humberto choza

DESDE LA CONFRATERNI
DAD

JOSÉ HUMBERTO CHOZA GAXIOLA



Escribir sobre Juan de la Cabada es al mismo tiempo difícil y fácil. La razón se debe, según yo, a que Juan, en su persona así lo fue: difícil y fácil. Y, hacer una narración sobre su obra es como ponerlo frente a un espejo: lo fácil les sale a borbotones, ya que lo que se diga sobre su vida o su obra, nunca se podrá salir del marco del espejo. Nunca podía salirse de lo que imaginaba. Prácticamente vivió encarcelado en sus diferentes modos de ser.  En cambio, la otra versión se destapa cuando dice que le gustaría recopilar sus cuentos completos. “Creo haber escrito por lo menos 60, de todos tipos”. Entre ellas las más difíciles, o más importantes, son: Las ratas, Más que negocio, El hijo prodigo y La lluvia. Nunca pudo 
recopilarlosni ordenarlos a su complacencia

Escritor desparpajado, más no mal escritor. Dueño de muchas obras, diseminadas, en periódicos y revistas. Decía muy seguido, con orgullo: “Normalmente, tengo muchas cosas por concluir. Mi cuarto de escritura está lleno de papeles, de cosas que esperan ser terminadas”.

Muy seguido sus amigos le preguntaban por la razón de “tantas obras a medias”, a lo que respondía: “Si no se tiene un medio seguro de vida, tienes que trabajar en cosas ajenas a la literatura y se pierde mucho tiempo. Yo he hecho de todo… hasta ponencias para congresos… ¡hasta tesis profesionales!

En una de tantas entrevistas que le hicieron le preguntaron lo siguiente: ¿A qué atribuye la reunión de condiciones literarias dentro de un país determinado? Hábilmente respondió “La literatura, en su desarrollo, va de acuerdo con la vitalidad nacional, con la fuerza del país donde se produce. A mí me parece que no hubiera podido salir el Quijote, si no hubiera tenido lugar la reconquista de España. El tiempo de Siglos de Oro es también tiempo de la pujanza de España. Cuando termina la hegemonía española, la literatura decae”.

Gracias a la personalidad tan diversa de don Juan de la Cabada, tengo la obligación de extender los atributos de tan particular hombre de letras y otras cosas. De cabello blanco y lacio, caído sobre el rostro. Los ojos vivaces, detonadores y pequeños, levemente orientales. El hablar precipitado, un poco monologal y caótico, era una de sus características más notables. Y como lo dijo siempre: “Juan de la Cabada, al filo de los 73 años, no cree haber hecho todo lo que hubiera querido y podido. Sin embargo, dentro de su inquietud literaria logró hacer mucho más de lo que su humildad le permitió decirlo.

Tengo la impresión, que no me puedo quitar, de que ambos, Juan José Arriola y don Juan son de la misma estructura, tanto emocional, como dinámica. Inquietos, rápidos en el pensar y súper inteligentes en el hablar. Si alguno de mis lectores, y lógicamente de ambos escritores, no están de acuerdo conmigo, acepto con beneplácito la controversia. Sin embargo, creo que nadie puede quitarme el derecho de defender mi opinión hasta en los tribunales del Señor.

Una pequeña semblanza de don Juan creo no está de más: Tras de su fallecimiento en 1986, su valiosa biblioteca personal fue adquirida por el Gobierno Federal. La colección después fue donada al acervo de la Universidad de Veracruz,

Sus obras comenzaron a ser apreciadas en 1940. Fue fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios en 1923. Escribió un libro que recoge la tradición carnavalesca de Campeche. Fue colaborador del periódico El Machete, órgano del PCM. Fue designado Diputado Federal. Ese mismo año, se le otorgó el Título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Sinaloa.

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