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M. FERNANDO DÁVILA

 

Las grandes empresas y monopolios de inicio del siglo XXI ya no lo son, algunas desaparecieron otras subsisten sin ton ni son, dejaron de ser referentes y pasan desapercibidas.

Quienes alcanzamos la mayoría de edad en el siglo pasado, tenemos presente grandes marcas que pensamos serían eternas, me refiero a las cámaras Kodak, las máquinas de escribir Olivetti, las primeras consolas de videojuegos Atari, incluso la marca Xerox, exitosa en copiadoras y que no se atrevió a más, a pesar de haber desarrollado uno de los primeros ordenadores de escritorio o computadora.

Desaparecieron por no haberse modernizado, por no creer en que la tecnología revolucionaría al mundo, no sólo al mercado, sino a la forma de vivir.

Desde que se consolidó el primer ordenador, luego un teléfono celular y después el Internet, el objetivo de las compañías emergentes aparecidas por necesidad o en coherencia con las nuevas tecnologías se enfocó en ganar la confianza de los usuarios, para después establecer productos innovadores, más tarde hacerlos necesarios en la operatividad y ahora, tras los primeros 20 años del siglo XXI, convertirse en indispensables para la vida.

De no haber sido así, no imagino cómo la humanidad pudo haber hecho frente al confinamiento derivado por el COVID-19, ¿Sin internet? ¿Sin Netflix? ¿Sin pagos en línea? ¿Sin Amazon? ¿Sin aplicaciones para el celular? ¿Sin Apple? ¿Sin redes sociales?

Lo bueno, lo beneficioso, lo amable de la tecnología a la que me refiero, es que nos ha ayudado a hacer más llevadera la circunstancia de salud que vivimos; sin embargo, como lo he mencionado en colaboraciones anteriores, nosotros ahora somos la moneda de cambio de las grandes compañías tecnológicas, pues al convertirnos esus usuarios (después de comprar los dispositivos –computadoras, celulares o tabletas), empezamos a consumir lo más caro, los intangibles, es decir las aplicaciones o los servicios que no vemos y que valen mucho.

Cuatro de las grandes empresas más importantes a nivel mundial, consideradas como la ejemplificación de lo que son las BigTech son estadounidenses y da la casualidad que la semana que recién concluye, comparecieron ante el Congreso de ese país, cuyo gobierno las acusa de efectuar prácticas monopólicas que les han permitido ser lo que son, las más grandes, las más poderosas y las que acumulan más ingresos.

Me refiero a Amazon, Google, Apple y Facebook, cuyos dueños y/o presidentes Jeff Bezos, SundarPichai, Tim Cooky Mark Zuckerberg, respectivamente, testificaron que no eran nada de lo que se les acusa, al contrario, parece que se pusieron de acuerdo y manifestaron ser empresas socialmente responsables, democráticas y generadoras de riqueza en la sociedad.

Pero seamos sensatos, por lo menos como mexicanos, consumidores (no generadores), de tecnología, ¿cuántos no somos usuarios de estas marcas?

Con toda seguridad puedo decir que todos, tan sólo por el hecho de tener un celular Smartphone cuyo sistema operativo es uno de estos dos: Android (Google) o IOS (Apple).

Entonces imaginemos el contexto internacional, el poder que estas empresas tienen no sólo por el hecho de la comercialización de productos tangibles o no, sino por tener es sus bases de datos nuestra información personal.

Usted me puede indicar que no usa Facebook, está bien, pero seguro estoy que sí utiliza WhatsApp que forman parte de la misma empresa. Algo similar pasa con las otras tres.

El tema en cuestión tiene que ver en percatarnos de lo importante que son nuestros datos personales, en darnos cuenta quién los tiene, en saber, aunque sea vagamente, para qué los ocupan, pero sobre todo, dimensionar la importancia que tenemos para que con nuestra colaboración, muchas veces involuntaria grandes empresas puedan enriquecerse con lo que les decimos de nosotros.

¿Qué les decimos?

Todo. Todo lo publicamos, todo lo ponemos en línea, desde nuestras búsquedas básicas y elementales sobre la ortografía de una palabra, nuestros gustos de acuerdo a nuestra edad, lugar de residencia, estado civil o preferencia sexual, todo les decimos, todo lo saben, todo lo comercializan.

Por eso que saben, por cómo nos venden, por lo que hacen con la información que tienen, pero sobre todo por la forma que hacen uso de las nuevas tecnologías, estas empresas son los gigantes del mundo.

Claro, no son las únicas, tienen competencia, pero compiten con aquellas que son similares a ellas, sobre todo las asiáticas que vienen por todo para conquistar los nuevos mercados. Por cierto los nuevos mercados somos nosotros.

Lector, le invito a seguir de cerca el proceso estadounidense y a analizar el mercado y las circunstancias tecnológicas que son las que marcaran la forma en que nos conduciremos de ahora en adelante.

Especialista en comunicación Institucional 

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