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Por José Humberto Choza Gaxiola

         Dice Jacques Delors, encargado de la Comisión Internacional sobre la educación de la UNESCO, que para cumplir la misión de la educación es necesario estructurarla en torno a cuatro aprendizajes fundamentales, que en el transcurso de la vida serán para cada persona, los pilares de su conocimiento: aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con lo demás en todas las actividades humanas; y por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge  elementos de los tres anteriores.

 Jose-Humberto-Choza-GaxiolaLo cual invita, a cada quién, según yo, a hacerse un análisis detallado y privado, si se quiere, sobre el grado en que estamos soportados por estos pilares.

De inmediato, mí no tan riguroso autoanálisis me conduce a descubrir que la enseñanza escolar que se me proporcionó estuvo orientada esencialmente hacia el aprender a conocer y en menor medida el aprender hacer. A lo que atribuyo mi dificultad para hacer las cosas y más todavía a terminarlas. Necesito un gran esfuerzo y mucha voluntad para empezar y acabar lo que inicio.

Por eso creo que Delors tiene razón cuando dice que en cualquier sistema de enseñanza estructurado cada uno de esos cuatro pilares del conocimiento debe recibir una atención equivalente, y digo yo, una ligazón entre los cuatro, que impida que se desequilibre la enseñanza como un todo. La meta es, con lo anterior cumplido, que todos los seres humanos obtengan un conocimiento global y que dure toda la vida en los planos del conocimiento y lo práctico.

Más que todo en estos tiempos de nuevo siglo, la educación debe conducirnos a incrementar las posibilidades creativas, con la idea de actualizar así, como dice Delors, para obtener resultados que tengan la función en toda su plenitud de realización personal que implica aprender a ser.

Me interesa mucho, el binomio aprender a conocer y aprender a hacer. Ambos, incluyentes llevan necesariamente a aprender a ser, para como consecuente, convivir con los demás.
Pondré el acento en esto de aprender a convivir con los demás, porque a diario, en gran parte de la noticias de todos los medios, se denuncia que no “sabemos”  nada o muy poco, sobre el asunto. Como que este asunto nos pasó de noche.

Por eso la idea de enseñar la “no violencia” en las escuelas es loable y necesaria aunque sólo sea una pequeña asignatura entre las demás.
Sé, y bien que lo sé, que es una tarea difícil y ardua y que muchas veces los resultados son desalentadores. Sin embargo, ignorar el problema y sacarle la vuelta, simplemente, por omisión, incrementa la incidencia de la violencia.

Por otro lado, les ruego no ignorar que el mundo ya cambió y que la atmosfera competitiva imperante, como actividad económica, tiende a privilegiar el espíritu de competencia y el éxito individual llevándonos a una guerra económica despiadada que provoca tensiones entre los que poseen y los desposeídos, que rompe las naciones e incrementan las rivalidades históricas.

Por lo anterior digo que lo siguiente es muy importante: la educación tiene como misión enseñar la existencia de la diversidad de la especie humana y contribuir a tomar conciencia de las semejanzas y la interdependencia de todos los seres humanos.

Asunto todo, el señalado arriba que se puede resumir en aquellos que hace 2013 años se no enseñó: “Amaos los unos a los otros”. Pocas palabras que enseñan mucho. Necesitamos aprender a usarlas en el diario convivir con nuestros prójimos. Con eso, les aseguro que se acaba la violencia.
 
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