alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

No hay registro de popularidad para un Presidente de la República como la que la ciudadanía le brindó a Andrés Manuel López Obrador al inicio de su mandato. En la elección alcanzó el 53% de los votos. Ya ungido presidente, elevó su aceptación ciudadana en 31 por ciento. El 84 por ciento lo respaldaba. Pero el ejercicio del poder, desgasta.  

Según encuestas recientes, sorprende por igual, que a cinco meses y medio de gobierno, AMLO haya sufrido una caída de 18 puntos. En los dos primeros meses bajó ocho puntos porcentuales atribuibles, dicen los encuestadores, a la cancelación del Aeropuerto de Texcoco y por la afectación a las Estancias Infantiles que dejó sin empleo a decenas de miles de maestras y desprotegidas a centenas de miles de niños y niñas y madres trabajadoras, así como la cancelación presupuestal para los Refugios para Víctimas de la violencia.    

Y en esta segunda semana de mayo, su caída fue de 10 puntos. Este inesperado desplome tiene que ver con sus cuestionadas obras de infraestructura del Aeropuerto de Santa Lucía, la Refinería de Dos Bocas y el Tren Maya.

Dice un adagio popular que es de sabios rectificar. Pero no siempre es para bien. Hace unas semanas López Obrador abrió el proceso de licitación para la construcción de la Refinería de Dos Bocas: Dijo con firmeza y reproche:  

“Necesitamos una refinería y no hay experiencia suficiente en las empresas mexicanas. No se hizo refinerías en 40 años en el País, entonces, ¿qué empresa tiene experiencia en construir refinerías? Estas 4 grandes empresas han hecho refinerías, cada una de ellas, lo digo y lo repito, más de 100 refinerías. Hoy una de ellas ha construido más de 200 refinerías”. Se refería a las cuatro constructoras que licitarían a convocatoria del gobierno. Y palo, ¡que siempre no!

A media semana de mayo, el presidente, en una de sus mañaneras se contradijo: “La licitación se declaró desierta, porque estaban pidiendo mucho, se pasaron de los 8 mil millones de dólares (cerca de 160 mil millones de pesos) y en el tiempo de la construcción”.

Y vino la inesperada y sorpresiva declaración: “Se va a construir la refinería. Para que salga en tiempo y con este presupuesto, necesitamos HACERLA NOSOTROS. La encargada del proyecto va a ser Rocío Nahle”.  

  Así, de sorpresa en sorpresa y en una manifiesta actitud de poder y soberbia, es difícil esconder la incertidumbre que ya existe. El descontento se avizora y se empieza a configurar una sensación de decepción, preocupación  y desencanto. Difícil saber si sus decisiones son las adecuadas y generarán beneficios para la población, como lo prometió en campaña.

Su proclama de ser un político democrático e incluyente, cada vez más se desvanece. A diario manifiesta aversión a la crítica y a quien disiente de él. Se muestra hostil y sancionador hacia la prensa y periodistas, contra los órganos autónomos y organizaciones de la sociedad civil, incluso, a sus propios colaboradores los increpa y desdice en público. Los hace ver como que son funcionarios, pero sin funciones…Y al parecer sin derecho a opinar.  

AMLO lo dicta todo y controla a todos. Pero no. Hay fracturas internas en su equipo que está descuidando. No hay seguimiento ni control para evaluar sus programas de gobierno. López Obrador marca la línea, proyecta sus políticas públicas, y sus alcances, los cifra él mismo con su salida diaria: “Yo tengo otros datos”. Y ninguna institución pública lo contradice o lo corrige. El marca el rumbo y destino del País. Gobierno de un solo hombre, es peligroso.  

Es cierto que la popularidad de AMLO sigue siendo elevada y que su aceptación fluctúa alrededor del 60 por ciento. Pero muchos están apreciando que no por haber sido el mejor candidato debemos tener una fe ciega en él como gobernante. La pregunta que surge es: ¿Este inesperado descenso podría abrir la posibilidad de alguna rectificación del Presidente en su manera de proceder?

Ya algunos legisladores de MoReNa han expresado que el “pueblo no es tonto y espera resultados”. No se le cuestiona ni su firme visión ideológica, lo que les inquieta son algunas contradicciones ajenas a las  expectativas generadas en campaña.

En ese contexto de contrastes: ¿Qué podría suceder si los resultados no son tangibles y resultan alejados a lo prometido como candidato? ¿Y si la escasez de logros se manifiestan antes del año 2021?

Andrés Manuel López Obrador es el que gobierna y sólo él sabe a ciencia cierta cuál es el rumbo de País que quiere diseñar para su Cuarta Transformación. Y sus guarismos electorales los tiene muy precisos. Pero que la decepción ya ronda en muchas conciencias ciudadanas, es una realidad. 

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