ARTURO SANTAMARIA

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

En medio de una tremenda incertidumbre creada por Donald Trump, habrá que prepararse de inmediato a tomar decisiones de emergencia y firmes.

Esperamos no amanecer el fin de semana con una devaluación drástica que golpeé severamente la economía mexicana y con ello brote la inestabilidad social y política.

En lo inmediato es casi imposible reorientar las exportaciones mexicanas a otros mercados, pero sí debemos empezar, como nunca, a buscar otras geografías y estrategias para vender los productos del País. Al margen de que Trump aplique este lunes el arancel del 5 por ciento o no, nunca quedará más claro que no hemos hecho lo suficiente para diversificar nuestras sociedades comerciales.

Habrá que intentarlo porque el gobierno de Trump podría prolongarse un cuatrienio más y seguiremos siendo su juguete para hacer política interna y conservar excitada y fiel su fanática base electoral. Ante eso, lo prudente es aplicarse para buscar más y mejores socios. La tarea es colosal pero necesaria.

En lo inmediato hay una válvula que puede ayudar mucho: el turismo internacional, tal y como lo han dicho varios expertos nacionales.

El problema para esto, o al menos uno de ellos, es que AMLO retiró el fondo para la promoción y lo limitó a que lo hicieran las embajadas y consulados. Esperemos que sus consejeros lo convenzan de que debe devolverse dinero a la promoción internacional. Se ha dicho que AMLO no escucha o escucha poco, o que sus allegados temen contradecirlo. Si es así, pues habría que hacer presión externa a través de organismos privados, civiles y los medios de comunicación para que escuche y cambie de política turística a corto plazo.

En estos primeros meses México ya cayó un lugar en el tablero de los 10 primeros países receptores de turismo internacional. Es necesario, por lo pronto, recuperar por lo menos un escalón, el cual significa varios miles de millones de dólares.

Sin embargo, debemos ir más allá. El turismo de altos ingresos de Europa, Asia, Canadá y Estados Unidos llega poco a México. Esos nichos todavía están lejos de nosotros, pero debemos de seducirlos. Hay riquezas culturales y naturales para atraerlos, pero no suficiente calidad en el servicio y, sobre todo, que nuestro imaginario en el mundo se fortalezca. Predomina la idea de un país violento y corrupto. En esto segundo, la política López Obrador contra la corrupción está ayudando, pero en lo primero, no. 

Este es un enorme problema pero es imprescindible superarlo, o al menos paliarlo sustancialmente, porque si no lo hacemos ni el turismo ni la imagen política y social de México podrá salir adelante.

Por lo pronto, habrá que buscar aliados en todas partes para, a corto plazo, impulsar un mejor y mayor turismo. Los circuitos y mercados turísticos los dominan grupos monopólicos y esto dificulta impulsar nuevas estrategias, pero hay nichos muy valiosos en grupos ambientalistas, artísticos, científicos, académicos, y de pequeñas y medianas empresas en todo el mundo que podrían ser receptivos a las invitaciones de México.

Un pequeño ejemplo lo tuvimos esta semana en Mazatlán con la visita de una veintena de expertos en turismo cultural y gastronómico tanto de Europa como de Sudamérica convocados por Unesco-México para ayudarnos a definir nuestro expediente para ser reconocida como una Ciudad Creativa en Gastronomía. En este pequeño ejemplo no me refiero al número, sino a la calidad y a su procedencia geográfica.

Salvo Cancún y la Ciudad de México los turistas que provienen de esos confines no son muy visibles en otras regiones, y menos en Mazatlán u otros lugares de Sinaloa. En el pasado, el turismo europeo era relativamente significativo en El Fuerte, pero con la guerra del narco y la epidemia del H1N1 disminuyó drásticamente y se ha recuperado poco.

Bueno, pues nuestros visitantes de España, Inglaterra, Malta, Chile y Colombia y de la Ciudad de México, a menos que me engañe, quedaron gratamente satisfechos y contentos con lo que vieron el puerto. Lo que más les impactó, y no esperaban, es el Centro Histórico de Mazatlán, pero no exclusivamente por su arquitectura sino sobre todo por la alta calidad de sus artes, a pesar de que pudieron gozarlas unos cuantos minutos.

Pero con un recorrido en la Escuela de Artes dirigido por la maestra Zoyla Fernández, el afortunado encuentro con el maestro Enrique Patrón de Rueda y lo profesores de pintura, fue suficiente para que sus rostros demostraran el placer que despiertan el ballet, la ópera y la pintura; y también, sin duda, las pequeñas dosis que probaron de la cultura popular del carnaval patasalada.

Esto que escribo lo vi y me lo dijeron nuestros visitantes. Si impresión la resumo en las palabras de la doctora Gloria López Morales, la enorme mujer que convenció a la Unesco de que la gastronomía debería ser considerada como una de las creaciones culturales a la altura de la música, la literatura, la arquitectura, entre otras; además, esta mujer sabia y encantadora logró que la gastronomía de México fuera la primera en ser considera en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, bueno pues esta gran dama nos dijo a Jaime Félix Pico y a mí en el lobby del Hotel Freeman: “me conmoví hasta las lágrimas con la pequeña muestra de ópera que nos regalaron en la escuela del teatro Ángela Peralta. Esto valió toda mi visita a la ciudad. Nunca me imaginé que hubiera esto en Mazatlán. Los felicito”.

Bueno, con esto quiero decir, que empezando en nuestras ciudades, hay riquezas desconocidas para millones de mexicanos y extranjeros, que no hemos sabido promover inteligentemente.

Ojalá este momento de grandes dificultades nos impulsen a pensar y actuar mejor.

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