alcaraz ernesto

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

COLUMNA VERTEBRAL

Que la actitud denunciativade Víctor Manuel Toledo es normal en la democracia que vivimos, dice Porfirio Muñoz LedoDijo, entre otras cosas, que el gobierno de López Obrador está plagado de contradicciones, carece de objetivos, se debate en “luchas de poder”, y que la visión que él tiene a favor del ambiente, la agroecología y la transición energética “no está para nada en el resto del gabinete y me temo que no está en la cabeza del Presidente…”.Y Muñoz Ledo, en el ejercicio general del gobierno, reconoce que sí existen contradicciones en la Cuarta Transformación. 

Así visto el acontecimiento, Toledo no traiciona el proyecto de gobierno, que comprometió abrazar, ni comete una deslealtad al presidente, a sabiendas que AMLO, directamente, lo llamó a colaborar con él. Loconsiderócapacitado para el cargo, confiable y discreto en su comportamiento…y obvio, honesto y leal.Quizás algunos consideren valiente su declaración. Pero la verdad es que alguien lo traicionó, y como “había pájaros en los alambres”, lo grabaron y lo balconearon.Otros opinan que, del señor de la SEMARNAT, el presidente merecía su lealtad, sin menoscabo de haberle podido señalar, cara a cara, las contradicciones expresadas en su agresivo comentario.  

Se sabe, que el señor Toledo arrastra tendencias autoritarias que no le incumben asumir. Es intolerante con la crítica y grosero con los diferentes.Se recuerda su agresiva reacción contra un grupo de 24 especialistas en el temaambiental, que cuestionaban su desempeño como Secretario de la SEMARNAT. En defensa propia, los acusó de “ambientalistas de derecha”a otros, “ligados a los negocios verdes”, en clara alusión al Partido Verde Ecologista. Pero la última declaración, en búsqueda de provecho político y quizás por recuperar el afecto presidencial, expresó“Estamos frente a un manifiesto de la derecha en tiempos en los que 30 millones de mexicanos NOS llevaron al poder”. “Estamos arando, dijo la mosca”. 

Pero lo señalado por el aún secretario, es una percepción que tiene un amplio sector de la sociedadobserva que los grupos internos interfieren y limitan el buen ejercicio de su gobierno, que la 4T, es uproyecto sin sólidos cimientos ni definición clara de sus políticas públicas, y, peor, que carece de operadores eficientesPor lo anterior, resalta y resulta, que no son sólo los contrarios quienes buscan desviar el curso de la gobernabilidad, son sus propios grupos internos de poder, los que la frenan. 

Decía Nicolás Maquiavelo, en su obra El Príncipe, que,en el principado, llamémosle gobierno, hay entre los ministros tres clases de cerebros: 1. El que discierne por sí mismo, que sería un ministro excelente; 2. El que entiende lo que otros disciernen, que podría catalogarse como bueno, y 3. El que no discierne ni entiende lo que otros disciernen, que sería considerado como un inútil.

Por lo que diga el presidente y las alabanzas y adulaciones que expresan los ministros, sin aclarar y precisar sobre la función que desempeñan. Así entonces, la adulación resalta sobre los resultados específicos de una área o sectorla valoración ciudadana resulta endeble, y la evaluación sobre eficacia, irreal. No se sabría si es verdad o simple quimera. 

Sólo las mañanera sobre Seguridad Nacional se conocen, y que, por los elevados índices de violencia y criminalidad, pueden considerarse poco productivas. Al parecer se desvanece aquella motivación política interés social por cumplir con lo prometido en campaña. Será porque los recursos escasean o por la escasez de cerebros adecuados en la Cuarta Transformación.  

Lo cierto es que de tiempo atrás se habla de fracturas y división entre quienes están obligados a construir y mantener la gobernabilidad del País. en el aparato gubernamental se aprecia indisciplina, incomprensión y contrariedad en el proyecto de gobierno, porque los grupos de poder en su interior, piensan más en el 2021 que en cumplir con esmero sus obligaciones. Novatadas saltan a la vista, y “agandalles”, por igual. El “privilegio de mandar” se impone, pero no genera armonía y consensos.   

El presidente decidió cambiar la medida del crecimiento por otro que mida el bienestar. Pues bien, ¿cómo puede decir que no nos ha ido tan mal con la pandemia? ¿Ya valoró el agobio y el malestar social, la zozobra en las familias y la pesadumbre en los hogares por la pérdida de tantos seres queridos? No basta un toque de duelo o un minuto de silencio para honrar a los más de 50 mil muertos afectador por la pandemia. La sociedad aún espera.

Porque la frialdad y la displicencia en la conducta del presidente cunde en el ánimo y acción de sus colaboradores. Su prioridad es hacer proselitismo común, en aras de alcanzar posiciones electorales personales, o de grupo, para el 2021. De dos años haciendo campaña y poco tiempo para gobernar, es igual a resultados cuestionables.