ARTURO SANTAMARIA
ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

A estas alturas no se necesita ser un experto para afirmar que el Covid-19 solo se puede controlar tomando medidas extremas. Con ese bicho no hay medias tintas.
Los dos países que sujetaron con mayor éxito al virus, China y Nueva Zelanda, así lo hicieron, aunque en contextos totalmente diferentes y métodos radicalmente opuestos. Pero coinciden en un aspecto: aplicaron medidas muy severas.

China, con un control absoluto sobre su sociedad y una población acostumbrada a la cooperación, a pesar de ser un país inmenso y densamente poblado; y Nueva Zelanda, una sociedad escasamente poblada en un territorio amplio, y con gente que respeta a plenitud las leyes y reglamentos de manera plenamente libre, lograron someter al virus.

Aun así, no ha dejado de haber pequeños rebrotes en ambas naciones cuando decidieron reabrir sus actividades económicas. De hecho, en todos los países ha habido rebrotes después de que descendió la curva de contagios y se relanzaron las actividades productivas, comerciales y de servicios. No obstante, en algunas naciones los reflujos virales se han manejado mejor que en otras. Donde no se ha hecho bien es, por ejemplo, en Estados Unidos. Ahí, aunque varía de estado a estado, la pandemia está tomando nuevamente mucha altura.

No hay de otra: mientras no haya vacuna la pandemia no podrá ser totalmente domada. La tesis de que un balance adecuado entre crecimiento económico y control sanitario permitirá someter al virus no es más que un buen deseo que no tiene correspondencia con la realidad. Mientras haya actividades laborales que impliquen acercamiento masivo de la gente será inevitable alguna escala de contagio. Mucha o poca, pero siempre real.

En México se está reabriendo la economía en el peor momento de la pandemia. Las presiones de trabajadores, formales e informales, y de empresarios, chicos, pequeños o grandes, nacionales o extranjeros, es tan grande que las autoridades federales, estatales y municipales han tenido que ceder para que se regrese al trabajo.

Si en sociedades ricas y mucho más organizadas, las estructuras económicas y sociales estaban a punto de estallar, en un país como México, con un sistema económico y social tan complejo, desigual e irregular, la reapertura era de extrema urgencia. Pero este regreso tendrá un inmenso costo en vidas humanas.

De por sí, el crecimiento exponencial de contagios y fallecimientos de las últimas semanas es uno de los más altos del mundo, debido justamente a un México complejo, desigual e irregular en extremo, donde la movilidad de la gente y también su indisciplina son muy altas, a partir del regreso masivo al trabajo la próxima semana el crecimiento de contagios será inevitablemente mucho mayor. Los pronósticos en las instituciones científicas de Estados Unidos que siguen el caso mexicano establecen que, para fines de octubre, el número de fallecimientos sería mínimamente de 50 mil y un máximo de poco más de 150 mil. Una verdadera catástrofe.

En Sinaloa, que desde los inicios de la pandemia se ha mantenido como uno de los territorios con más contagios y fatalidades en relación al tamaño de la población, donde hemos visto en sus ciudades más importantes una marcada indisciplina de amplias capas de habitantes, ya empezó a ver desde el lunes pasado un regreso masivo a sus calles, y a partir del 1 de julio, a la mayoría de los centros de trabajo, lo cual potenciará la pandemia. Pero si no se regresaba la economía quedaría asfixiada y con ello, el desempleo, la violencia y otros conflictos sociales se desbordarían como nunca.

Así pues, Sinaloa, como todo México, estaba en un callejón sin salida. Había que salir a trabajar cuando la cresta de contagios aumenta sin cesar. Y aquí no se trata de que el Gobierno federal o el estatal hayan conducido mal la batalla contra el coronavirus, sino que, simplemente, las características de nuestra estructura económica y social hacen imposible una estrategia tipo Nueva Zelandia, Corea del Sur o China. Y si no lo creen volteen a Brasil, Chile, Perú, Ecuador, incluso Colombia y Argentina, donde las desigualdades sociales son también muy grandes. En América Latina, salvo Costa Rica y Uruguay, que son las más equilibradas económica y socialmente en el subcontinente, la crisis sanitaria es grave. Cuba, por otro lado, con un Estado que ejerce un gran control sobre la sociedad, aun al margen de sus enormes carencias económicas, también ha impedir que la contingencia sanitaria se salga de cauce.

Vistas así las cosas, aceptemos que Sinaloa y el conjunto del País pagarán un alto precio en vidas por la reactivación de la economía.

Posdata

Si la vacuna para prevenir el Covid-19 no está lista para fines de año, aunque la Universidad de Oxford anuncia que la suya ya es inminente, o no llega a México en los primeros meses de 2021, no habrá ninguna posibilidad de teatros, auditorios o estadios llenos en ningún lugar. Así que ni la Serie del Caribe del próximo año, ni el beisbol de la Liga Mexicana del Pacífico del próximo invierno; ni los juegos de Los Dorados en Culiacán, ni del Mazatlán, F.C., podrán celebrarse con aficionados. Los deseos de atraer turistas deportivos a Mazatlán tendrán que esperar mejores tiempos.

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