alcaraz ernesto

COLUMNA VETREBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS


Evolucionar es cambio. Es 
crecer, es desarrollo y progreso. Para ello, hay que alimentar tanto la materia como el espíritu. Una tarea difícil de complementar, pero en la que urge perseverar. Nutrir la materiaorgánica nos obliga inyectarle dosis nutricionales que no todos podemos adquirir. Ese pendiente deficitario: La desigualdad y la pobreza. 

Es cierto que se han diseñado innumerables programas socialespara abatir el rezago social, pero igual han sido insuficientes y poco redituables en resultados. Arrastramos ya tres generaciones de crisise incertidumbre… y de confusión. Aún no hemos encontrado los caminos justos y correctos para nuestro desarrollo sostenido. Y si lo hubo, como algunos alegan, entonces lo perdimos. 

Es una deuda social que deberán saldar el Sector Público y el Sector Privado. Pero hoy enfrentamos un problema de hondas raíces y de profunda preocupación: La Corrupción y la Impunidad. Intolerables manifestaciones que llegaron al exceso.  

Todos se acusan entre sí,  y por igual, caen en los vicios que todos critican. Debatesacusaciones y confrontaciones que van desde lo ilegalmente permitido hasta lo moralmente repudiado. Se exige actuar con seriedad  y ser diferentes de quienes son criticados. Actuar con transparencia y ejercer un cargo público con honestidad no sólo es lo deseable, sino constitucionalmente obligatorio. Se quiere gente proba, y en este propósito cabemos todos y nos compete a todos

No es el punto enfrentar a quienes tienen mucho, contra los que carecen de todo. A todos nos gustaría tener riqueza económicamoral y espiritual. Pero que las fortunas materiales y riquezas económicas mal habidas no se escondan, que pasen por el escrutinio ciudadano y el castigo gubernamental. 

en lo particular, que la fortaleza interna y lo ético que empujan nuestros actos sean relevantes en lo que hacemos, referentespor cómo somos. Porque criticar la conducta ejercida por otra persona que resulta semejante a la nuestra, tarde que temprano se revierte. 

Proclamar voluntad, intención y compromiso de la “mano de valores” que no poseemos, es engaño y desprecio hacia los demás. 

De manera excluyente nos auto asignamos un derecho y ejercemos una férrea presión obligatoria sobre otros. No es cuestión de dichos y condenas, hablamos de valoreséticos en el desempeño de nuestras obligaciones. Son las dos cosas, porque la sociedad condena tanto tomar lo que es ajeno, como proceder con cinismo. 

Unos y otros estamos en el filo de la navaja social. Nuestros esfuerzos deben ser orientados a proteger el prestigio personal y de la familia, tener eco en la empatía social, y por ser de la esfera pública, compromiso constitucional e institucional a la vez. 

Hacerlo con seriedad técnica y aplomo político, porque si se quiere  hurgar en una irregularidad o denuncia, la anomalía y el monto se encuentran. Y por ser omisos y deshonestos, la confianza se pierdeel encono aflora… y el rencor estalla.

La honestidad, pues, nos obliga a ser íntegros. Que quien encabeza un ente  público sea castigado por las leyes, y en lo intrínseco, sea nuestra conciencia la que juzgue nuestra moralAunque ésta sea sometida frecuentemente por el valor material.  

No demos espacios ni momentos para que el odiose profundice en la sociedad. Si la corrupción alcanzó ya niveles insospechables e intolerables, deben ser sancionablespues sólo así se puede certificar la vigencia del Estado de Derecho, como freno la impunidad. 

Nada justifica la cotidiana y recurrente corrupcióncon acusaciones de “tintes electorales”, o “rescate de imagen con evasivas”. Porque ni el tiempo ni el entorno de acción deciden cuando una autoridad “rasguña” o saquea las arcas públicas. 

Ante hechos fehacientes de corrupción, ahora se dice que ya “el año de Hidalgo” está en desuso. Que la rapiña no espera hasta el final del sexenioy la impunidad habita cuando llega el infractor. Por eso, si las “pillerías” se dan en todo momento, la aplicación del Estado de Derecho debe ser de diario acontecer. Evolucionar para mejorar, hacer mejor las cosas, y ejercer a plenitud el sentido ético, sería el punto.

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