alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Vivimos tiempos de serias incertidumbres e intensa provocación social que nos lleva a la especulación sobre lo que es bueno o malo para el País. Y porque persiste el bajo nivel de comunicación oficial esa especulación pasa a la diatriba y a la terca desinformación que inunda lo mismo el espacio digital que el periodismo escrito y las ya no tan “benditas redes sociales”. Que nos hayamos tenido que acostumbrar a ellas es una actitud pusilánime que en nada beneficia a la población.

Si nos quieren llevar al miedo y al rencor, y dividirnos, lo están logrando. Todo porque no QUEREMOS PONERNOS DE ACUERDO. Que no podemos, es una falacia: NO QUEREMOS HACERLO, porque es más socorrida la especulación y el encono que el razonamiento de los acontecimientos. Y porque así ha sido dictada la consigna desde Palacio Nacional.

No sé por qué el presidente López Obrador no entiende que la campaña ya terminó y que lo que ahora sigue, es gobernar. Y si lo dice, engaña, porque no se avanza, se retrocede. Es obsequioso con los lamentables accidentes que enlutan a la población y austero en lo que realmente le beneficia al País. Y menos comprendo por qué persiste la intención de polarizar toda cuestión pública. Con la fuerza que tiene el nuevo gobierno, no hay necesidad de enunciar sus programas y enjuiciar a priori, a los que opinen o piensen diferente.  

Hace unos días La Encuesta Mundial de Valores realizada en México este 2018 nos ilustró en qué proporción los mexicanos manifiestan una postura radical y moderada, y quiénes se identifican a sí mismos como conservadores.

Se deseaba saber de sus actitudes personales respecto a la dinámica social: 

1) “El modo entero en que nuestra sociedad está organizada debe cambiarse radicalmente a través de acción revolucionaria”;

2) “Nuestra sociedad debe mejorarse poco a poco a través de reformas”; y

3) “Nuestra actual sociedad debe ser defendida con firmeza contra todas las fuerzas subversivas”.

Se acentúo el interés sobre estos comportamientos ciudadanos desde que el Presidente López Obrador utiliza los sabidos calificativos con motivo del accidente aéreo en el que perdieron la vida la gobernadora Érika Alonso y el senador Rafael Moreno Valle y tres personas más. El sondeo era para determinar en qué magnitud la ciudadanía se manifestaba conservadora, radicales o neofascista y de la mafia del poder.

Recuerde los resultados que no le gustaron ni tantito: El 24 por ciento dice observar una actitud radical; una actitud conservadora, 25%. Pero lo trascendente es que el 49 por ciento se manifiesta moderada. Así, hay tantos conservadores como radicales, pero a la mayoría no le hacen mella los calificativos señalados.   

Entonces ¿a quién fue dirigida la adjetivada zarandeada?  ¿A ese 24 por ciento que ya se sabe son fieles e iracundos seguidores plenamente identificados? No. Más bien a los que no están con López Obrador, que entre conservadores y moderados suma 73 por ciento. Es decir, la brújula política de MoReNa está bien focalizada y ajustada hacia quién van dirigidos sus festejadas descalificaciones: ¡Sí, a los que no piensan como él!

Esos y ningún otro impulso descalificador debemos aceptarlos como sociedad, que por la frecuencia en que se manifiestas, ponen en riesgo la convivencia social y la gobernabilidad, en lugar de promover la civilidad, la paz y la armonía. Queremos manifestarnos libremente sin atajos ni censuras. Con las mismas oportunidades de expresarnos y con el mismo énfasis de justicia hasta alcanzar una Auténtica Democracia.  

Como sociedad, debemos rechazar estos impulsos frecuentes  que profundizan en nuestras diferencias. Lo que en realidad queremos los ciudadanos es un país mejor y en paz, donde todos podamos expresarnos libremente y haya justicia. Y evitar a toda costa ser  rehenes de la manipulación, venga de donde proceda.

Es injustificable engancharnos en la desigualdad y la pobreza para la insistir en la provocación. El Gobierno de López Obrador tiene muy bien ubicados estos fenómenos sociales, pero falta darle orientación y un despliegue operativo dentro del marco de la ley. Al igual que la corrupción y la impunidad, apoyándose en las instituciones y sin alejarse del debido proceso. Para que la ley impere para todos, es menester se ejemplifique desde el gobierno y sus funcionarios. De lo contrario y no deseable, ya vivimos bastante.

Es cierto que el camino no ha estado exento de trabas y obstáculos, que a la par se crearon intereses tan fuertes que aumentaron la desigualdad y redujeron las oportunidades para la mayoría, pero la democracia ha sido la ruta más estable para nuestra República. No se trata de clasificar un pueblo bueno, contra otro malo, ni tampoco encasillarnos entre conservadores y radicales. Se trata que el gobierno asuma su compromiso de conciliar intereses y buscar las mejores alternativas de participación para el desarrollo nacional.

Es innegable que deben desterrarse los abusos desde el Poder Público y de sus funcionarios, pues fue lo que motivó que millones de mexicanos busque un cambio urgente que mejore las condiciones de vida de las familias. Sin restringir libertades, convocando a la Unidad Nacional y al respeto de las ideas. Ninguna nación logra progresar dividida. Por eso es urgente  En resumen, que sea nuestro deber proteger nuestra democracia, defenderla e impulsarla. Y lo mejor: Proteger a la ciudadanía. Tres hechos recientes en Estados Unidos nos repiten que el odio y la criminalidad conviven sin obstáculos.  

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