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JESÚS ROJAS RIVERA

La semana pasada estaba en Guadalajara cuando comenzó el desabasto, para entonces apenas un par de gasolineras cerradas. “Disculpe las molestias no hay combustible” se leía en una de las estaciones en las que intentamos surtir. En Radio Fórmula de la capital jalisciense se prevenía a los ciudadanos y se anunciaban más gasolineras cerradas. El Presidente Andrés Manuel, su director de Pemex y la Secretaria de Energía habían decidido cerrar los ductos como estrategia para el combate del “huachicol”, una modalidad del crimen organizado a la que AMLO decidió enfrentar sin medir las consecuencias.

Nadie está en contra de los actos de legalidad, en lo personal considero una medida decidida y valiente del Presidente continuar la lucha contra los que se apoderaron ilegalmente de los hidrocarburos y otros recursos de la Nación. El Gobierno federal tiene atacando a los ladrones de combustibles desde hace muchos años, no es la primera vez, medidas contra el “huachicoleo” ya habían existido. Tal vez en otras escalas y sin tantas consecuencias colaterales, pero los gobiernos ya habían entrado en esta modalidad de lucha contra el crimen organizado. 

El gobierno de la República decidió cerrar los ductos sin medir las consecuencias, en poco tiempo se presentaron las externalidades de la ocurrente medida. Desabasto masivo en algunas ciudades de Jalisco, Michoacán y Guanajuato, días después en el Estado de México y la Ciudad de México, en esta última se empeñaron en ocultarlo, hasta que desde el Centro Regulador de Urgencias Médicas confirmaron que estaban en imposibilidad de atención por falta de combustible. Al mismo tiempo imágenes de largas filas de vehículos esperando turno para surtir combustible llenaban las redes sociales. 

Como sucede y sucederá en este sexenio, comenzó la confrontación entre los inconformes que denuncian los fallos y arbitrariedades del gobierno, y los que se empeñan a defenderlo contra todo, incluso contra los errores que terminan aceptando. Es común leer, “No hay desabasto es mentira de los medios de comunicación vendidos”, “No se trata de desabasto sino de un alto consumo por pánico”, “Si debo andar caminando unos días con tal de apoyar al Presidente en su lucha contra los corruptos, con gusto lo hago”, “Las gasolineras que no tienen gasolina son las que están coludidas con la mafia del huachicol”. Expresiones comunes en la defensa del gobierno federal contra las medidas que provocaron litteralmente el caos en diversos municipios del país. 

Los días pasaron y las cosas se fueron complicando más, la Asociación Nacional de Transportista Privados alertó sobre la posibilidad de un desabasto de alimentos si el tema de los combustibles no se soluciona a tiempo. En diversos municipios de las regiones más afectadas las policías locales tuvieron que dejar de patrullar, el ejemplo más ilustrativo fue en Nezahualcóyotl donde 250 uniformados dejaron los vehículos motorizados e hicieron sus rondines en bicicleta. Francisco Cervantes, presidente de la Concamin, dijo que la industria mexicana está sufriendo pérdidas millonarias por el desabasto de gasolina y diésel, y que las entidades más afectadas son Jalisco, Estado de México, Querétaro, Hidalgo y Guanajuato. Empresarios del Valle de México señalaron que el ausentismo laboral por el desabasto llegó hasta el 45 por ciento en los últimos días.

Mientras todo esto sucede, el Presidente pide calma y comprensión, mantiene una postura inamovible respecto a su política, hasta hoy fallida. En las casi dos semanas que van del desabasto, nada hemos sabido sobre los resultados de los operativos. Ni de personas detenidas y mucho menos de los principales líderes de estas organizaciones criminales vinculados a ningún tipo de proceso judicial. Ayer se habló de cuentas congeladas en la ruta del dinero procedente del “huachicol”, pero no hay más datos. Los seguimos esperando. 

Lo cierto es que AMLO decidió jugar esta carta que tiene a millones de ciudadanos molestos, podrá salir avante siempre que consiga, pronto, hacer ver que la lucha dio resultados y el servicio en las gasolineras se restableció por completo. Mientras eso sucede, más allá del barullo interminable de las estériles discusiones en redes sociales, están las cientos de miles de familias afectadas en sus bolsillos por las medidas del gobierno federal. Los que dejaron de trabajar, de producir y de ganar en esta situación que cada vez se complica más. Centenas de miles de mexicanos que más allá de lo que conocemos, a la luz de su propia realidad y sumidos en el infortunio del daño colateral de la guerra contra el “huachicol” están pensando seriamente si haber votado por el tabasqueño fue en realidad una buena idea. Luego le seguimos... 

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