alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Es innegable que algunos funcionarios se extasían con el poder y son arrogantes con lo que hacen y representan. Su insolencia extrema los hace no dignos de escuchar opiniones y sugerencias sobre sus actos y responsabilidades. Menos, si cuestionan su forma de ser y actuar…Y suben de tono cuando su eficacia y honorabilidad es discutida.

Su encargo le merece la adulación y no aceptan opiniones divergentes. No importan los argumentos, el ve lo que él hace. Y nada más. Con él es perder tiempo tratarlo y compartir ideas y proyectos.

Pero todos, sin excepción, a eso y más están expuestos. La Libertad de Expresión siempre aprieta a quien trae suelta las riendas…y su apetito personal rebasa los linderos de la honestidad. Por eso no gusta de rendir cuentas…Se consideran infalibles y consideran que quienes lo critican obedecen a intereses contra su persona. Lo más suave: Es fuego amigo.

Algunos creen que la institución son ellos y olvidan que sólo representa un encargo temporal que está bajo su confianza y custodia. Suelen ser incoherentes en tanto que contradicen su visión y encomienda. Ni explica ni dialoga. Él es el poder inequívoco. Considera su labor someter a quien lo contradice y critica y minimiza la discordancia con sólo desacreditarlo. Recuerdo aquella frase: “Ni los veo ni los oigo”. Expresión franca, ruda e irresponsable en cualquier servidor público, del nivel que sea.

Y es más dañino, en la medida que ejerza mayor poder. Pero abonando en ellos un poco, si acaso los oye, no los escucha ni ofrece argumento o soluciones. Para ellos, toda crítica proviene de motivaciones perniciosas.

Así es de extenuante la capacidad del funcionario para atender y entender la crítica. El funcionario que tiene un encargo es merecedor de toda evaluación, desde el buen ejercicio hasta el duro escrutinio. Que toqué intereses”, dicen algunos. Otros, “había que reordenar los programas y su ejecución”. O “había que sanear el ejercicio administrativo y laboral de los empleados”. Sin duda, es inadmisible la corrupción en el ámbito que sea, y atajarla con la ley y el derecho en mano.

Caso concreto sobre el gobierno que se fue, es la confrontación sobre la Reforma Educativa que tanta controversia generó. Supuestas o reales hayan sido las fallas en la evaluación del trabajo docente, el argumento no satisface a la opinión pública: “Querían preservar la venta y herencia de plazas”. O “mantener secuestrada la rectoría del Estado en materia educativa”. Decía el gobierno.

En contra, decía un sector de los maestros: “Más que reforma educativa era hostilidad laboral”. “La Evaluación es punitiva”. Lo cierto es que nunca lo justo y lo correcto pueden coincidir con declaraciones confusas e interesadas. Yo te acuso…tú defiéndete. ¿Y la Razón?

Y así se fue dando la confrontación entre la autoridad y el magisterio opositor sin mediar argumentos sólidos y constructivos para mejorar el Sistema Educativo, pues desde el poder público y de las trincheras docentes todo argumento se descartaba de manera simplista por venir de la presión laboral del gobierno y/o por intereses gremiales y la nostalgia por viejas e irregulares prácticas.

Así es difícil conciliar intereses. ¡Grave, porque en medio del conflicto está la instrucción de niños y adolescentes! Y el desarrollo de la sociedad con valores, principios y mayores opciones de desarrollo nacional.

La Verdad siempre está amurallada: Si nos empuja la realidad, nos acercamos a la Credibilidad. Y si el verdadero razonamiento es incontestable, orienta y forma opinión. Invita al conocimiento y a construir Juicios. A conocer lo desconocido. Luego, nos alejamos de la ignorancia.

La Verdad no sabe de lealtades, sólo de principios para llegar a ella y juicios de valor básicos para lograr el conocimiento científico. Hay casos que cuando discernimos en grupo sobre un tema para entendernos e identificarnos, quien disiente, no tiene nombre, pero quién adula, sí. Y se le categoriza: Eres aliado del Progreso uno, y emisario del pasado, el otro. No importa si nos asiste un legítimo parecer.

           

Por eso es necesario actuar con respeto, prudencia y sensatez. Quien se expresa de manera diferente debe ser respetado aunque no comparta su razonamiento. Porque en las circunstancias actuales de apertura intelectual, cultural e ideológica, el debate de las ideas es ineludible.

Y si vamos en búsqueda de una transformación debe prevalecer nuestra actitud a la crítica. Nada se nos da, la crítica es un valor y un derecho, no una concesión del poder. Es un derecho. ¡Defendámoslo!