alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL 

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Hoy son los tiempos de los grandes avances en la comunicación que nos permite saber –no siempre conocer – de los acontecimientos en cualquier parte del mundo. La pregunta del presente artículo la escribo en minúscula porque así es su valor cuando se mezclan intereses y se desvirtúa la información. Y peor, cuando se desmadejan los más bajos sentimientos.

Es cierto que la digitalización llegó para quedarse, incluso, no sabemos qué más nos van a aportar los genios de la tecnología. En nuestra época, las noticias nacionales las conocíamos una semana después de los acontecimientos, y las internacionales, ni se diga. Hoy, las noticias son nuestras ya, a escasos segundos de acontecer un hecho…están a la mano. Pero hay manos que están asidas del conocimiento real, de la intención inteligente para hacerlas públicas, pero son menos que las que prevalecen de las Fakes News, las mal intencionadas y las que buscan generar confusión y conflicto.

Pero no es asunto de las redes sociales. Habría que preguntarnos ¿qué es lo que más nutre a estas noticias falsas o malintencionadas? Los malos gobiernos, los partidos insensibles y la democracia cuestionada, que se insiste, no dan solución a nuestras tribulaciones: La desigualdad y la pobreza. Luego le siguen los medios de comunicación tradicionales. Y contra todos, el escepticismo refleja y difunde el malestar social. Es cierto que predomina la emoción torcida y el poco entusiasmo para interactuar positivamente. Y se aprecia, que lo negativo permea y se propala a niveles sorprendentes.

La Naturaleza de las redes sociales puede definirse como un diluvio de mentiras completas, verdades a medias y enunciados provistos de intenciones interesadas para confundir y confrontar. Pero también las hay que promueven valores y principios por personas mesuradas que no están de acuerdo en el mal uso que se les da. Si se nutren de negativos, la reacción será de la misma índole.

No hay que disentir sin fundamentos: El uso de las redes sociales nos acercan y nos identifican, pero a la vez nos confrontan, nos dividen. Porque habría que entender que habemos consumidores con los mismos sentimientos e intenciones, y otros más esperanzados a mejores contenidos. Lo cierto es que la

pluralidad tiene su máxima expresión en las redes sociales. Así entonces, no hay que criticarlas ni desecharlas. Lo sano sería, no dar tanto alimento a la envidia, al odio y al rencor.

Creo que lo que sucede con las redes sociales, es que acumulamos cuánticamente la información y tenemos poco tiempo o interés para clasificarla a tono con nuestra forma de pensar, sentir o actuar. Las redes sociales van envueltas de paja y basura, como los libros, telenovelas y noticiarios, pero también de sustantivas aportaciones que bien vale la pena distinguir y reflexionar por sus contenidos. Como que somos estáticos ante el buen comentario y muy dinámicos ante la noticia falsa o tendenciosa. Tenemos que encontrar ese “tamiz”, ese filtro que nos ayude a identificar ese diluvio de noticias, promociones, propaganda y anti propaganda que consumismos todos los días.

Y entender que las noticias falsas no son creación de las redes sociales, sólo es el vehículo por el cual transitan con inusitada velocidad y al alcance de nuestras manos. Alguien las produce y difunde. Conclusión: las redes sociales, en sí, no son negativas, son sólo un instrumento de comunicación. Reprobable es el mal uso que de ellas hagamos.

Es un hecho que las redes sociales, rompieron de alguna manera con los oligopolios de la información, pero no han podido destruir su esencia informativa. ¿Por qué? Porque tienen de alguna manera un código de ética, cuestionada, es cierto, pero a la vez, la noticia tiene origen, nombre y responsabilidad. En tanto que las redes sociales se ubican más en el anonimato y en la inmoral oscuridad. En medios también los hay, pero somos testigos de lo que dicen y escriben y la condena como el reconocimiento no se hace esperar. Están bajo un monitoreo ciudadano. Con mira abierta a quien quiera valorarlos o censurarlos.

Y finalmente, las redes sociales son de utilidad para quienes, en la estructura mediática del País no tienen voz ni quien les escuche sus planteamientos y protestas, y de proclamadores en el desierto, encuentran su verdadero vaso comunicante. Creer o no en las redes sociales no es el punto, lo que debemos es reflexionar sobre el uso y abuso que de ellas hacemos.

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