alcaraz ernesto

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

En principio, proteger nuestras libertades, sobre todo en estos tiempos de discordia política y social, el derecho a debatir, elegir y disentir. No seguir con esta incertidumbre e intensa división social, que, desde ya, debe ser detenidaNo hemos podido rebasar los límites de lo que es bueno o malo para el País, y que la población lo entienda. Lconfusiónciudadana por defender o satanizar propuestas limitadas einviables, que no convencen, contra las estrategias ofrecidas que no convienen al gobierno, es la constante.

todo por el bajo nivel de comunicación oficial que da pie a la especulación y a la diatriba contumaz. La verborrea, sin contenido, es simulaciónque en segundos inunde el espacio digital de las redes sociales y la satanización a medios y periodistas, en nada beneficia a la población. para el morbo y el humor negro, es evidente que sí. Es nutriente gratuito para la recreación y el enfrentamiento social.  

Y si nos quieren infundir temor y rencor, dividiéndonos, lo están logrando. Todo porque la visión ideológica del gobierno y los intereses de los actores privados y sociales cada vez se alejan más del interés y compromiso social. Decir, que sin inversión privada sin la participación organizada de la sociedad en la cosa pública, el progreso del País no se trunca, es una falaciaPor la situación actual, es una tesis negada. 

No sé por qué el presidente López Obrador no entiende que la campaña ya terminó y que lo que ahora sigue, es gobernar hacia un futuro mejor y de bienestar y concordia, que retroceder con los agravantes que ya padecemos. Es difícil esconder la fragilidad gubernamental con la generosidad sectaria y excluyente. 

Ser obsequioso con el sector de los suyos y reacio con los que reclaman su atención y demandan soluciones, no es una actitud sana. Y menos comprendo por qué persiste en su intención de confrontar a los unos contra los otros. Todo porque opinan diferente. Y creo, que tiene un diagnóstico equivocado sobre la ciudadanía. Ello se asienta en lo siguiente:   

Hace unos días La Encuesta Mundial de Valores realizada en México este 2018 nos ilustró en qué proporción los mexicanos manifiestan una postura radical y moderada, y quiénes se identifican a sí mismos como conservadores. 

Se deseaba saber de sus actitudes personales respecto a la dinámica social:  

1) “El modo entero en que nuestra sociedad está organizada debe cambiarse radicalmente a través de acción revolucionaria”; 

2) “Nuestra sociedad debe mejorarse poco a poco a través de reformas”; y 

3) “Nuestra actual sociedad debe ser defendida con firmeza contra todas las fuerzas subversivas”.

El sondeo era para determinar en qué magnitud la ciudadanía se manifiesta conservadora, radicales o neofascista y de la mafia del poder. 

Estos fueron los resultados: El 24 por ciento dice observar una actitud radical y el 25%, una actitud conservadoraPero lo trascendente es que el 49 por ciento de los encuestados se manifiesta moderada. Así entonces, la encarnizada lucha sería entre conservadoresradicales, en tanto que la mayoría serían meros observadores, porque los calificativos no le harían mella. 

Y da idea de ubicar al destinatario del discurso: No a ese 24 por ciento, plenamente identificados como fieles e iracundos seguidores de AMLO, sino a ese amplio sector ciudadano, que, entre conservadores y moderados, sumarían el 73 por ciento. Contra los que no creen en López Obrador¡A los que no piensan como él! 

Un impulso descalificador que, como sociedad debemos censurarlo, pues por la frecuencia de sus enunciados, ponen en riesgo más que la sana convivencia, la armonía social y la gobernabilidad, que todos debemos protegerla. Manifestarnos libremente sin atajos ni censuras, expresarnos dentro del ámbito de la justicia. En una auténtica democracia, donde no seamos rehenes de la manipulación, venga de donde proceda. Un cambio real, pues.