ARTURO SANTAMARIA

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ


A Carlos Zataráin, por su libertad y bienestar.


La mejor prueba para ver si la población piensa que el Gobernador Quirino Ordaz Coppel ha hecho bien las cosas, y no tan solo durante el cuarto año, será el proceso electoral del próximo año.

Los informes de Gobierno, sean de quien sea, siempre serán presentados de manera positiva. En realidad, esos documentos son parcialmente verdaderos e indudablemente propagandísticos. Los desaciertos, excesos y tareas incumplidas se guardan bajo candado. Por ejemplo, es claro que Quirino no iba a decir que ha gastado en medios mucho más de lo autorizado por el Congreso, tal y como lo han documentado organismos de la sociedad civil y Noroeste.

El Gobernador ha manejado bien la relación con la prensa. Ésta ha sido, en general, benigna con él. Fue mucho más crítica con Malova. Y si comparativamente hablamos del trato de los medios con el Presidente, la diferencia es abismal. A López Obrador, con bases o sin bases, lo zarandean todos los días; lo cual, es muy evidente, no sucede con Ordaz Coppel.

¿Cuál podría ser la explicación del buen trato de los medios al inquilino del tercer piso? Una, ya dijimos, ha sabido relacionarse eficazmente con los periodistas y ha sabido manejar bien las redes. Otra, puede ser su estilo directo, campechano y expedito de dirigirse a la población y a la prensa. Una más, tendría que ver con su estilo y obra de gobierno. Ha sido mejor y más abundante que la de Mario López Valdez. Y si ha habido corrupción no se ha comprobado o documentado bien, y se ha hablado poco de ella. En fin, Quirino Ordaz, hasta la fecha, ha salido bien librado.

Esto último también lo dicen las encuestas. Algunos de sus críticos dicen que Quirino las ha pagado para que lo evalúen como uno de los mejores gobernadores de México. Puede ser, no sería raro, esto es común entre políticos; pero no es creíble que les haya pagado a todas, porque todas encuentran que la ciudadanía tiende a calificarlo de manera positiva y a ubicarlo en los primeros lugares de aceptación. Tanta que el primer Mandatario de Sinaloa se ha convencido de que puede ser candidato a la grande en 2024.

Si lo anterior es cierto, Quirino Ordaz podría pasar la aduana de su partido, como primera prueba, para destapar a su candidato a Gobernador sin más convulsiones de la que ya le provocó Sergio Torres; pero hay priistas que dudan de la fidelidad o del priismo sin mácula del mazatleco y si no salen satisfechos de la selección del candidato podrían declararle su amor a otras siglas.

Si las encuestas decidieran la candidatura del PRI, como sucede o al menos parece que sucede en Morena, Jesús Valdés sería el candidato. Sin embargo, eso no está en ningún estatuto del tricolor ni parece que lo esté en los del Gobernador. Este juega también otras cartas. Quirino apuesta al tradicional tapadismo priista, pero lo está llevando al filo de la navaja y se puede cortar, máxime que tiene en su lista a Mejía López, quien no es priista.

Ordaz Coppel se encuentra en una situación similar a la que experimentó Peña Nieto: inclinarse o no por un candidato que no esté manchado por el desprestigio priista y que sea o no de su partido, o por un militante de su sello plenamente identificado con sus colores y que sea un eficaz operador político sin importar su prestigio. Para Juan S. Millán, y no sé si hay algo que podríamos llamar millanismo, está claro que la decisión debería ser por un candidato que no sea del PRI ni de ningún otro partido; pero ¿cuántos compartirán esta opinión dentro del tricolor sinaloense? ¿Estará de acuerdo con ella el Gobernador?

Bueno, si la paleta de colores que utilizó el Gobernador en su Cuarto Informe de Gobierno son un mensaje subliminal de que él cree en el multipartidismo, al menos para la próxima contienda electoral, entonces vamos a empezar a pensar con más firmeza que él irá no tan solo en una amplia alianza sino con un candidato que no sea militante de ningún partido.

La alianza electoral del PRI es obligada porque de otra manera, tal y como nos lo dice el retrato político actual, no podría ganar. En estas condiciones se dificulta que el PAN y México Sí acepten fácilmente a un militante tricolor, a menos que fuese un empresario del calibre de Jesús Vizcarra, lo cual no parece probable.

Quirino va a meter todo su peso político para que gane su candidato, entre otras razones porque de eso dependen sus aspiraciones políticas venideras, pero veremos si le alcanzan sus buenas calificaciones para hacerlo ganar. Enfrente va a tener a un candidato, como Rubén Rocha, o una candidata, como Imelda Castro, quienes tienen mucho más experiencia política que Jesús Valdés o Mejía López, y unas siglas que, a pesar de todo, son mejor recibidas que la alianza PRI-PAN-PRD.


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