ARTURO SANTAMARIA

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

El País crece poco y podría entrar en una recesión a finales de año. La burocracia federal se mueve lenta y erráticamente. La distribución del dinero público a las entidades se retrasa mucho o no llega. La inversión federal en obra pública aún no se mueve al ritmo necesario, es muy poca o es incierta, tal y como sucede con el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, o en nuestro estado con la Presa Santa María y el dragado en Mazatlán para un nuevo puerto. No se sabe qué va a suceder con la cosecha de maíz en Sinaloa.


Los aranceles trumpianos aun penden sobre nuestra cabeza. En poco menos de mes y medio podría hacer caer la guillotina si no se cumplen sus imposiciones. La ola migratoria amenaza con crecer. Con la amenaza de los aranceles no disminuyó sino aumentó la emigración centroamericana y su paso por México.


Empiezan a aparecer serias grietas en la clase política morenista tanto en los poderes federales como en los estatales y municipales. Muñoz Ledo discrepa abiertamente con Marcelo Ebrard, y por lo tanto, con las decisiones de López Obrador en el manejo de la crisis migratoria. Renuncian funcionarios de segundo nivel en la burocracia federal, como Jorge Alcocer, y muchos reciben abundantes críticas por su inexperiencia o incapacidad. Pérez de Acha señala, muy atinadamente, que no está claro el rumbo del nuevo gobierno en la lucha contra la corrupción, a pesar del caso abierto contra Lozoya Austin.


En Veracruz, Sonora, Sinaloa, Quintana Roo, Baja California Sur, entre otras entidades, los nuevos funcionarios, ya sea gobernadores o alcaldes exhiben una incapacidad paralizante.

A pesar de estos enormes déficits morenistas la oposición política panista, priista y perredista carece de talento y estrategia, pero sobre todo de credibilidad. No saben qué hacer, andan perdidos. Ellos son, en gran medida, los responsables de la pésima e inmoral conducción política y económica de México de las tres últimas tres décadas. Y lo grave es que AMLO y los morenistas no le encuentran la cuadratura a ese oscuro túnel.

Parte de esta coyuntura crítica, la cual puede extenderse mucho tiempo, es que el PRI podría pasar de ser un partido hegemónico a uno satélite. ¡Qué paradojas de la historia! ¿Quién podría haber apostado a que el tricolor se viera reducido a ser una agrupación política que dependa de Palacio Nacional?


Hace tres años, Juan S. Millán, a quien un amigo con sorna bautizó como el “oráculo” sinaloense del PRI, decía que el tricolor podría desaparecer después de que perdiera las elecciones en 2018. Bueno, pues ahora, dentro del proceso para elegir a un nuevo presidente de la creación política de Plutarco Elías Calles, José Narro, uno de los contendientes a ese cargo, dice en un manifiesto publicado en varios diarios del País que “el PRI enfrenta el riesgo de convertirse en un satélite del partido del gobierno, en un partido testimonial o marginal”. Y añade: “Existe el temor fundado de que, si no se hacen los cambios que se requieren, incluso puede desaparecer”.


¿Se equivocan o exageran Millán y Narro en la dimensión de la crisis que experimenta su partido? No, en realidad atinan en su diagnóstico, aunque, en el caso particular de Sinaloa, no son pocos los analistas que ven la continuidad del tricolor en el Tercer Piso para el próximo sexenio gracias al pobrísimo desempeño de los presidentes municipales morenos en las principales alcaldías del estado. Esto último es muy cierto, pero es temprano para saber qué pasará en 2021. En realidad, la elección de ese año dependerá más de que lo haga AMLO en los meses que vienen y del grado de aceptación que tenga entre el electorado sinaloense.


Por lo pronto, es un hecho que el próximo presidente del PRI será Alejandro Moreno Cárdenas, a quien se le adjudica una estrecha relación con el hijo predilecto de Tabasco. Esta cercanía es precisamente la que explicaría, según abundantes columnistas, que se vislumbre una subordinación del PRI a Palacio Nacional. Y a eso se refiere Narro cuando habla de que el otrora partido arrollador se convierta en un partido satélite.

Si tal hecho sucediera, Narro afirma que la situación del País sería aún más complicada porque, dice el ex Rector de la UNAM, “¡México no va bien!” con Morena, y va “a la quiebra moral”, lo cual sería devastador, dice él.


En efecto, tal y como lo señalamos párrafos arriba, México no está bien. No está claro el rumbo que marca López Obrador, aunque las mayorías ciudadanas están esperanzadas y lo siguen respaldando. Pero, de ahí a que el PRI, con Narro o sin Narro en su dirigencia, sea la respuesta moral y política de los intereses nacionales no es algo que esté muy lejos, sino algo imposible. El problema, el grave problema, es que el PAN tampoco lo demostró, y Morena, a seis meses de llegar al poder, tampoco lo está haciendo. 
¿Nadie puede con México?

 

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