OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

La apariencia y la mediocridad en muchas cosas de lo que somos ocasionan, disturbios emocionales que a veces no logramos resolver por el hecho mismo de que no fuimos enseñados a resolverlos. El estatus de poder es una búsqueda permanente de muchos actores sociales que fingen tenerlo,solo para protegerse de sus propios demonios. Participar en grupos sociales de niveles diferentes en todos los sentidos ha llevado a grupos de la sociedad a una lucha permanente de presunción y poder. Vivir en casas rentadas con la finalidad de poder adquirir un auto de marca, o poder vestir con ropa de marca y poder asistir a los lugares donde se presume, no solamente los autos ni las marcas, sino la profesión, el nivel político y social, el conocimiento, etcétera. Visitar los lugares de alto costo en la comida o en los artículos de vestir, presumir membresías de clubes cuya participación económica son en ocasiones tan altas que tu salario únicamente te alcanzaría para pagar la cuota anual. Las empleadas bancarias en Sinaloa gastan arriba de sus ingresos en ropa y maquillaje, quedándoles una deuda casi eterna o difícilmente de poder pagarla. El uso de la tradición del traje en México obedeció precisamente a la presunción de una figura económica que inspirara respeto a los demás, con el peligro de que al meter su mano a su bolso pudiera picarle un alacrán. Somos muchos en México los que hemos atestiguado los grados falsos de profesiones con documentos apócrifos que solo demuestran el nivel de corrupción que vivimos los mexicanos. Ciertamente hay personas adineradas por muchos motivos, pero no siempre esas personas han adquirido sus fortunas legalmente u honestamente. En Sinaloa se habla de muchas familias que hicieron sus fortunas vendiendo opio y tranzando con oro de los altos. Quien que vive en Culiacán, no se da cuenta de lo que ocurre verdaderamente con muchas familias venidas a menos, o sea que sus montos monetarios se han reducido a la nada e insisten en la presunción de poder seguir fingiendo lo que no son. Cuántos de ellos no se ven obligados a actos peligrosos y fuera de la ley simplemente para mantener su estatus económico, político, profesional y social. Este asunto del clasismo y del racismo, no digamos de la discriminación, está más en una pantalla de presunción donde muchos mexicanos les agrada que les digan güeritos, ya que con ese mote existe un distanciamiento social que les otorga la presunción de ser diferentes a los demás. No se diga la presunción de los apellidos en México. Apellidos que tienen una larga tradición en la dimensión social donde estos se mueven. Trataron de hacer menos al Presidente de México con apellidarse López, pero pronto se dieron cuenta que había muchos López importantes con ese apellido. Hoy cuando las cosas se están aclarando un poco y los que estaban siguen enojados por ya no estar, pretenden hacernos creer que ellos siempre estuvieron a la defensa nuestra, que dieron sus vidas y hasta nos ayudaban cuando nos daban las despensas en tiempos de campaña electoral. Hoy hay un verdadero sentir de mucha gente profesional que trata de salir al frente con lo que hace y se siente orgulloso de ello. Personas orgullosas de sus apellidos y de su posición social que les ha costado enormes esfuerzos por lograr lo que tienen ahora. Hoy sentimos que el racero se pone un poco parejo y que la competencia puede llevarnos a mejorar nuestra condición social y profesional. La presunción de aquellos de considerarse salvadores de México y de los mexicanos, es la bandera que tratan de vendernos ahora en esa lucha incipiente que están haciendo. ¿Les podemos creer que ahora cuando ya no tienen el poder que lo quieran recuperar solamente para ayudar a los mexicanos? Yo tampoco les creo. Así sea.

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