AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

ALFONSO ARAUJO

Hoy (ayer) recibí en el Centro México-China de Hangzhou, a un grupo de 20 profesores extranjeros que dan clase en una primaria china. La primaria está frente a mi casa y todos ellos son mis vecinos, así que decidimos hacer una reunión con comida mexicana, cerveza china e historias de todos lados.

Chrystle es de ascendencia jamaiquina y da clase de pintura. Fátima es de Nueva York pero sus abuelos eran cubanos; da clase de artes plásticas. Suzie Marie nació en Tampico pero a los 6 años se fue a Estados Unidos, y ahora trabaja en la administración de la primaria. Pablo es español y da clases de física; Robert y su novia Robin son estadounidenses y dan clases de matemáticas y de música; Igor es serbio y es el profe de química. Perla es de la Ciudad de México y aunque antes trabajó como diseñadora gráfica, ahora da clases de educación tecnológica en esta escuela. Mike y Ruth son canadienses y dan clases de inglés; Clara es filipina-estadounidense, Jane es china pero ha vivido mucho tiempo en Japón. A mí me acaban de invitar para dar clases esporádicas acerca de cómo se combina el arte con la tecnología.

Muchos niños nacen hoy en un mundo mucho más globalizado que el que yo conocí creciendo en los 70s; ahora con familias mixtas y viviendo en ciudades cosmopolitas. Por primera vez en la historia, me parece, grandes cantidades de personas nacen y crecen como mi propia hija: con un padre mexicano y una madre china, y viviendo en una ciudad en donde conocen y se relacionan diariamente con gente de todos los colores y sabores, que hablan todos los idiomas y tienen todas las creencias. Así son las ciudades grandes de China, como Shanghai y Beijing, o Hangzhou, que es donde vivo. Se relacionan con ellos de forma natural y no escuchan chistes de unos o de otros. Mi niña, por ejemplo, conoce en una cena de Navidad a un saxofonista de Costa de Marfil de nombre Arri, y se queda encantada con él. Vamos a una pizzería y como me veo un poco árabe, una mesa de personas de Jordania y Yemen nos invita a comer con ellos, y ella maravillada. Ve caricaturas japonesas y rusas, y amigos japoneses y rusos le enseñan un par de palabras, que a ella le fascina repetir, como lenguajes secretos. Cada vez que se aprende el nombre de un país nuevo en el mapa, me pide que le cuente un cuento de ahí y me dice que quiere ir a verlo.

Ellos no crecerán en los ambientes racistas que nosotros crecimos, y no tendrán que desaprender esa idea odiosa. Ellos serán mejores que nosotros.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China

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