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Jose Humberto Choza Gaxiola

 Humberto choza Gaxiola 

Es muy probable que lo que les voy a narrar les cause risa, a la contra que a mí me causó mucha pena. He sido futbolista por casi toda mi vida, y como ya voy a entrar a mi séptima década de edad, ya vislumbro el ocaso de mi vida deportiva, lo cual hace que piense que ya me quedan pocos partidos por jugar. El deterioro de mis piernas ya no da para muchos juegos. Partidos que a medida que avanza la edad se convierten en monedas de oro.

Algo así como cuando hay escasez: aumenta el valor de lo limitado. Ni más ni menos la Ley de la Oferta y la Demanda en todo su esplendor, lo que implica que cada partido sea una batalla entre nosotros para que nos alinee el capitán. Evidentemente que usamos un montón de artimañas para que no se apague el sábado sin jugar; "aunque sean unos 10 minutos". Tengo que confesar que no soy de los más hábiles en el manejo de la pelota, pero sí soy de los más enjundiosos y tesoneros, o sea, soy el menos malo de los malos, sin llegar al ansiado rango de los buenos.

Como pueden detectar, la banda de los malos siempre estamos buscando ser alineados y jugar, como ya dije, aunque sea 10 minutos.      Situación que hace que se nos aligere la creatividad y la mañosería, misma que salió a relucir con uno de los compañeros "más malo dentro de los malos"; ya estaba decretada la alineación del partido, dentro de la cual estaba yo… Minutos antes de que iniciara el partido el capitán nos llamó: -Vengan todos, porque hay una petición de uno de los jugadores. Respondimos de inmediato a la orden y nos reunimos en círculo, como se estila en este deporte, antes del inicio. Muy serio nos dijo, en forma por demás misteriosa y con algo de pena.      -El señor Aispuro, que no está alineado, solicita que uno de nosotros se retire de la alineación para que entre él, porque tiene una piñata de su nieta y quiere jugar los primeros minutos para no quedar mal con ella. Como soy el más "generoso" de todos, los demás voltearon a verme y me dijeron: "Te toca, Choza".

Así fue como la vida me jugó esta trastada, en la cual me sentaron por causa de una piñata.

Pensé: quizá sería correcto que no me alineen porque estoy lastimado o por no estar en condiciones físicas adecuadas, o porque le caigo mal al entrenador… pero por causa de una piñata… ¡No puede ser!, me dije. Creo que ya está muy cercano el horizonte de mi retiro de las canchas del futbol…

También me dije: mis glorias rubricadas por tantos "goles espectaculares" no pueden empañarse por una fea y desteñida piñata. Seguramente mis trofeos que adornan mis vitrinas se reirían de mí. Y no está por demás decir que los imaginé cuchicheando entre ellos. Escuché muy claro que se decía:

-Mira… en lo que terminó el flamante goleador. Lo sentaron por una piñata… ja-ja-ja. -Pobre, da lástima, que tantos esfuerzos y sudores tengan un final así. El más grande y brilloso de los laureles dijo:

-Es triste, muy triste terminar así.. Me da pena ser su trofeo, ojalá    pudiera bajarme de la vitrina. Esto y mucho más pasó por la vergüenza de mi imaginación, pero tuve la energía para, como el ave fénix, reanimarme y me dije: Voy a hacer como que este evento tan denigrante para un atleta de tantos años no sucedió. Tengo que superar esta tragedia. Sobre todo, tengo que cubrirlo, para que no lo sepan mis nietos, a los que tengo engañados haciéndoles creer que soy un gran jugador, un lince de las canchas… ni más ni menos.

Fueron unos días terribles para mis emociones. Me decaí y la depresión me atacó de tal manera, que decidí ir a ver a un psiquiatra.

-Cómo le voy a explicar al médico que mi problema es que fui sustituido, en un partido de futbol, por causa de una piñata. Seguramente me responderá: se equivocó de lugar, señor Choza: es al manicomio a donde debe irse y urgente… Camino al Instituto Psiquiátrico me dije: ¡Todo por una sucia y fea piñata…!

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