humberto choza

DESDE LA CONFRATERNIDAD

JOSÉ HUMBERTO CHOZA GAXIOLA

Quizá me encuentre con algunos de mis cuatro lectores que piensen que está mal redactado el título de éste escrito. No los culpo, ya que si hacemos un ejercicio de ingeniería comparada es probable que lo que estamos viviendo hoy realmente no concuerda con el optimismo que dicho título delata. La razón es que tenemos varios lustros en que estamos viviendo tiempos turbulentos.

Simplemente echemos un vistazo a vuelo de pájaro, para darnos cuenta y de inmediato ponernos nerviosos, por el torrente de interminables noticias que provocan miedo y nos hacen pensar en que es contrario lo que indica el título con la realidad futura que imaginamos.

Y lo que es peor, la evolución mental de nosotros los humanos, ha tergiversado nuestra capacidad de imaginar lo futuro para llenarla de temor, por tanto, bombardeo fatalista, real y no tanto, que ha provocado un impacto profundo en la percepción humana. Y, cabe preguntarnos ¿en que esta lo nefasto? En que profundamente se está perdiendo la capacidad para asimilar las buenas noticias.
Seguro que hay baches a diario en el actuar de la humanidad que están provocando muchas inseguridades en el camino humano. Como las crisis económicas, desastres naturales, ataques terroristas etc., que desvirtúan seriamente conceptos de abundancia, buenos tiempos, por ejemplo, estén muy lejos de ser logrados.

Sin embargo, la historia, no tan lejana es sus años ya gastados, nos muestra que el progreso continúa a lo largo de las épocas buenas y malas.       

El siglo XX, por ejemplo, fue testigo tanto de progresos increíbles como de tragedias inenarrables. La epidemia de gripe de 1918 mató a cincuenta millones de personas, la Segunda Guerra Mundial a otros sesenta millones. Hubo tsunamis, terremotos, incendios, inundaciones e incluso plagas de langosta. A pesar de tantas catástrofes, en este periodo impidió la mortandad materna del 99 por ciento y, en conjunto hubo un aumento de la esperanza de vida del cien por ciento. En las dos últimas décadas los países en general, han experimentado grandes avances económicos. Incluso hoy en día, los estadounidenses más pobres tienen acceso al teléfono, a la televisión y al inodoro, tres lujos que los más ricos no podían ni imaginar en el siglo XVIX.

De hecho, como quedará claro pronto, si se utiliza cualquier método de medición disponible la calidad de vida ha mejorado más que en cualquier otro momento anterior.

También, hay que decirlo, es muy probable que se tengan muchas interrupciones bruscas que nos partirán el corazón, y volvamos a pensar que “pronto se va a acabar el mundo”. Los niveles de vida en términos medios, continuarán mejorando con independencia de los horrores que dominan los titulares de forma constante.
Los países que mayor necesidad tienen de mejorar los niveles de vida son los países en vías de desarrollo. Lo cual plantea una buena pregunta: ¿Por qué debe preocupar lo anterior a los ciudadanos que viven en países desarrollados?
¿Siendo que existen muchos problemas en  los países del primer mundo? En donde se están disparando las tasas de desempleo y constantemente surgen problemas de cualquier tipo, surge otra pregunta entre los habitantes de esos países ricos ¿deberíamos perder el tiempo en trabajar por una era de abundancia global? La respuesta concisa es Sí, debido a que los días de aislamiento pertenecen al pasado. Ahí están las grandes migraciones de gente que busca una mejor situación de vida. Fenómeno mundial que exige atención especial.

También es necesario quedarnos con esta realidad en el mundo actual: lo que ocurre “allí” tiene un impacto “aquí”. O lo que es lo mismo: Las tragedias no respetan fronteras, ni muros de Berlín, ni los actuales muros de Trump.

Para concluir, creo que debemos reflexionar sobre la necesidad de que sí es posible construir situaciones para un futuro que nos una, en lugar de muros que nos separen.

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