siquiera saben lo que significa ser “mandatario”.

-Esta columna aparece en “Vértice de Sinaloa” (verticedesinaloa.net); Línea Directa (https://www.lineadirectaportal.com); Didáktica (http://www.didaktica.com); Sitio Telles (http://www.jorgeluistelles.com); Síntesis de prensa, de Héctor Muñoz, y en “Voces del Periodista”, revista del club de periodistas de México (vocesdelperiodista.com.mx).

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