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APUNTE

JORGE GUILLERMO CANO

Culiacán del caos vial, los retenes, baches y topes, Sinaloa, 08 de julio 2019. La corrupción en México tiene muchos años ocupando la atención de todas partes y sin solución de continuidad.

Incluso se ha convertido en argumento de negociaciones leoninas, como todas las del capital, en lo que toca al llevado y traído TLCAN, ahora rebautizado T-MEC (tratado que conserva las ventajas para los dueños del dinero, de allá y de acá).

En estricto nada nuevo, pues la corrupción es factor obligado e indiscutible de prácticamente todo lo que se hace y se mueve en México, nos guste o no, lo mismo en la dependencia pública que en la empresa privada, en la corporación policiaca que en la calle. Bien lo sabemos.

Pero, según algunas voces que apuestan a la imagen posible, el problema se ha magnificado y a la corrupción se le endilga la culpa de todo o casi todo. Con el recurso del discurso, se quiere minimizar, relativizar, al menos, una realidad que ahoga a este país y de la que es partícipe la nación entera.

Problema cultural de enorme impacto, la corrupción se ha internalizado en la mentalidad mexicana y está en todas partes. Combatirla es obligado, aunque erradicarla puede llevar mucho tiempo, y no será con el simple discurso, como hasta ahora viene pasando.

 

LOS JINETES APOCALÍPTICOS

Lo hemos dicho y reiterado en este mar de la inconsecuencia y la simulación en que navega este país que ves: la corrupción y la impunidad, de la mano, representan quizás el mayor de los problemas que nos impide crecer y nos rebaja a los ojos de la comunidad internacional.

Durante muchos años hemos creído que se había tocado fondo, pero nuestra capacidad de asombro es rebasada todos los días. El fondo permanece intocado y se robustece a sus anchas con la complicidad o apatía de la generalidad.

Impunidad y corrupción, los nuevos jinetes apocalípticos (con esos dos tenemos) encuentran referentes inconcusos en prácticamente todos los ámbitos de nuestra realidad nacional, pero, sin duda, es en los espacios del poder público y privado donde la mayor responsabilidad se ubica. Cuestión de lógica y sentido común.

La ciudadanía, en su mayor parte, rehúye sistemáticamente su cuota de responsabilidad, que la tiene, mientras enfrente estén los gobiernos de “los tres niveles” (denominación de banda y no de música) primeros responsables de lo que sucede.

El tema es tan recurrente como el problema que aborda, que parece insuperable. Las evidencias están a la vista y desdicen a las declaraciones simplemente voluntaristas.

Como sea, la esperanza muere al último y todavía la hay. Veremos.

 

LA CONFUSIÓN, COMO ARGUMENTO

En el camino de las justificaciones todo se vale, por la sencilla razón de que incluso los disparates pueden servir mañana para el que ahora se “adhiere”. Unas por otras, llanamente.

El pacto social, en el supuesto de que algo quede, se diluye sin remedio; los actores no actúan y las comparsas inesperadas (ni siquiera programadas en las declaraciones de fe) ocupan el escenario y dictan el guion de la obra.

La solidaridad, la de a de veras, no la de la foto y la declaración que alimenta al periodismo de ociosos, llega, si acaso, no más allá de la puerta de la propia casa; el sentido de unidad no sabe de generaciones ni de distancias, así sean ínfimas.

Las muertes de enseguida son asunto de cada cual y el río que corra. Así se mueve el mundo que se rige por el “libre mercado” y la lógica de la ganancia, a ultranza. Se busca la explicación, cuando menos, porque el remedio ni siquiera se imagina, pero la realidad es que estamos rodeados.

 

UNA DE LOS OTROS GENDARMES

Se quejan senadores de todas las fuerzas políticas, incluso de Morena, de acoso y maltrato por parte de funcionarios del gobierno federal. Los tratan de obligar a que aprueben todo lo que está a tono con las órdenes del jefe.

Lo mismo sucede en la cámara de diputados y en los congresos locales controlados por Morena. Es un hecho y ni caso hay en negarlo. Esa conducta, si atención se pone, y por salud democrática, debe ser desautorizada expresamente por la presidencia de la República.

En tanto, la devaluación del régimen emergente, que se está dando, así se reconozca o no, pone en serio riesgo su continuidad como fuerza hegemónica. En Sinaloa, el escenario es cada vez más incierto.

 

EN EL TINTERO

-El apunte, también en “Vértice de Sinaloa” (verticedesinaloa.net); Línea Directa (https://www.lineadirectaportal.com); Didáktica (http://www.didaktica.com); Sitio Telles (http://www.jorgeluistelles.com) y en “Voces del Periodista”, revista del club de periodistas de México (vocesdelperiodista.com.mx). (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.).

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