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JESÚS ROJAS RIVERA


Al periodista José Alfredo Beltrán lo conocí en el Congreso de Sinaloa haciendo lo que le apasiona, siguiendo puntualmente la nota en la máxima tribuna del estado. 

Sobresalía por el entendimiento de los términos legislativos, sabía de procesos, de leyes, de tipos de votación, oteaba cuando se rompería el quórum, entendía a la perfección la configuración de los poderes formales e informales de aquella legislatura de fin de ciclo del entonces Gobernador Jesús Aguilar Padilla.

Por mucho tiempo cubrió la fuente legislativa y de partidos, podría decir que conoció en esencia y en presencia a todos los actores políticos de Sinaloa. 

Después Noroeste lo llamó a cubrir algo relacionado con periodismo de investigación, profundizando en temas de corrupción, tráfico de influencias, desvío de recursos entre otras prácticas comunes en los gobiernos.

Esa curiosidad periodística hizo que José Alfredo fuera de los primeros reporteros en Sinaloa en utilizar la información pública para insertar temas en la agenda mediática. Puedo decir sin temor a equivocarme, que si alguien le dio valor a la información peticionada vía solicitud de transparencia fue él.

Aprendió a utilizar la herramienta y darle valor público en término de información. Pero en el camino se ganó enemigos de peso. Amenazas, desacreditaciones, infamias contra su persona y familia, fueron las consecuencias de ser el pionero en el uso del acceso a la información pública para documentar irregularidades y abusos gubernamentales. José Alfredo Beltrán hizo un cisma de ruptura, entre la información de “filtraciones” a la información de “solicitudes”. Y eso es un mérito que la sociedad sinaloense debe reconocer.

En la semana coincidí con él, en un foro ciudadano sobre “gobiernos abiertos” donde fui convocado por Norma Sánchez, una mujer congruente, idealista y participativa que tiene mucho trabajo también en la lucha por la transparencia y el combate a la corrupción. Viéndolos juntos, ahí en esos foros y espacios que construyen para seguir motivando ciudadanos, me llené de una gran alegría. Una alegría satisfactoria por saber que poco a poco las barreras se derrumban.

Norma Sánchez es ahora integrante del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción y José Alfredo Beltrán el nuevo comisionado del órgano garante que fue electo hace unos días para integrarse a la máxima dirección de la CEAIP. Los dos surgidos íntegramente de la sociedad civil organizada, luchadores sociales que para llegar a donde están dieron muchas batallas, no siempre victoriosas.

No es casual que lo inimaginable esté sucediendo en Sinaloa, a golpe de constancia, las organizaciones de la sociedad civil están ganando espacios en instituciones públicas y organismos de representación en temas muy importantes. 

El trabajo ha sido duro, ha tocado picar piedra desde abajo, pero los esfuerzos empiezan a verse.

Por eso le dije a José Alfredo que tenía una responsabilidad histórica ineludible acompañado de un gran aval de legitimidad pública. Las y los diputados de casi todas las expresiones políticas votaron por él, porque a todos conviene sacudir la simulación en las instituciones.

El nuevo comisionado tiene muy claro lo que exigimos los solicitantes, los usuarios de la información pública. Tiene muy presente en dónde están los trucos y las trampas donde la burocracia corrupta se escuda. No hay margen de error, ni tiempo que perder, desde el primer día debe marcar la diferencia, demostrar el auténtico motivo de su lucha. Confío plenamente en su calidad humana, en su congruencia y su valor para enfrentarse a lo que viene. Yo quiero sentir que con su nombramiento ganamos una voz en donde más se necesita y no que perdimos a un líder social en el seductor canto de las sirenas. No nos defraudes José Alfredo, lo lograste, lo logramos. Luego le seguimos...

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