OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Aunque pueda pensarse lo contrario, el diálogo es la esencia de la comunicación.

En la comunicación como proceso tenemos la codificación del mensaje (emisor), el medio (canal de trasmisión), el mensaje,  la decodificación del mensaje (receptor) y la realimentación. En todo este proceso se vislumbran elementos que deben ser considerados como extremadamente importantes, el mensaje es uno de ellos, así con el medio utilizado para el intercambio de dicho mensaje y desde luego las capacidades del emisor-receptor para un entendimiento claro y preciso.

Ante la insistencia de los periodistas antes de haber tenido luz acerca de los resultados de las pláticas de los aranceles, Andrés Manuel era objeto de una insistencia sobre la forma de responderle a Trump por lo twitts que éste escribía por su cuenta de Twitter. Andrés Manuel no se limitaba en responder que el diálogo era la única opción para subsanar este diferendo que ponía a ambos países en una situación delicada, pero México, por su vulnerabilidad, no se podía dar el lujo de echar por la borda la diplomacia y poder, mediante ésta opción, que los aranceles no fuesen aplicados a México. Pareciera fácil implementar el diálogo ante este personaje de marras que no conoce otra cosa que los amagos a los que él considera tienen menos poder que el país que él representa. El estado psicológico de Trump no da para más y basado en esa limitación todo indica que el amenazar no tiene para este personaje una claridad de lo que implica hacerlo con sus homólogos. El país del norte no se encuentra a plenitud de una competencia digna y para lograr su dominación es que se ensaña con los más débiles. EEUU se ha quedado rezagado, tecnológicamente hablando, pues China, al parecer, todo así lo indica, le ha ganado la guerra tecnológica con la llamada tecnología 5G, el internet de las cosas. La disyuntiva del país del norte es prácticamente entablar una guerra comercial con sus homólogos que bien puede culminar con una guerra armada, eso sería muy conveniente para los EEUU, pues su economía está basada, precisamente en las armas. Trump está utilizando a México para ganar puntos en su reelección para los siguientes 4 años de gobierno el cual empezará su campaña dentro de unos días del mes de junio. La utilización de un discurso duro en contra de México le ha redituado a este personaje puntos adicionales que pueden ser éstos los que hagan la diferencia para coronarse nuevamente como presidente de los EEUU. Aquí el problema es que México y los mexicanos no podemos ni deseamos ser los arlequines de una situación inconveniente para todos nosotros. Los tiempos están dados para que nuestra política empiece a separarse de los vínculos manipuladores que utiliza Trump para mantenernos ocupados con cada amenaza que nos propina. Poner los huevos en diferentes canastas nos ayudaría a desvincularnos un poco o un mucho de las inconveniencias de pertenecer al mismo vecindario con los EEUU. Nuestras fronteras tienen un largo de más de 3000 kilómetros, lo que nos impone una relación extremadamente vinculada con ellos. Nuestras historias están entrelazadas y ello puede hacernos sentir que no debemos alterar esa relación histórica, pero si usted lector hurga en los anales de la historia, se dará cuenta que siempre o casi siempre nosotros, los mexicanos, hemos sido los afectados por cada situación que ocurra en el país vecino del norte. Todo ello nos ha sometido a continuar con una relación casi enfermiza por seguir considerando a dicho país como unos de los más poderosos del planeta. De nada nos ha servido tenerlos como vecinos y sí mucho nos ha afectado haber nacido gemelos siameses. Los males no siempre son para la eternidad y dar cuenta cabal de la situación que estamos viviendo en la actualidad nos abre los ojos para empezar un retiro lento pero consistente. Desde luego habrá quienes digan que esto nunca debe suceder, pero la historia nos muestra que nuestro pueblo ha sido capaz de grandes cambios a través de los tiempos. El mundo ya cambió y los estados hegemónicos permanecen hasta que la solidez de un país que desea cambiar, tome la iniciativa para llevarlo a cabo.

Ante todas las prerrogativas dadas y las que aún no se dan, el diálogo será siempre la solución para resolver un conflicto entre dos naciones, no se diga entre dos presidentes. Por el bien de todos, diálogo y más diálogo. Así sea. 

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