MCF2019

MANUEL CÁRDENAS FONSECA

Para no poner ejemplos en terceros, pondré uno de muchos que he vivido, enfrentando desde adentro el fuego “amigo. Dentro de los partidos ha sido muy difícil debido a que no he sido lacayo ni sumiso a sus caprichos y perversos afanes, sean de campaña o de trabajo legislativo, y he cumplido con los compromisos de campaña muy a pesar de los coordinadores parlamentarios que me han tocado o los compañeros, sea en legislaturas federales o la local.

Y como ya hay muchos que no saben administrar su ansiedad queriendo, les platico que tengan cuidado pues en la “democracia” mexicana muchos salen a perder sin saber y son los que justifican nuestra “democracia” en acuerdos que están más allá de los partidos. Muchos ganan en las urnas y pierden en la mesa. Ejemplos sobran, pero de distintos tiempos, señalaré tres: Jesús Higuera Laura cuando candidato a diputado, Heriberto Félix cuando candidato a gobernador, y Héctor Melesio Cuén cuando candidato a senador. Otros se prestan al “juego” de la democracia sin tener ninguna posibilidad debido a que no tienen conocimiento de políticas públicas, experiencia de campaña, administración, gobierno o legislativa, pero juegan la comparsa como cuando lo hizo José Luis Leyson Castro, y claro, después cobran de diversas maneras.

Cuando me dijeron que iría de candidato a diputado federal mi respuesta fue, mi jefe mandó el Curriculum Vitae (CV) al PRI (si militaba en él), y pensé, ahora entonces, tendré que renunciar a la Gerencia General del Banco, lo cual no estaba en mi programa, aunque sabía de esa posibilidad pues mi jefe me había informado que del Partido Revolucionario Institucional le había pedido 5 CV. Cuando le dije a mi hijo Ernesto, quien era un niño de 8 años me contestó: “pero papá, aunque no sea tuyo un banco es un banco y eso a lo que vas no sé qué es y no sabes si vas a ganar”.

Sin embargo, me informaron que iría por el 5to Distrito Electoral Federal (Culiacán) y, al llegar a Culiacán, empezaron los problemas con los “dueños del partido”, tanto a nivel local como nacional. Así, me entero que: “como Gustavo Guerrero y Ernesto Millán quieren ese Distrito (Ernesto no se dejaba localizar) irás por Guasave y veremos cómo resolvemos lo de Gustavo y Ernesto”, me informó el enviado del Comité Nacional una vez recibida la llamada del gobernador Renato Vega anunciándome que el “partido se había decidido por mi candidatura y que fuera a (X) domicilio y ahí me dirían que papeles entregar para registrarme (era un domicilio en la colonia Guadalupe de Culiacán)”; llego a dicho domicilio y no había nadie, hablo al Distrito Federal y me dicen que hable con el gobernador y localizo al gobernador y me da otro domicilio en la misma colonia y, ahí, a las 10 de la noche, el delegado del Partido y el presidente del Partido en el Estado, me dicen la lista de documentos “que tienes que entregarnos antes de las 8 de la mañana porque tenemos que hacer los registros antes de las 10 de la mañana”, después descubrí que esa fecha límite era otra mentira; a las 3 de la mañana del día siguiente les entregué todos los documento en copia certificada ante notario (desperté a varias gentes entre las 11 de la noche del día anterior y la 1 de la mañana de ese día) aunque ya con muy mala espina, pésimos presentimientos y me quedé con dos juegos de copias certificadas pues no confiaba en ellos y así resultó; a las 8 de la mañana llaman para decirme que se perdió mi expediente y que tengo que entregarles otro (para mí eran más novatos que los contras cuando la campaña de Toledo a gobernador y/o

Miguel de La Madrid a Presidente) de tal suerte que se los llevé y les enseñé el que yo me quedaba, por cualquier otra sorpresita que tuvieran, y que les acompañaría al registro con mi juego de copias pues podrían “caérsele al mensajero o ensuciarse con un café”. Finalmente se hizo el registro.

Siguieron las trampas. Estando en el auditorio del evento me entero de que la noche anterior habían cambiado a la dirigencia del partido en Guasave y que terminando el evento me presentarían a los nuevos dirigentes. Después, y durante la campaña, fueron y vinieron con trampas, engaños, apoyos al contrincante del entonces PRD, simulaciones a grado tal que corrí de la campaña al delegado de los dos “principales sectores” del Partido y al delegado nacional del mismo a la sazón un “jalisciense” compadre del gobernador, a éste en un acto de campaña; así como también al entonces presidente municipal le pedí que no se metiera y se alejara de hacer tonterías.

Creyeron que me ganarían, tanto desde el CEN del PRI que comandaban Humberto Roque y Juan Millán, como en el Estado comandado por Renato y Francisco Frías en la Secretaría General de Gobierno. Enumerar los complots o boicots, sus marrullerías y demás sería imposible en esta colaboración.

Finalmente, ellos no contaron con que tendría las actas de la elección y no podrían cambiarlas. Me informan, a las 11 de la noche del día de la elección que el candidato del PRD estaba festejando su triunfo y le digo al equipo de campaña: “tranquilos, ustedes vieron todas las trampas y traiciones de la estructura gubernamental y partidista y mis números me dan que ganamos con cerca de 4000 votos, así que hay que terminar de recolectar las actas, aquí tenemos el 85 % de ellas y la gente que falta de entregar no aparece”. En ese momento el coordinador de los operativos de campaña contra el Partido y el Gobierno me dice (en paz descanse el grato amigo Melchor Palafox [a quién los enemigos que teníamos “en casa” le apodaron “malechor”]) “candidato, tengo informes que en el PRI municipal está chanito con su gente y a ti no te han llamado ni te contestaron la llamada, se me hace que estos cabrones las tienen”. Armamos una estrategia entre David García, Coordinador de Campaña, Sigfrido que veía lo de sistemas y respaldos con Salvador, y Melchor, para sorprenderlos y, para no hacer el cuento largo, sí, esos “señores” las tenían escondidas en una oficina contigua a aquella en la que estaban reunidos y me daban el pésame por la “derrota”. Nunca imaginaron que yo, con las que les quité en ese momento, tenía el 97% de las actas y cuando las llevé a México, pues nadie me tomaba la llamada en el PRI estatal, Nacional ni gobierno estatal y, sin tener acta impugnada no tenía constancia de mayoría y los otros 7 candidatos teniendo actas impugnadas si tenían su constancia, y las mostré y llevé expedientes de las trampas que hacían, no tuvieron más que aceptar su derrota electoral y política.

Así pues, aprovecho para que los que no administran la ansiedad dejen de jugar al “reventar a su jefe”, porque los apoya su patrón, y homenajear y reconocer a Guasavenses y ajenos a Guasave que, más allá de las siglas partidistas, desde otras, también de los militantes serios del PRI de entonces, hicieron posible aquella proeza. Y gracias a los derrotados de entonces que nos hicieron crecer y aportar sin perder la congruencia y, muchos de ellos, allí siguen y bueno, me han tenido que aguantar.

¡Muchas gracias y sean felices!

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