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JESÚS ROJAS RIVERA


Seguí con detenimiento la primera gira del Presidente López Obrador fuera del País, de anteayer a hoy se han escrito varias columnas sobre la visita a Washington. ¿Qué ganamos? ¿Qué perdimos? ¿Salió victorioso Trump? o ¿Andrés Manuel fortalecido? Columnistas opinan sobre la cena de los empresarios, con algunos de los hombres más ricos de México, otros sobre el discurso apoteótico dicho en la Casa Blanca. Yo no me detendré en esos detalles, escribo en este breve espacio sobre las ofrendas que dejó nuestro Jefe de Estado a los pies del monumento de Lincoln y Juárez. De algo estoy seguro, en Andrés Manuel nada carece de simbolismos.

Abraham Lincoln Hanks y Benito Pablo Juárez García tienen más en común de lo que imaginamos, con dos años de diferencia al nacer, son hombres ilustres del Siglo 19. Uno parido en la pobreza campesina en Kentucky y otro en la marginación indígena en Oaxaca. Para ninguno de los dos el ascenso a la cumbre del poder les fue fácil, cada uno luchó contra sus circunstancias, la discriminación racial y el clasismo mexicano, y las ideas esclavistas y reivindicativas de la xenofobia americana. Uno era indígena zapoteco, el otro hijo de un inmigrante pobre.

Abogados litigantes, los dos estudiaron jurisprudencia, uno tomó camino en el seminario para después seguir su vida en el Derecho y el otro fue un autodidacta de elocuencia sobresaliente. Amantes de la literatura, la filosofía jurídica y las fuentes del Derecho, cada uno por su parte fue influenciado por las ideas liberales que sacudían el mundo entonces. Convencidos en la igualdad de las personas, creyentes no del todo practicantes, soñadores con la fraternidad de los pueblos y la transformación de las cosas desde el servicio público.

Liberales y republicanos a su manera, cada uno tejió el camino para la Presidencia de su nación. Los dos comenzaron haciendo política local uno en Oaxaca y otro en Illinois, Juárez llegó a Gobernador y Lincoln a representante popular y congresista líder de partido. Como es propio en la política, en el ascenso al poder sembraron enemigos. Los dos se convirtieron en presidentes en etapas difíciles para sus países.

Juárez fue perseguido y exiliado, libró batallas por control político del País enfrentándose a los conservadores que apostaban por la monarquía de Maximiliano. El mexicano y el americano sufrieron durante su gobierno cruentas guerras civiles devastadoras financieramente para las arcas de sus naciones. Lincoln el federalista luchó por la abolición de la esclavitud y la unión de los estados de Norteamérica, enfrentando triunfante la guerra de secesión contra el conservadurismo sureño de Jefersson y otros.

“Nuestra dignidad nacional se encuentra ofendida y en peligro tal vez nuestra independencia. Olvidando toda división enfrentemos la defensa de la Patria y demostremos que una nación joven es poderosa cuando la animan el amor a la libertad y la justicia. México les enseñará que el respeto al derecho ajeno es la paz”. Escribió el Patricio de Oaxaca en 1861.

“Nos encontramos ahora en una guerra civil en que se está poniendo a prueba si esta nación o cualquier otra nación igualmente concebida o consagrada puede perdurar. Que tomemos aquí la solemne resolución de que su sacrificio no ha sido en vano, que esta nación por la gracia de Dios tenga una nueva aurora de libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la tierra”. Discursó Lincoln en 1863.

Y así, en un breve resumen de las historias de estos dos estadistas, no exentos de errores y vacilaciones, podemos entender el pretendido mensaje obradorista que corona una gira reivindicativa y muy favorable para su gobierno, que dicho sea, no pasaba por su mejor momento. Andrés Manuel apostó mucho en la jugada y salió ganando, tanto como ganó Trump. El Presidente Obrador le cambió el discurso al norteamericano, quien por primera vez en su carrera habló con elogios a la comunidad mexicana. Y si algún conspicuo mantiene dudas, ayer justo ayer, Donald Trump lanza una ambiciosa iniciativa de “prosperidad económica para hispanos”. AMLO ahora y Peña antes han sido el trampolín en la campaña del magnate. Luego le seguimos…

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