OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Como nunca hemos dado cuenta del encono de la prensa nacional contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Enfrentar las vicisitudes de un gobierno corrupto como lo han sido los anteriores y junto a esos gobiernos, a una buena parte de la sociedad que se han acostumbrado a vivir del producto ilegal que las mafias del poder les heredaron como si fuese una escritura de alguna propiedad a su nombre. El tema del Huachicol no es un tema que se agota con el hecho de haberlo sacado a la luz pública, eso ya lo sabíamos desde hace mucho tiempo y lo sabían todos los que vivimos en México; no hay sorprendidos. Lo que ha sorprendido es la base logística con que funcionaba la doble operación de robo y comercialización dentro y fuera de Pemex. Lo sorprendente del caso es que un gran número de establecimientos que expenden la gasolina y el diesel compraban a precios más baratos a esa doble red de comercialización venida precisamente del corazón de Pemex. Un negocio de muchos años cuyo ingreso se descontaba anualmente para no impactar la Ley de ingresos y del presupuesto de egresos. Así una vez descontado ese ingreso estaba lista la doble red de robo y comercialización a todo aquél que solicitara el producto ya robado de las mismísimas instalaciones de Pemex. Un negocio ilícito que figuraba legalmente.

Un negocio que creció a los 66 mil millones de pesos anuales cuyo monto le significaría a México una derrama en inversión digna de cualquier presupuesto de algún estado de la república. El Huachicol no es solamente una categoría intermedia para explicar el fenómeno del robo. El Huachicol ya era parte de una cultura del robo que involucraba a una buena parte social para poderla llevar a cabo. Ya no era el huachicolero donde se guardaban los sobrantes del combustible bajo en calidad, ya no era la mezcla de mala calidad sino era ya parte substancial de un negocio cuyas ganancias rebasaban las cantidades de dinero esperadas. El Huachicol era ya una razón de ser de los funcionarios de Pemex, de los sindicalizados, de los políticos, de los presidentes en turno. El Huachicol era prácticamente la razón principal por la que el sistema político mexicano persistía en quedarse y se negaba a desaparecer. Una realidad falseada, una realidad construida, una realidad ficticia que nos llevaría a un pérdida total de nuestro sistema político y económico. Algo así como el desplome de nuestra cultura y la desaparición de todo un esfuerzo centenario por lograr de México la nación soñada por los mexicanos. El Huachicol era el opio que nos mantenía atados e inmovilizados para generar cambios verdaderos en México. No he visto un reconocimiento de la prensa que hable del esfuerzo por erradicar ese mal y si hablan de un desabasto, que no es tal, puesto que solo ocurre en 9 estados de la república, mismos estados donde el Huachicol era la carta de cambio. Seriedad señores de la prensa y hagan lo suyo sin esperar que AMLO les dé las gracias por hacer su trabajo. Por el bien de todos, hagamos real a nuestra realidad cotidiana. Así sea.    

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