OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

 

Estamos presenciando desde hace algunos años a la fecha los cambios hegemónicos que están ocurriendo en el planeta, principalmente en México.

La tecnología, el comercio y la política son los ingredientes principales o variables que cruzan estos sucesos para señalar y poder entender, muy puntualmente, lo que acontece en el mundo y en nuestro país. El control que otrora mantenía EEUU en el mundo se ve quebrantado por el resurgimiento de otros países en los ámbitos tecnológicos y comerciales. La política como capacidad de atemperar los diferendos o diferencias entre unos otros, se ha convertido en uno de los principales eventos para mitigar las convulsiones entre pares que nos pudieran llevar a un conflicto mayor o quizás a una guerra impensada. Desde la guerra fría entre la URSS (ahora Rusia) y los EEUU no habíamos presenciado tanta vulnerabilidad entre los tres países más poderosos del mundo(China, EEUU y Rusia). Desde hace mucho tiempo hemos observado que el globo terráqueo está conformado por dos frentes ideológicos que siempre se han manifestado y que cada uno de ellos sostiene o sostenía modelos económicos distintos.

En la actualidad, ya en crisis el llamado modelo neoliberal, ha llevado a algunos países poderosos a considerarse, en este momento, como nacionalistas, ya no globalistas, con la idea de recuperar al estado-nación para la adecuada administración política y el pleno reconocimiento de la identidad del pueblo, casi perdida. Sin embargo, en opiniones de distintas personas, estas dos categorías navegan con las mismas variables del modelo neoliberal, pues tratándose del comercio y de la tecnología, lo que está en juego es el poder hegemónico de las naciones. Lo anterior no es tan cierto, pudiera pensarse que son las mismas variables pero con diferencias muy marcadas. Por ejemplo en México, si bien es cierto que el Presidente no parece estar conflictuado con el poder económico, simplemente lo separa del poder político, marcando así un distanciamiento entre ambos ámbitos de interés. La política actual se distancia del interés de los empresarios en que el gobierno no permite que una dimensión, en este caso la económica, esté por encima del interés político, dejando ambas dimensiones que operen libremente. De esa manera quienes tienen el interés para que el gobierno en turno proteja y aliente al interés económico, estos solo obtendrán del gobierno el apoyo para el desarrollo de la nación y no para una asociación donde ambos intereses se vean mezclados.

La política social, basada en la nueva idea del Presidente, es que el pueblo tendrá la supremacía para el apoyo económico, no permitiendo que el presupuesto federal se vaya al rescate de los pocos, dejando a los muchos sufrir las consecuencias ya consabidas. 

El interés económico estuvo desde hace mucho tiempo marcando el ritmo al interés político, en otras palabras, los empresarios en México tenían el mando del quehacer político. Lo anterior provocó una severa crisis económica, social y política que llevó a la nación a casi perder su riqueza natural.  

Los gobernantes en México habían jugado el partido como aguadores, pues tanto les servían a unos como a otros, menos a su pueblo. Si bien, la política es tiempo, es que para muchos los tiempos ya son otros y no se han percatado de ello. La política en México ha dado un giro de 180 grados. Lo que antes veíamos como algo trivial y pasajero, hoy es el pilar de un cambio que pudiera transformar totalmente la realidad que se vivía en México. 

Podemos atestiguar una mayor transparencia en los quehaceres gubernamentales. Podemos ver un mejor uso del presupuesto dedicado a mejorar los servicios de la salud pública, que se pretendía antes de la llegada de AMLO, dejarlos en manos de particulares. Podemos ver una asignación más transparente de los recursos en los magnos proyectos que están en operación. Podemos ver una mayor participación en el exterior con un grado superior de seriedad y de respeto a la institucionalidad mexicana. Podemos ver una mejor política presidencial con los gobiernos extranjeros. Podemos ver un mayor control y vigilancia en puertos y aduanas que garanticen menor corrupción e impunidad. Podemos ver una mayor distribución del presupuesto federal a programas sociales con el fin de evitar un daño en el consumo familiar. Pero nada de esto les satisface, simplemente porque ya no son ellos los que deciden. No vemos la participación activa del empresariado mexicano, (quizás por las restricciones que el presidente ha implementado para la recaudación de impuestos, ya que esto no sucedía en los gobiernos del viejo régimen Legión de Peña y sus antecesores), en inversiones de más calado en el país. Podemos observar una mayor participación ciudadana, donde esta ejerce su libertad para decir y actuar como le parezca en gana hacerlo. Podemos ver las resistencias al cambio, que acostumbrados muchos a lo de antes, pretendan regresar a lo que se tenía. Sin duda, el mundo está cambiando, tratar de detener esos cambios es como querer detener una bola de nieve que se te viene encima.

Está claro que la polémica entre un sistema económico llamado neoliberal y una política social orientada a las bases sociales, sigue dándose, no para entenderla ni para poder explicarla, sino para negar lo que hasta ahora se ha hecho por el nuevo gobierno. De todo lo que hay hasta ahora, no podemos decir que un sistema es mejor que otro, pues aquí lo que debemos ver es quienes se benefician o beneficiaban y quienes se perjudican o perjudicaban. 

La crisis en México quizás se deba a que aún la conciencia de todos los mexicanos no ha logrado asimilar la verdadera realidad. Realidad que millones de personas no pueden distinguirla por no saber cómo debieron vivirla o en contraparte, de cómo la están viviendo. Cualquier sistema social, llámalo como quieras, no ha logrado evitar la rapiña o el pillaje de quienes mandan o gobiernan a un pueblo. Por lo general quienes siempre han gobernado son los que invariablemente tienen el poder económico, así que ellos gobiernan para su propio peculio. La razón de lo que digo es que la propia naturaleza de las ambiciones existentes en ellos, los obligan a engañar, saquear, traicionar, coludirse, matar, y agréguele lo que usted quiera, pero nunca a desarrollar a un pueblo para que este vea por sí mismo. Ciertamente hay miles de explicaciones y teorías que apoyan  una u otra forma de gobierno, pero nadie está dispuesto y menos aquellos que tienen poder y dinero a dejar que los demás puedan crecer y desarrollarse en toda la economía humana posible. La crisis en el mundo no es por un modelo económico, es por el hambre insaciable de acumular riqueza y poder para avasallar a todos los que no pueden defenderse de ellos. La crisis mundial es por desear tener todo, cuando todos podemos tener algo. Romántico dirían muchos, pero el perro que ladra para obtener un hueso y se lo dan, seguirá ladrando aunque le rompan el hocico. 

Pueden seguir hablando de neoliberalismo, capitalismo, comunismo, socialismo, pero en tanto que el hambre de los poderosos no se sacie, seguiremos teniendo guerras hasta acabarnos nosotros mismos. Así sea.      

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