AMBROCIO MOJARDIN
VISOR SOCIAL

AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

 

Recién comenzamos el año 2019; es el tiempo para expresar nuestros mejores deseos y revalorar nuestros propósitos. Ningún tiempo mejor que éste para renovar votos por los mejores planes y la decisión de hacerlos realidad, aun mediados por la incertidumbre natural de la vida.

A todas y todos ustedes deseo que les vaya muy bien y que cada uno de sus actos multipliquen las oportunidades para obtener la felicidad deseada; que las dificultades que enfrenten solo sean el acicate para obtener lo que buscan; que cada uno de sus propósitos se cumpla y que la esperanza sea compañera permanente en sus vidas.

Con cada año que comienza se abren nuevos horizontes; lo pasado pasado. No dejemos que las experiencias amargas, la percepción de ambientes adversos, o la creencia de que las dificultades que se enfrentan son insuperables acaben con la motivación de vida. 

Lo peor que puede pasarnos es perder la esperanza y dejar que nos atrape el desánimo. Por más malas experiencias que se hayan enfrentado y por más disminuido que esté el ánimo, hay que convencerse de que vienen tiempos mejores y que el esfuerzo le dará el sentido que se necesita.

Poco contribuye dejarse llevar por las opiniones de catástrofe, como las que han estado tan presentes en los últimos meses, o por las invitaciones a tomar caminos “fáciles” que nunca faltan. El sabor de la vida lo da la combinación de planes, con espíritu de sacrificio y mucha esperanza.

No hay por qué pensar en negativo, nada bueno deja. Hay que iniciar cada jornada con nuevos bríos, por difícil que parezca el horizonte. Por más amargas y más repetidas que hayan sido las experiencias que se han enfrentado, hay que sostener el ánimo y la buena actitud.

De lo contrario se estará en riesgo de caer en un estado mental que la psicología conoce como desesperanza (ausencia de esperanza). Es un estado mental en el que las personas se asumen derrotadas y no aceptan que las cosas pueden cambiar en positivo. ¿Cómo se llega a ello? ¿Es posible superarlo? ¿Cómo?

De acuerdo con el psicólogo Martin Seligman la desesperanza configura un estado mental con fases aguda y crónica en la que la persona se convence de que nada de lo que está viviendo puede cambiar; que las cosas seguirán siendo negativas independientemente de lo que haga; que “su destino está marcado para ser así” y que nadie puede cambiarlo. Viven sentimientos de indefensión y se resisten a escuchar valoraciones positivas sobre su persona y sus capacidades.

Se dice que la desesperanza “cierra la mente” porque las personas con este síndrome se ven atrapadas por pensamientos absolutistas que no les deja ver más allá de sus problemas; no creen en nada y tienden a descalificar los pensamientos positivos que se les ofrecen. Su condición psicológica es tan negativa que aseguran no tener los recursos para superar lo que viven, al mismo tiempo que rechazan la ayuda que se les ofrece. 

La forma en que interpretan su condición es cuasi mágica. De acuerdo con su razonamiento, lo que les pasa es su culpa, afecta todas las esferas de su vida y nada puede cambiar. 

La psicología establece que quien vive esto lo desarrolla a partir de la acumulación de experiencias negativas, fallas en el análisis de las mismas, carencia de respaldo social y estados depresivos. La desesperanza casi siempre viene asociada a los estados psicológicos de decepción y desesperación. 

La decepción es un estado mental que se produce cuando una expectativa no se cumple y la persona se siente defraudada. La desesperación resulta de la pérdida de la paciencia; un estado mental cargado de ansiedad y angustia que lleva a ver el futuro con miedo. 

Cuando la persona cae en desesperanza, su condición general se debilita, a tal grado que desarrolla pensamientos suicidas. Por ello, la mejor forma de atenderla es acudiendo a un especialista de la salud mental.

La investigación más reciente en salud pública estima que la incidencia de este síndrome está creciendo y que el aumento mayor lo ha tenido en la última década. La población con mayor tendencia a desarrollarlo está entre los 15 y los 24 años (mayoría mujeres). 

Entre las razones más fuertes para ello destacan la percepción de soledad, confusión en las prioridades y la incertidumbre de un futuro cierto. Se asocian al problema la baja autoestima, las dificultades para vivir con independencia, el consumismo, la violencia social, las adicciones y la ansiedad provocada por los problemas económicos y familiares. 

La desesperanza no florece en medios que promueven la codependencia. Por ello, los especialistas ven como prevención genérica del problema la promoción de las redes sociales de apoyo en las familias y las personas.

Adicionalmente, el psicólogo Aarón Temkin Beck propone: a) Reforzar la autoestima de las personas a partir de ambientes familiares afectivos y disciplinados; b) Provocar la reflexión y el análisis crítico en niños y jóvenes; c) Cultivar la espiritualidad en ellos a partir del arte, e incentivar la fe (religiosa y no religiosa); d) Promover los actos de solidaridad con personas en desventaja.

Ahora que estamos iniciando año nuevo vale la pena recargar baterías y hacer planes en positivo. Ya lo que dejó el año pasado es historia. 

Se trata de ver adelante, de tener deseos y propósitos; de creer en nosotros mismos y de comprometernos a dar lo mejor para obtener lo que queremos. Como dicta el dicho, “a dios rogando y con el mazo dando”, que la esperanza sea nuestra aliada siempre. Vale la pena! ¿O usted qué opina?

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