EUSTOLIA DURAN

EUSTOLIA DURÁN PIZAÑA

 

Cultivo una rosa

blanca  en junio

como en enero  para

el amigo sincero que

me da su mano

franca.

 

José Martí

Referirse a los amigos es sin duda un asunto nodal, porque tiene que ver con la convicción de que al correr de los años hemos ido atesorando afectos y aunque el calendario formal elige un día para celebrar esos lazos a través del concepto de amistad, este maravilloso valor no tiene día fijo para su celebración, o no debiera tenerlo, pues aceptar que es así, sería reconocer que la mercadotecnia nos ha ganado y nos alistamos para vivir la euforia de celebrar la amistad en un día, como si aludiéramos a una cosa. La relevancia del valor que tomamos como punto en este texto, es tan importante que es difícil aceptar que esta relación afectiva que se construye en el día a día, puede convertirse en un festejo como cualquier otra fecha. La construcción de este valor nos hace tener presente, que no todos los individuos que nos rodean son amigos, que tenemos a nuestro alrededor muchísimas personas; pero no nos unen con ellas experiencias y filias que van hablando por sí mismas de profundidad de la relación y acompañamiento que les son consustanciales en el correr de la vida. No, es inaceptable esa visión reduccionista. La amistad, un valor al que nos brindamos con pocas o muchas personas; no es una práctica fácil a la cual todos estemos dispuestos, pues transitar en esa práctica virtuosa tiene implicaciones que cobran fuerza en las diferentes circunstancias que como amigos se viven, y por ello es un valor al que hay que darle su espacio.

Si hoy mismo me preguntaran respecto a que valor le asigno un significado importante para luchar por el bien común de los individuos, para la formación como seres humanos, no dudaría ni por un momento en afirmar que con todo y saber la importancia del conjunto de valores universales que se requieren para mantener los mínimos deseables en una sociedad; la amistad constituye un soporte invaluable desde mi particular punto de vista, pues en ello va el compromiso implícito del ser humano con sus afanes. En ello va la disposición a escuchar y ser escuchado sin que medie en ello una condición. En ello va el compromiso de  aceptar la discrepancia, de asumir lealtades que nadie está exigiendo, pero que la complejidad de este valor requiere para converger en una relación como el que la amistad encierra.

Encarnar el valor de la amistad, sin duda sugiere salvaguardar un principio de no condición, en el sentido de aceptar la mirada que sobre el mundo tenga el amigo aunque la mía, camine en sentido contrario y que en un marco de respeto me da posibilidades de aceptarla, en tanto que el respeto abriga esa relación afectiva. La amistad exige, si, exige una construcción fuerte y duradera, que se asemeja a un edificio al que hay que integrar un conjunto de materiales para asegurar que se finca en base firme y escapa a cualquier derrumbe temporal.  Igualmente para que la amistad se configure como tal, necesitamos que esos ingredientes que subyacen en valores como el respeto y el reconocimiento del otro, se precien de estar presentes en esa relación de amigos; la solidaridad para hermanarse si así se requiere, la lealtad como signo de dignidad humana, pero sobre todo la presencia del amor al otro.

Desencadenar una relación de amistad tiene entonces como centro el amor al otro,  la afectividad,  por ello las dosis del amor al amigo siempre se evidencian de muchas maneras. Lo valioso de disponerse a ser amigo e involucrarse con el otro, deriva no sólo en gozar de esta hermosa relación, sino de hacer todo lo necesario para conservarla y edificarla permanentemente. Por eso formarse en hacer amigos desde niños es casi obligado, ya que en ello va la formación de otro conjunto de valores que nos van haciendo más humanos y que nos posibilitan vivir con los mínimos deseables como sociedad, en ello nos va la vida como padres, como maestros, como ciudadanos del mundo, formar niños que puedan consolidar lazos de amistad porque ello redundará en consecuencias gratificantes que pueden permitirle atesorar el afecto de los amigos.

 

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