AMBROCIO MOJARDIN

VISOR SOCIAL

AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

Al abordar el tema de la crianza y asociarla con el tipo de efecto que ésta tiene en la formación de las nuevas generaciones, muchas madres y algunos padres de familia, de preescolar y primaria, acusan que sus hijas e hijos “son poco sociables”, “inseguros” y “de mecha corta”. No falta quien diga que le extraña lo que sucede, ya que todos los días les aconseja portarse bien, está al pendiente de ellos y “les da lo que necesitan”.

No falta quienes afirmen que ser violento y distraído es propio de las nuevas generaciones. Como si eso “se trajera en la sangre” y no fuera efecto del cómo se vive.

La psicología del desarrollo establece que el comportamiento social, durante la primera y segunda infancia, es prácticamente reflejo de lo que se ve y se oye en el círculo más íntimo de vida. Por ello, la primera respuesta a la pregunta por qué son así las y los niños ofrece una línea de conexión directa con las interacciones familiares a que están sometidos los infantes.

Hay que apuntarlo, las diferencias individuales pueden hacer la diferencia para algunos, a tal grado que en una familia podemos ver hijas e hijos que son exactamente lo contrario de los demás. Sin embargo, para la gran mayoría, el efecto del trato cotidiano que reciben de padres y hermanos es definitivo. 

¿Son las nuevas generaciones más agresivas e intolerantes? Todo indica que sí, pero si así es, es porque los ambientes en los que están creciendo estimulan el uso de la violencia. 

¿Podemos cambiarlo? Sí, definitivamente, aunque es mejor prevenirlo. La Asociación Americana de Psicología tiene identificadas una serie de medidas que las familias pueden y deben implementar para ello. Entre otras están las siguientes:

- Mantenga contacto estrecho con las y los hijos y estar atentos a cómo evolucionan sus inquietudes. Está comprobado que las y los niños necesitan supervisión constante y esa tiene que intensificarse dependiendo del contexto. Cuando no pueda cuidar a sus hijos, pídale a alguien de confianza que lo haga por usted. Nunca deje a los niños pequeños en casa, ni siquiera por un corto tiempo. 

- Deles amor y créeles confianza en que sus padres les protegen. Cuando las y los niños sienten lazos fuertes con sus padres actúan con más seguridad y siempre los tienen como referencia antes de hacer algo. Ofrezca gestos de cariño con frecuencia y, en la medida de lo posible, acompáñelos con caricias o contacto físico como abrazos.

- Asegúrese de no dar ejemplo de actos de violencia. Los desacuerdos, casi inevitables de pareja, no deben tratarse en presencia de las y los niños y menos con expresiones violentas. Cuando así sucede se afecta la percepción de seguridad que tienen y se les ofrecen ejemplos de algo que luego se les va a reprochar. 

- Enseñe a sus hijas e hijos a reconocer sus emociones y a aceptarlas; muéstrele las formas más apropiadas para manifestarlas. Particularmente ayúdele a reconocer la ira yy a controlarla sin recurrir a los golpes. No permita el consumo de programas violentos en la televisión u otro medio.

- Ayúdele a conocer formas no violentas de enfrentar insultos o amenazas. La frecuencia de ellas entre iguales es muy alta; más en el contexto escolar y deben saber que hacer o a quien recurrir en casos extremos. 

- Estimule en sus hijos el valor de la amistad y facilite que tenga grupos variados de amigos, según sus actividades e intereses. Dé lugar a que sea en su hogar un espacio de convivencia y ponga atención a como conviven y cuáles pueden ser áreas de atención, para definir cómo abordarlas. No deje que consuman más de una hora al día en aparatos electrónicos “para distraerse”.

- Anímelos a participar en actividades supervisadas después de la escuela (p.ej. equipos deportivos, conjuntos musicales o recreación organizada) e inscríbalos en programas de apoyo comunitario, especialmente los que tienen a adultos como guía. 

- Incentive en ellos los valores de respeto, honestidad y solidaridad, practicándolos a diario en casa. Esto les dará solidez personal y aumentará en ellos el orgullo por su familia, especialmente si viven en un vecindario violento o asisten a una escuela difícil. 

- Ayúdele a respetar y a apreciar las diferencias religiosas, de raza o de cualquier otro tipo.

- No acepte actos violentos. La mayoría de los niños tienen reacciones agresivas cuando se ven amenazados y su primera reacción puede ser un grito o un golpe. Cuando esto suceda, no lo deje pasar y ayúdele a reconocer los peligros de comportamientos como esos. Igualmente alábele cuanta vez resuelva un problema de manera constructiva y sin violencia. Es más probable que los niños repitan buenos comportamientos cuando reciben aprobación y apoyo.

- Sea claro y consistente con las reglas y la disciplina. Los niños necesitan ambientes con estructura y normas claras para su comportamiento. No cometa el error de poner reglas y luego no hacerlas cumplir o cambiarlas continuamente, porque eso puede ser contraproducente. Cuando su edad ya lo permite, aumenta su crecimiento el hacerles partícipes de la definición de esas reglas.

Las nuevas generaciones serán menos violentas si cuidamos el medio en el que crecen. Para lograrlo, la primera tarea está en cuidar lo que se vive al interior de las familias; abrir la comunicación, estrechar más la relación, evitar los actos violentos e incentivar la interacción pacífica. No es tan difícil, pero sí reclama compromiso. ¿O usted qué opina?

Agradecimiento

En nombre de toda la familia Mojardín Heráldez agradezco las innumerables expresiones de solidaridad y cariño que recibimos por la sensible partida de mi hermano mayor José María. La certeza de que fue un hombre justo, sensible y exitoso, ayudan para que pasemos este trago tan amargo de una manera menos dolorosa. Descanse en paz Tata.