alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Lo que parecía de inicio una hilaridadse convirtió en gran malestar ciudadano. El Presidente López Obrador nos socializó en redes sociales y en medios tradicionales entre Buenos y Malos. Por eso su proclama de paz y civilidad no prende porque insiste en la confrontación ciudadanaQue es cotidiano en él. 

Al parecer la lid electoral no termina para él. Arenga a sus fieles seguidores contra los disidentes y críticos, que reunidos frente a un templete o ya más sofisticado, en un estadio, arremete contra los que considera “los malos”, catalogando a los presentes, como “los buenos. No nos emplaza a la Unidad que prometió. Al contrario: Nos divide y nos confronta. 

Su discurso belicoso e irreflexivo difícilmente dejará de ser su instrumento político para impulsarseen el ánimo social. Para él, ustedes y nosotros no somos una mezcla social que nos merezca desarrollarnos en una pacífica y sana convivencia. Engaña con alterar las emociones arropando su intención con su hueco discurso falso y repetitivo de reconciliación.Es de agresión e ironía en cada lugar del territorio nacional, y en sus conferencias mañaneras encuentra nuevos culpables del deterioro nacional. 

Nada nuevo en el discurso violento y gastado, pero sí arropado con el respaldo del aún 64 por ciento de la simpatía ciudadana que lo aprueba. No es incluyente ni mediador. Es autoritario y conflictivo. Su discurso es apropiado porque lo asume como político antisistémico que es, pero subsidiada toda su carrera política por el Sistema que critica y sataniza. 

Le fascina encontrar  enemigos simulados o irreales a quien sin rubor alguno cuestiona, critica y hasta denunciaRectificar no es lo suyo, y lo podría hacer, sólo cuando le convenga o se sienta muy pero muy arrinconadoNos cataloga como la película de Ismael Rodríguez que encarnó estupendamente Pedro Infante: Nosotros los Pobres (los olvidados del Sistema) y Ustedes los Ricos (los represores de la Mafia del Poder y los Fifís). 

No es motivo de crítica que como presidente quiera diferenciarse de su antecesor. Es natural por su visión de Nación que esgrime. Incluso, atrae muchosque así lo decida. Que quiera erradicar la corrupción, es encomiable y aceptado por la población en general. Lo criticable es polarizar y confrontar a la ciudadanía en aras de combatirla y hacer culpables de ella nomás porque no se es fiel seguidor. 

Pero pasan los días y sólo se le escuchandenuncias aquí y corruptelas allá, sin nombre ni apellido de los responsables ni tampoco su disposición por solicitar las averiguaciones correspondientes para castigar a los culpables. Una dicotomía de buenos y malos que sólo genera que la sociedad se confunda y se enemisteEnemigos imaginarios e irreales crea en todo momento al encasillarnos así.

Estamos totalmente de acuerdo que quiera desterrar las negociaciones corruptas y perversas que se cometen entre el poder público y el privado que sólo ofrecen privilegios y desproporcionadas utilidades, contra una mayor desigualdad y pobreza de millones de mexicanos. Pero el presidente López Obrador debe entender que ya es hora de alejarse de los templetes y enfocarse más a su obligación constitucional de gobernar. Tieneque sumar voluntades e imprimir a su gobierno una actitud proactiva y no represiva contra las instituciones,porque no les gusta o no les tiene confianza, y respetar la crítica que desde los medios tradicionales ejercen los comunicadores y analistas políticos y económicos.  

El discurso populista le ha funcionado muy bien. Pero hay aspectos de la vida social y pública que lo apremian para que rectifique y entienda la realidad dela dinámica que imprimen los actores económicos y sociales que buscan insertarse en los espacios de la vida pública bajo una nueva dinámica y ejercicio de control gubernamental que evite desvíos en el ejercicio de gobierno y despilfarro contra las arcas públicas de la federación.

No estamos en guerra para utilizar la máxima de “divide y vencerás”. Tampoco en una lid electoral cuestionada y combatida para provocar mayor tensión entre simpatizantes y disidentes. Él mismo lo ha dicho: “la elección ya terminó, hoy nos toca utilizar el tiempo para gobernarY a pesar que el pueblo lo legitimó, persiste en su enconado discurso divisionista. 

¿Que por la desigualdad y la pobreza tenga firme su idea de “Primero los Pobres? Está bien. Pero actúa en forma contraria a sus compromisos con ellosPreocupa porque como que no pasa nada. Ahí está como prueba la decisión de desentenderse de las Estancias Infantiles que lesiona a miles de madres trabajadoras y limita el avance formativo de los niños y niñas del País. Y si su intención es mantenerse en la cúspide de la aprobación ciudadana, debe ofrecer mejores resultados. 

Incluso ya se acusa al Gobierno Federal y miembros del gabinete de signos de corrupción y falta de transparenciaY severos indicadores que ya hablan de recesión económica. Y más, que su imagen de autoridad se pone en duda ante los desencuentros de sus miembros del gabinete y líderes políticos de MoReNa. Y creo que lo que al presidente le hace falta  es ponerse a trabajar todos los días en Palacio Nacional y dejar de placearse por todos los rincones del País. Y a propósito:¿Habrá ya indicadores sobre los gastos originados por los mítines del ya pre candidato para el 2021?  

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