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M. FERNANDO DÁVILA

La discusión versa sobre quién ha comprado o no por internet en algún momento de su vida, en pleno siglo XXI o desde antes.

Mi respuesta es: casi todos, la gran mayoría, excepto aquellos que en verdad viven en comunidades muy aisladas o son indígenas que no han tenido o la oportunidad o la necesidad de comunicarse o hacer uso de la RED, pero seguro estoy, muchos en su condición también han adquirido productos o servicios en línea, así que todos ya fuimos objeto del intercambio comercial de intangibles.

No importa la edad, no importa la circunstancia, o la condición económica.

Un caso típico de compra por internet de un intangible de manera involuntaria y 100 por ciento por necesidad, está en el hecho de ser usuario de un teléfono celular, mismo que por el hecho de tener un sistema operativo, requiere como mínimo del registro de un correo electrónico y con él, de la adquisición de ciertasaplicaciones que permitan su funcionamiento mínimo.

Así empezó el sistema “moderno” de la adquisición de bienes y servicios intangibles muy necesarios.

El tema es para reflexionar sobre el cómo poco a poco se ha convertido en normal el intercambio comercial de intangibles, muchos de los cuales, adquirimos tan fácilmente como mover un par de dedos, claro, después de dejar como respaldo nuestra tarjeta bancaria, sin importar si es crédito, débito o incluso ahora hay unas muy modernas llamadas “virtuales” que se usan exclusivamente para comprar por internet o a la distancia, infinidad de cosas.

Todavía recuerdo en el anecdotario la burla que implicaba el error fatal de otorgar dinero sin obtener algo en físico que respaldará la transacción. Mis padres decían, lo mismo que los suyos y todos los que vivieron en esa generación: tonto el que da dinero sin nada a cambio, pues fue víctima de embuste.

Posiblemente el mejor ejemplo del comercio de “intangibles” lo encontramos en los tiempos compartidos vacacionales, en los que por una suma importante compramos el derecho de hacer uso de cuartos de hotel en centros vacacionales en distintos lugares, sin ser los propietarios de un espacio físico, el cuál siempre podemos ocupar de acuerdo a lo que contratemos, dos, tres o más semanas al año.

Pero lo medular del asunto es que a lo largo de nuestra vida siempre tendremos el derecho de ocupar por un tiempo determinado un lugar en específico, el mismo que por cierto, nunca será nuestro. No es un objeto de nuestra propiedad que podamos vender, regalar o destruir, simplemente es un intangible que podemos usar.

Otro ejemplo de cómo evolucionó el mercado de los intangibles, lo hayamos nuevamente en el uso de teléfonos celulares.

Cuando se empezó a popularizar el uso de la telefonía celular de prepago, se administrabaa través de la compra de “tarjetas” (un pedazo de cartón – muy bonito eso sí, con muchos números, que se convertían en la clave para que se abonara $$$ en nuestra línea telefónica) por las que pagábamos “x” cantidad de dinero y que después raspábamos para obtener el código y finalmente canjearlo por llamadas telefónicas.

Actualmente sólo vamos a la tienda de convivencia, damos nuestro número y el sistema nos abona el importe, ya no compramos el cartón, ya no nos dan más que un papelito que hace la función de ticket que respalda nuestro desprendimiento del dinero, si es que pagamos en efectivo, pues ahora podemos pagar con un plástico y confirmar con un pin… de cuatro dígitos.

En otros países todo esto que les comento está en su dispositivo celular… con la tecnología de acercamiento llamada NFC (Near Field Communication, en español Comunicación de Campo Cercano), esa misma que se usa en los TAG del pago de las casetas en las carreteras y que poco a poco empieza a usarse en los aparatos de telefonía móvil.

Más o menos en esos años, quienes rentábamos películas o videojuegos requeríamos una credencial que servía de respaldo, que otorgaba la certeza de que éramos poseedores de una suscripción para obtener un servicio.Ahora, ahora, sólo tenemos que ingresar a nuestra cuenta y teclear o pinchar nuestra contraseña.

El tema es sencillo, no es para escandalizarse y menos para descalificar un mercado de productos y servicios muy útil en nuestra vida moderna, más y mejor aceptado tras el confinamiento de casi 100 días que llevamos; el objetivo es que reflexionemos en cómo fuimos poco a poco aceptando una evolución en el comercio y obtención de beneficios hasta llegar a lo que teníamos antes de la pandemia.

Y lo más importante es que usemos mucha y de la mejor manera posible, toda la tecnología que nos permita ahorrar tiempo, gastar menos en la compra y adquisición de productos, pero sobre todo, que nosadaptemos a la nueva vida que ya vivimos, pues el futuro llegó, sólo necesitamos adaptarnos y sacarle el mejor provecho posible.

En el Congreso hubo periodo extraordinario… se aprobaron las leyes secundarias necesarias para que México cumpliera los acuerdos establecidos para que se firmara el nuevo Tratado de Libre Comercio México – Estados Unidos y Canadá. El presidente López Obrador saldrá del país de manera oficial, se reunirá con su homólogo estadounidense. El tema político y de nuestro Congreso sigue en la narrativa de lo mínimo indispensable y necesario; de lo importante y urgente nada, hasta que inicie en septiembre el siguiente periodo ordinario de sesiones.

En su momento tocaremos esos temas, ahora valoremos cuánto pagamos por intangibles. Nos sorprenderemos después del análisis.

Especialista en comunicación Institucional 

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@FernandoDavilaP