MANUEL CARDENAS FONSECA

MANUEL CÁRDENAS FONSECA

Me queda claro que, a pesar de no coincidir en todo con el actual gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, debo advertir que se ha venido desempeñando de mejor manera que los gobernadores que he visto pasar por Sinaloa, desde Toledo Corro hasta López Valdez. Y vaya que viví a plenitud la campaña política a gobernador de Toledo pero decidí no quedarme en su administración dándole las gracias en el aeropuerto de Bachigüalato, recién rendida su protesta en el Cine Diana y durante la espera a que le pasaran corriente a su jet en una breve plática caminando por la plataforma del aeropuerto y viendo sus reacciones y como fumaba su cigarro Lucky Strike.

Desde entonces he observado todas las campañas de los subsecuentes gobernadores y me he enterado de una manera u otra de razones para su arribo como candidatos, sin problemas para ganar, aún en la mesa, la gubernatura, si bien nunca he aceptado cargo público estatal sin dejar de agradecer los acercamientos con excepción de cuando me pidieron fuese diputado local (que no depende del Ejecutivo), y más allá de cómo y por qué llegan, lo importante es cómo salen con la peculiaridades de sus tiempos y lo compleja de la renta paralela que representa Sinaloa.

Mirando hacia adelante, sugiero que el gobernador Ordaz es el mejor posicionado de todos ellos en el parte aguas de cambio de sexenio federal y, claro, con prietitos en el arroz en su equipo, considero resaltar lo positivo que, hoy por hoy, presenta para enfrentar los retos de su sucesión que, al igual que la de su llegada y la de otros que le antecedieron, puede verse llena de sorpresas para los lerdos.

Atrás han quedado los márgenes tan amplios de discrecionalidad y de caprichos que se permitían y los actuales tiempos exigen un equipo que acompañe con todo profesionalismo y seriedad dejando de lado el tema de la entonces Procuraduría, pues actualmente es un organismo autónomo en la figura de Fiscalía que no depende del Ejecutivo pero deja tanto que desear que mejor ni hablar de ella.

Así, si consideramos las principales áreas en las que se apoya un gobernador para la toma de decisiones de cara a las características del Estado, tenemos que su actual Secretario General de Gobierno, el de Administración y Finanzas, Salud, Agricultura y Secretaría Particular, destacan sobre las anteriores administraciones, sin soslayar que por alguna razón invitaron al anterior Secretario de Seguridad Pública para atender el área de inteligencia de la Defensa Nacional y el recién nombrado apenas llega al cargo pero ya venía desempeñándose como segundo en el mando.

Las demás áreas que son importantes no influyen mucho en el devenir diario de la toma de decisiones que reflejan la agenda estratégica pero acompañan a la misma en este parte aguas federal que se refleja en los órdenes de gobierno municipal y el Congreso del Estado.

Sólo el gobernador sabe las razones por las que fue ungido pero la problemática de un Estado que refleja luchas de poder desde diferentes ángulos, que van desde las desapariciones forzadas, el narcotráfico, el sistema carcelario, el robo de combustibles, lavado de dinero, robo de vehículos, homicidios con características de delincuencia organizada, debe ser atendido con templanza y, para efectos de buen gobierno, habrá que ver las cuentas que presenta al final de su gestión a sus apoyadores que lo llevaron al gobierno y a los sinaloenses que poco tuvieron que ver en la decisión de su candidatura partidista.

Debemos dejar de lado las recomendaciones a Sancho cuando se aventuraba a gobernar la ínsula pues la administración de Ordaz va en la mitad legal de su gestión, tiempo más que suficiente para pensar que se encuentra en la cúspide de sus posibilidades para imprimir su sello de gobierno y ahora empieza a correr el tiempo de gobernar libre de ataduras, salvo las que quiera mantener, y enfrentar la estrategia de gobierno y sucesión.

Por lo anterior, sugiero que los cargos referidos se vuelven cruciales para el desarrollo de la agenda estratégica de gobierno y estoy convencido que los perfiles profesionales de quienes ostentan las responsabilidades comentadas tienen más formación y capacidad para cada encargo que los que se vieron en anteriores administraciones y en la actual (de inicio).

Evidentemente no ha sido fácil para el gobernador Ordaz el transitar dos años en los que la simple candidatura a gobernador se vio llena de rompimientos y traiciones dentro del equipo que tiene una mano que mece la cuna y ha venido desempeñando el cargo de gerente paralelo de muchos temas; tampoco ha sido fácil entender que ni el gobierno de Estados Unidos de América le ha entrado de lleno al tema y ha evitado inmiscuir a políticos y empresarios (de peso), o banqueros sinaloenses, con el narcotráfico o lavado de dinero, salvo que en el juicio de Nueva York se planteé algo distinto ya que en el mismo resultan operaciones de años ajenos al del gobernador Ordaz pero atiende la línea en el tiempo desde Toledo hasta López.

Sin embargo, es tiempo de que el gobernador se aplique a fondo y cambie las cosas que encontró en tan mal estado y para ello no puede acusar impericia o desconocimiento pues él fue parte de un gobierno estatal en posiciones de importancia en el que sucedieron todo tipo de desastres y masacres y, quiero pensar y estar seguro, que realmente quiere cambiar la estructura de la comunidad y verdaderamente apuntalar un marco jurídico que no sea “gatopardismo” como la ley de servidores públicos de Toledo, la de Trasparencia de Juan, o la ley del Congreso de Jesús, sólo por señalar algunos ejemplos de muestra; que deja un verdadero equilibrio de poderes y deje de lado la mafia del poder judicial o el clientelismo legislativo; es el momento en el que ante un supuesto rompimiento partidista convoque a todos y nos convenza de que vale la pena colaborar con su empresa sin sofocar a la oposición cuando la contienda sea en la arena del debate de las ideas y la fortaleza de los argumentos. Sin embargo, algo me dice que hay varias áreas de gobierno estatal y de la cabecera municipal de la capital, incluyendo la junta de agua potable, que no han sido persuadidos de tener lealtad al Ejecutivo estatal y siguen más los pasos del gerente o del subgerente en la línea paralela de la compleja agenda que exige una entidad federativa que presume una verdad oficial y otra la de una economía informal muy lucrativa en todos los órdenes.

Si el gobernador Ordaz vivió y vio lo que se hizo en dos sexenios locales, los más recientes, con mayor razón debe saber qué hacer ahora, manteniendo sus decisiones sin ira, sin tratar a nadie con agresividad o con la distorsión hormonal que tanto daño ha hecho a inocentes víctimas de mitotes de la peor infamia en los sexenios anteriores.

El gobernador Ordaz sabe que las rivalidades en torno a asuntos públicos no deben personalizarse como lo hicieron sus antecesores quienes en esa actitud demostraron su pequeñez, pues siendo así, los problemas son ínfimos y no cusan deterioro ni daño al tejido social, al gobernado.

Veremos, cierto estoy y espero no equivocarme, que vienen tiempos de libertad, de diálogo, de buena política y el gobernador se apoyará en éstos colaboradores para cristalizar su agenda estratégica actuando con gentileza y atendiendo a aquellos que representan dificultades en las áreas clave para su cometido y, con ideas y argumentos, podrá convencerlos, por lo menos, si fuere el caso, que se toma la decisión que representa el mal menor.

¡Muchas gracias y sean felices!

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