EUSTOLIA DURAN

EUSTOLIA DURÁN PIZAÑA

 

Para todos aquéllos que aún con lo suficiente para vivir, ignoran para que vivir

Vivimos en un mundo, en el que se advierte, como la fragilidad de los vínculos humanos se pone a prueba. Por un lado, los avances tecnológicos nos permiten tener soluciones rápidas que nos embriagan con la resolución de muchos problemas con tan sólo un clic en el celular, o con la rapidez para obtener productos de manera inmediata o, la oportunidad de evitar esfuerzos prolongados. 

Sin embargo, También advertimos una propensión a los cambios rápidos e imprevisibles, una tendencia a lo efímero; situación que trastoca de algún modo las relaciones sociales,los vínculos de las parejas, familiares y con desesperanza volteamos la mirada hacia una sociedad con muchos avances científicos y tecnológicos que humanamente se desmorona

Y es que el conjunto de signos que ahora nos llegan, alertan de manera asombrosa.Es como si estuviéramos ante una película de ficción, a la que, si por asomo le buscamos nombrele viene bien llamarle: “El hombre desvinculado.Por eso dedico este escrito, a hombres y mujeres que experimentan un vaciamiento existencial. A todos aquellos que aún con un hogar, con hijos, con un trabajo modesto o exitoso, expresan a cada momento el sinsentido de la vida. Una vida anodina, que al valer poco a su juicio,la ponen en riesgo lanzándose a la aventura de buscar la muerte, porque el imaginario colectivo, lleva a fantasear el mundo efímero, pero lleno de placeres,que bien vale pagar por ellos o en último caso,vaciarse en el Facebook, expresando el hartazgo de vivir.

Viktor Francklcuando relata comomuchos de aquellos que vivieron el horror del holocaustole encontraron sentido a la vidaaún en condiciones de sufrimiento, afirma que precisamente lo que ata a la vida son los otros, pero también los hijos; un talento que explotar o también, aquellos recuerdos que vale la pena tener en la memoria. Sin embargo, la observancia diarianos muestra, que muchos hombres y mujeres teniendo más de una posibilidad, viven el sinsentido dejando pasar la vida o corriendo tras la muerte. ¿Qué es entonces lo que hace significativa la vida?¿Qué es lo que lleva a experimentar ese vaciamiento existencial? Difícil responder a esta cuestión. Sin duda, tiene que ver con la complejidad de la existencia humana;con los rasgos de una sociedad líquida que contribuye a formar a seres humanos incapaces de establecer vínculos, relaciones duraderas,compromisos.

Nada halagador nos ofrece la realidad nuestra, cuando lo que destaca entre las actitudes de los sujetos, esde:mejor romper o cambiar aquellas relaciones que impliquen responsabilidad. Lo efímero es la constante, por eso me parece importante destacar, lo difícil que resulta definir la idea de vivir; sobre todo porque cada ser humano es singular, es único:“Vivir es asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta a los problemas que ello plantee y cumplir las tareas que la vida asigna cotidianamente a cada individuo” (Viktor Frankl: p114).Si esto es así, asumiendo la tesis del autor que contextualiza tiempo y espacio de los que vivieron el holocausto, Vivir tiene que ver con una realidad, con situaciones concretas y la de hoy, es compleja.

En la sociedad líquida,donde todo lo sólido se desvanece, el cuadro que pinta  Zygmunt Bauman, es desalentador.Es posible sustituir vínculos por conexiones, pues resulta más cómodo. Entonces, la fragilidad de los vínculospuede experimentarse como la necesidad de establecer conexiones tal y como sucede con las redes sociales, porquesin culpa alguna de un solo golpe borramos la conexión, cuando resulta molesta o incomoda. E allí la disyuntiva de los hombres y mujeres que en tales circunstancias van cediendo a un vaciamiento a un sinsentido o a un correr tras la muerte.