OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

LA CUARTA TRANSFORMACIÓN



Sin duda que ya podemos hablar de los políticos de hoy y los de antaño. Sí, hay un antes y un después. Los procesos de transición de un sexenio a otro, dejaron de serlo como se esperaba siempre. Nuevos mandatarios que asumían el cargo, pero nunca la responsabilidad de hacer algo distinto por su pueblo. El continuismo nunca dejó de ser en substancia de lo que se presumía unos meses antes de haber juramentado servir a la patria. “La patria es primero” tiene ahora un significado distinto que apremia a entenderlo en toda su amplitud. Desde mucho tiempo atrás fueron primero los políticos y sus familiares, las empresas transnacionales, los socios y los familiares de los socios, los compadres y todos aquellos que de alguna manera estaban ligados a los intereses de los funcionarios públicos. Para algunos políticos de la nueva generación del Tsunami del primero de julio de 2018, la actividad que realizan ha quedado en suspenso por haber perdido el entusiasmo en la política, que estaban acostumbrados a hacer. Y aunque se persiste en que nada ha cambiado y que todo sigue igual, lo cierto y habremos de aceptarlo, es que nada es igual. Para la gran mayoría de los políticos que quieren continuar en este nuevo régimen, habrán de hacer las cosas muy diferentes, primero porque el electorado ya no les cree como antes. El electorado ya dio cuenta que si puede cambiar las cosas en México. El electorado se ha quitado la venda de sus ojos y ve con claridad todos los abusos que se han hecho o se hicieron en el régimen LEGIÓN. 

Existe una nueva escuela para la enseñanza del nuevo político, quien no la entienda o no la curse se verá impactado en los resultados que tenga en su ejercicio electoral. Hay premisas fundamentales que deben guiar a la formación del nuevo político, si se piensa que todo lo que se está haciendo es pura marrullería, creo que se equivoca. Sin duda hay marcas personales que pueden ser suficiente para catapultar al político a una candidatura independiente o a ser elegido por cualquier partido, mucho tendrá que ver que este nuevo político se asuma en las exigencias del electorado en esta nueva fase de construcción social. 

Los partidos han dejado de ser la marca que aglutinaban a todos aquellos que veían una causa común, pero eso se perdió hace muchos años. Los partidos se convirtieron en asociaciones delictivas que encubrían a sus malhechores, además de fomentar los actos ilícitos.    

Los políticos de antaño eran un poco más conservadores, no eran tan cínicos ni presuntuosos. Gustaban del respeto y defendían la investidura, aunque muy ligados a la escaramuza entre pares, defendían los colores de sus partidos. Eran más sobrios en el gasto de sus dineros, incluso se reservaban mucho en la compra de bienes inmuebles y en el gasto corriente. Los políticos de antaño se guardaban para después el gasto de sus emolumentos o los utilizaban para allanar el camino por donde pasarían en un futuro inmediato. Los políticos de antaño tenían cierta ideología que los colocaban más firmes en las pretensiones que deseaban alcanzar. Los políticos de antaño sabían mentir y reír de acuerdo a las circunstancias. El mote de Señor era un ejemplo de respeto a su tamaño.

Quizás volvamos a tenerlos pero en versiones mejoradas. Por el bien de todos, habremos de mejorar en la elección de los políticos que vendrán en el 2021. Así sea.

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