OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

La opacidad ha sido una característica de los gobiernos anteriores. La transparencia, contrario a la opacidad permite que la luz ilumine lo que muchos pretenden ocultar. Realmente las acciones que debieran ser claras y transparentes de pronto son oscuras y opacas. En esos dos términos podemos calificar un gobierno que trata, por un lado ocultar todo lo que se hace en él y por el otro fomentar la transparencia para que todos podamos ver las acciones tales y como se realizan. Sin duda en esos dos extremos podemos movernos. ¿Cuál elegir?

Durante muchos años fue una costumbre ocultar todas las acciones gubernamentales que implicaran algún gasto del erario público con el fin de poder manipular los recursos a plenitud de quien así convendría hacerlo. En la opacidad, la luz es algo que no existe y en términos de poder hacer la diferencia entre un concepto y otro, es que la acción gubernamental puede presentarse bajo estos dos aspectos donde la forma y el fondo son completamente diferentes. Un gobierno con trasparencia permite que todas las acciones que emprende se conozcan totalmente. Así puede hacerse una revisión plena para saber la eficiencia y productividad del área emprendedora y poder de esa manera calificar el desempeño. Los recursos públicos en su totalidad deben ajustarse en las acciones gubernamentales ya convertidas en políticas públicas que resuelvan a petición del interesado, la problemática por la que fue presupuestado dicho recurso. Conocer el origen y la aplicación de los recursos federales, estatales y municipales es un buen comienzo que todo gobierno debe tener al inicio de su gestión. Que de suyo, poder definir la fuente de los recursos y el destino de ellos.

Hubo sin embargo, una tendencia a ocultar bolsas del Presupuesto Federal de Egresos con el fin de poder contar con un margen de acción fuera de lo previsto por el Plan Nacional de Desarrollo, y eso que les comento, fue una costumbre muy arraigada en los gobiernos neoliberales. Se ha defendido por mucho tiempo a la opacidad como una estrategia gubernamental que esconde la real intención del estado para continuar con casos escondidos en la profundidad de la acción gubernamental. La discrecionalidad es entonces la posibilidad cierta de poder disponer de recursos al libre albedrío con el único propósito de controlar otras acciones fuera del rango gubernamental en la formalidad de su gestión. De lo anterior podemos desprender que violar la norma que prevalece en la función misma del puesto administrativo “pudiese ayudar a resolver más pronto” el diferendo que pueda ocasionar en respetar la ley o pasar por encima de ella. De suyo y siendo parte del derecho administrativo no permitir que los propios pensamientos de quienes realicen la acción se salga de lo estipulado de lo descrito en el marco de referencia legal. Por lo que respecta a la opacidad, sin duda, que ocultar la verdadera causa del gasto es precisamente salirse del encuadre que marca la norma para permitir al usuario del recurso lo distribuya de acuerdo a sus necesidades e intereses personales y se distancie verdaderamente de la función pública a la que debe sujetarse y cumplir con el mandato constituido por la ley y la norma. La trasparencia permite que todo aquel que desee constatar que el uso del recurso haya sido colocado en donde deba generar la utilidad para el bien común y no servirse de ese recurso para el bien personal, pueda hacerlo. PUEBLA pudiese ser un caso de la transparencia. Por el bien de todos, trasparencia servidores públicos. Así sea.

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