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FERNANDO DÁVILA PÉREZ

“Los Gobiernos pasan, las sociedades mueren, la policía es eterna”

Honoré de Balzac

Escritor francés (1799-1850)

Cada nuevo gobierno crea o modifica su policía, recordemos que en 1999 cuando el presidente era Ernesto Zedillo Ponce de León, se creó la Policía Federal Preventiva (PFP), que dependía de la Secretaría de Gobernación (SG), su aprobación legislativa no tuvo mayor oposición; en el año 2000, gana la presidencia Vicente Fox Quesada y crea la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) y de la entonces Procuraduría General de la República (PGR) surge la Agencia Federal de Investigación (AFI), los cambios legislativos para tal efecto no duraron más de tres meses.

En 2006, llega a la Presidencia Felipe Calderón Hinojosa, quien fortalece la Secretaría de Seguridad Pública, y en su sexenio, consolida a la Policía Federal, las modificaciones legislativas fueron laxas y el presupuesto abundante; en 2012 gana nuevamente el PRI con Enrique Peña Nieto, desaparece la SSP, sus funciones regresan a la SG y crea el Consejo Nacional de Seguridad, del proceso legislativo, ni hablar.

Ahora, con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, es un hecho que tendremos Guardia Nacional.

Hasta este segundo fin de semana de marzo, 28 congresos locales ya aprobaron la minuta de la Guardia Nacional, que les fue enviada tras su aprobación por el Congreso Federal (Senadores y Diputados).

Esta misma semana se hará la declaratoria oficial, con lo que la Guardia Nacional cumple el requisito legislativo y su creación se concretará.

Tal pareciera que el Congreso está a la espera que en los 32 estados se apruebe, para que la declaración se haga con un mensaje de unanimidad, pues la ley señala que el mínimo para su aprobación es la mitad de los congresos más uno, es decir, 17, y eso ya aconteció.

El cabildeo para lograrlo no ha sido menor, en el Senado se aprobó por unanimidad, 127 senadores a favor de 127 presentes, faltó un sólo voto, el de una senadora que por motivos de salud no se presentó a la sesión; en diputados, la historia no fue muy distinta, 463 votos a favor y uno en contra, prácticamente todos los presentes.

En 20 años el gobierno federal ha reestructurado su fuerza policial en cuatro ocasiones y en el mismo número de veces ha modificado estructuras, alternado mandos y reformado sus sistemas, todo esto con sendas campañas para posicionarse ante la sociedad y siembre en busca de nuevos integrantes, principalmente jóvenes y en un amplio número, universitarios para formar lo que han denominado “policía científica”, especializada, con mayor inteligencia y no sé qué tantas cosas más.

En el mismo periodo de tiempo, salvo pequeños cambios, la base de la fuerza policial del gobierno federal es la misma, un grupo importante de militares convertidos a civiles, y policías de carrera, muchos de ellos profesionales que no merecen menos que mi respeto y reconocimiento por su trabajo y compromiso por el país.

Las instalaciones, el equipo operativo y gran parte de la base laboral es la misma; los métodos no, los jefes tampoco y la cadena de mando, menos.

Ni los números telefónicos, ni las extensiones, y menos la ubicación de las oficinas han cambiado en absoluto.

¿Por qué?

Los especialistas lo señalan, los sistemas de inteligencia lo respaldan y la forma de hacer seguridad a lo largo de la historia lo respalda; lo primero que modifica cada nuevo gobierno es la seguridad institucional, cambia los mandos altos y medios, se modifican los métodos de control y trabajo, sin embargo, las labores cotidianas y la responsabilidades son las mismas, detener los delincuentes, procurar la seguridad pública y mantener el orden social.

Por todo esto es que en unos días, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador tendrá su Guardia Nacional.

No dudemos que cuando haya alternancia en el Poder Ejecutivo Federal, la Guardia Nacional cambiará de nombre a algo más que la nada exitosa Gendarmería del entonces presidente Enrique Peña Nieto, la cual no pasó de una división más de la Policía Federal.

Pareciera que hay una regla o compromiso no escrito a fin de respaldar en materia de seguridad a cada nuevo gobierno, sin importar que se queden en el aire o en la indefensión, estrategias a largo plazo, contratos laborales, sistemas de inteligencia y otros compromisos hechos por cada gobierno en turno, pues todos los partidos políticos respaldan legislativamente los cambios en esta materia y del presupuesto para su ejecución, ni hablar, siempre es ascendente, siempre es permisivo y no recuerdo de consecuencias por la indebida ejecución.

Especialista en comunicación Institucional

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