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JESÚS ROJAS RIVERA

La reducción del recurso público a los partidos políticos suena muy atractivo, pero el acto lleva implícito un perverso juego de contra sentidos. Para empezar, la propuesta viene de Andrés Manuel, un personaje que toda su vida ha vivido de tales fuentes de financiamiento, recibió y vivió del recurso público cuando militó en el PRI, cuando brincó al PRD también se mantuvo de ahí, cuando se asoció con el Partido del Trabajo y con el entonces Convergencia la historia fue la misma. Ya en tiempos modernos, la fundación de Morena no puede entenderse sin las millonarias prerrogativas que recibió.

El sistema político mexicano, con sus virtudes y defectos, le permitieron a un singular líder de izquierda llegar a la silla presidencial en una larga lucha que nunca se alejó del todo de la rienda institucional. Aquél Andrés Manuel mandaba al diablo a las instituciones en el discurso, pero en los hechos nunca dejaba de recibir puntualmente el financiamiento público para su movimiento. En sus más de 20 de años de férreo opositor, jamás se había pronunciado por la eliminación o reducción de las prerrogativas partidarias. Hoy desde el gobierno cambia cómodamente el discurso.

En 1977 la figura de los partidos políticos fue incorporada a la Constitución Política Mexicana, desde entonces el Estado mexicano los toma como “entidades de interés público”, lo que quiere decir que no tienen dueño, que no son del orden privado y deben ser vigilados como instituciones de alta importancia en nuestra vida democrática. Desde entonces, se dispuso para ellos derechos y prerrogativas que dieran condiciones de equidad en la competencia electoral.

La lucha para hacer de los partidos elementos imprescindibles de nuestra democracia, atiende a la historia de un partido hegemónico que se mantuvo muchos años en el poder mediante la concesión de espacios a los opositores. Si México no convulsionó en guerrillas o movimientos golpistas, fue precisamente porque poco a poco se fueron concediendo espacios a las oposiciones y paulatinamente el poder se fue cediendo. Cuando los partidos políticos de oposición luchaban por prerrogativas más justas para poder competir en condiciones de equidad en las elecciones, Andrés Manuel militaba en el PRI y lejos estaba de enarbolar banderas de pluralidad democrática.

Por esos mismos años se modificó la composición camaral, permitiendo a las minorías tener mayores facilidades para el acceso a la representación en la Cámara de Diputados. Esto permitió que en las elecciones de 1979 la composición del Congreso fuera distinta a las anteriores y se escucharon por primera vez, voces de oposición al partido hegemónico de diversos polos ideológicos. Para ello, el financiamiento público de los partidos fue fundamental.

El Presidente de la República sabe muy bien que los partidos políticos requieren recursos para fortalecerse, sabe también que el gobierno teniendo un partido de Estado prácticamente podría sobrevivir sin prerrogativas porque las arcas públicas para fines electorales son infinitas.

Y es justo aquí donde está el perverso truco discursivo del tabasqueño que estúpidamente el PRI, PRD y el PAN le aceptan y conceden. Reducir el recurso es reducirlos a ellos, y reducir la oposición es parte de la estrategia en todos los regímenes con pretensiones totalitarias y absolutistas.

Estoy de acuerdo en que los partidos no son hermanas de la caridad, ni blancas palomas para el uso del recurso público, pero una cosa es el mal uso que cada partido haga con lo que se le entrega, y otra muy distinta el proponer dejarlos sin la mitad del dinero para la competencia democrática.

El esquema mixto de financiamiento para los partidos políticos sería la solución a este conflicto de intereses. Por un lado los partidos deben recibir recursos para los fines que la Ley marca y ejercerlos en estricto apego a ellos, y por otro se debe dejar abierta la posibilidad de que particulares, identificados e identificables, aporten para la vida partidista de su preferencia en estricto apego al derecho. Para muchos este esquema de financiamiento mixto es la puerta para que dinero sucio u oscuro entre a la política, ilusos que siguen creyendo que los partidos y candidatos en la actualidad no le extienden la mano a quienes pagar una campaña distrital o municipal, les representa los mismo que pagar unas vacaciones en la Polinesia o una apuesta millonaria en una pelea de gallos. Luego le seguimos...

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