humberto choza

DESDE LA CONFRATERNIDAD

JOSÉ HUMBERTO CHOZA GAXIOLA


Soy Sinaloense, nacido en Guamúchil, y amante del país México. A los tres los amo hasta las cachas, los llevo dentro de mi corazón, a lo profundo. Es tu Patria Señor, que es también la mía. ¡Ni modo! Vivo atento a lo que sucede con cada uno de ellos, en todas sus dimensiones, largas chatas, profundas y dolorosas. En todos los sentidos los amo. No lo puedo evitar.

Para qué me lo crean me comprometo a seguir trabajando con: “hechos son amores, y no buenas razones”. Ya que hace algún tiempo me he preocupado por la mejora de nuestra entidad, en pensar Sinaloa, y pensar en Guamúchil, buscando el diseño de la manera de hacer, junto con los hermanos nacidos en éste pedazo de mundo, un mejor lugar de como lo encontré cuando nací. Objetivo ambicioso, pero no imposible, que quizá ronde en el ámbito de los sueños, para lo cual hay que pensar con optimismo en el cómo, el cuándo y el con qué.

Por otro lado, Sinaloa es un estado flaco y madrugador, ya que en sus dimensiones es mucho más largo que ancho y que recorre a sí mismo, por tres rutas: la primera y más antigua es el Ferrocarril que tiene la costumbre de avivar mis recuerdos con el vapor de la hermosa estela que ha desparramado desde Guadalajara hasta Nogales, por muchos años atrás. Por el oriente, Sinaloa madruga con el Sol a cuestas para levantar su vuelo y enamorar con sus rayos dorados a la bella Baja California.

Otras dos rutas, la 15 y la llamada “costera” se unen en esfuerzos paralelos el objetivo de llevar y traer la vida a, y desde, Mazatlán a todo lo largo de la flacura del estado.

Me siento orgulloso de haber nacido en Guamúchil, y de haber crecido en Culiacán, ya que ambos me nutrieron el cuerpo y el alma, a la buena y vieja usanza. Lo más sorprendente, creo, de lo anterior es que nada ni nadie podrán separar la nacencia y la costumbre. Curioso que soy: mi amor es un fenómeno; ya que tanto amo donde nací como donde crecí.  Es una simbiosis creo imposible de definir y de encontrar una razón valedera, salvo el fenómeno del cariño, en una forma rara de entenderlo.

Por otro lado, mi México querido me trae loco. El amor que siento por él, está blindado y protegido por la rima del poeta y por la reciedumbre de la fragua. Ambos me han formado el carácter, creo, porque la fortuna llegó pronto en mi vida. Es inmensa, ya que la violencia, hasta hoy, siempre termina de ser amable conmigo y con los míos.

¿Cómo puede ser así? Porque, creo me debo a tres territorios Guamúchil, Sinaloa, y el País México. Tres poderosas personas en un solo Dios verdadero. ¿Quién puede derrotar a un amor reforzado y hecho con estos tres elementos?

Hoy, con dolor lo digo, ya que siento que debemos orar diciendo; “Del maligno enemigo defiéndeme”. Vivo es estos tres espacios en el que me colocaste y te pido que me saques de vivir de este centro de combate. En el combate de la vida, el único que trasciende, no es la lucha por el pan, por el techo y el vestido, sino de la refriega por no ser arrastrado hacia los puentes podridos y caer al abismo, y por no atinar con el único que nos lleva de esta tierra de destierro a la Patria. La Patria tuya Señor, que es también la mía.     

Dame la gracia se seguir soñando a México en paz, y sobre todo que nos des fuerzas para seguir luchando en la refriega por lograrlo. “Del maligno enemigo, definiéndonos”, ya que no pelea limpio.