alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Un nuevo tema político está en la discusión de analistas internacionales, jurisconsultos connotados e interesados en nuestra política exterior. Resulta que el gobierno de México se negó a suscribir el Acuerdo de Lima el pasado viernes, que 13 naciones más sí lo firmaron, como rechazo para que Nicolás Maduro asuma un nuevo mandato al frente del gobierno de Venezuela por ilegítima su elección el 20 de mayo pasado.

Pero para entender la historia de las Relaciones internacionales de México con el Mundo, habría que revisar el entorno de cada una de las épocas en las que se han tomado decisiones en política exterior. La Doctrina Estrada rige desde 1930, año en que se adoptó y siendo presidente Plutarco Elías Calles.

En esa época, el PRI era, si no único, sí hegemónico…Un partido de Estado. Algo similar al encumbrado MoReNa en la actualidad. Eran tiempos de ahondar en las estructuras políticas y liberar al Estado de caudillos, superar los daños causados por la Revolución Mexicana de 1910. Se mantiene el control político del País, se instituye el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y se crearon las instituciones nacionales que garantizaran la gobernabilidad. Así se sucedió por largos períodos de gobierno, teniendo al PRM, PNR y PRI, como el eje para el control político.

Antes de la Doctrina Estrada prevalecía en la región latinoamericana la “Doctrina Tobar” (1907), propuesta por el Canciller de Ecuador Carlos R. Tobar que exhortaba a “negar cualquier reconocimiento a cualquier país latinoamericano que surgiera a raíz de un movimiento revolucionario”.

Era el caso de México que tenía la necesidad de ser reconocido por esos países por la serie de sucesiones presidenciales motivadas por el movimiento armado de 1910. (La Revolución Mexicana). ¿Se aplicó la Doctrina Tobar a México? No. Se salvaba el obstáculo enviando misiones diplomáticas a los países de la región, principalmente a los Estados Unidos de Norteamérica.

Y así se ha mantenido la directriz política del Gobierno Mexicano: “No tomar posición alguna sobre si un gobierno extranjero era legítimo o ilegítimo”. Con esa disposición presidencial, el gobierno de la República se protegía a sí mismo, ante tantas denuncias sobre elecciones ilegítimas y fraudes electorales.

Obsérvese que aún no aparecía ningún tratado internacional que potenciara el respeto a los derechos civiles. La reparación de daños materiales era lo importante para restablecer hegemonías políticas, económicas y conquistas de nuevos territoriales en base a la militarización.

Es cuando se vuelven a distender las relaciones internacionales por los intereses políticos y económicos y se fragua la “guerra Fría” (1947-1991) entre los países occidentales, liderado por los Estados Unidos de Norteamérica, frente a las naciones del Este, encabezadas por la Unión Soviética. Y a tiempo seguido, el malestar generalizado se manifiesta por los estragos sociales y el incremento de la pobreza, la desigualdad y la marginación.

Es entonces que el 10 de diciembre de 1948, los países de todas las regiones del Mundo, a iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas, firman la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, comprometiéndose a su defensa y protección.

Lo comentado líneas arriba me hace reflexionar en lo siguiente: Creo que la decisión del Presidente López Obrador en el caso de Venezuela a no firmar el Acuerdo de Lima, se ajusta, textualmente, al contenido de la “Doctrina Estrada”: Que “se manifiesta en contra de que los países decidan si un gobierno extranjero es legítimo o ilegítimo, especialmente si este proviene de movimientos revolucionarios”.

Pero igual hay claras violaciones a los derechos humanos, inaceptable represión, tortura y cárcel a los críticos del gobierno, actos que violan los principios democráticos y la vida digna de las personas. Y creo, que lo que aviva la polémica, y contrasta con la “Doctrina Estrada”, es que López Obrador, dirigentes partidarios, diputados y senadores de Morena y muchos de sus seguidores, se han manifestado dando su respaldo a la ideología de Nicolás Maduro y a sus políticas de gobierno. Esos testimonios están calando políticamente en esta controversia.

O a lo mejor se cura en salud, por si algún gobierno externo le insinúa actos qué reconvenir. Está por ejemplo su compañero de viaje del norte, TRUMP, que no ha sacado las uñas largas con él, pero nos trae fritos a los mexicanos.