alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

            Algunos analistas económicos otorgan al gobierno de López Obrador su beneplácito por haber presentado al Congreso de la Unión un Presupuesto responsable y realista, equilibrado y sensato. Por razones técnicamente convenientes: El déficit se mantuvo, la deuda pública no se incrementa y dejan intactos los fondos de estabilización.

            Hasta ahí, qué bueno que la intención por fortalecer la macroeconomía se mantiene. Que no se hayan disparado programas a gastos insuficientes. Que no se gaste más de lo que ingresa. Suena bien. Pero para otros actores diversos de la función pública – gobernadores y alcaldes – sectores productivos y organismos autónomos, hay dudas e inconformidades. Y me asalta un extraño presentimiento:

            Primero fue la intención de quitar la Autonomía a las universidades en la iniciativa de Reforma Educativa, viene ahora la disminución presupuestal a éstas y a otras instituciones de Educación Superior: A la UNAM le reduce el 6.3 por ciento, algo así como Un mil millones de pesos, supongo para subsidiar las nuevas 100 universidades. Que si Pitágoras no me contradice, le tocarían como 10 millones de pesos anuales a cada una. Una cifra presupuestal irrisoria, que ni a una escuela secundaria o preparatoria le alcanzaría para funcionar adecuadamente.

A la Universidad de Chapingo, le quitan 3.3 por ciento. A la Universidad Autónoma de México le reducen 7.7%; a la Universidad Pedagógica Nacional, 6.6 por ciento. Cultura y Conacyt no se salvan del recorte. Pero el Presidente López Obrador responde que no hay rebajas al presupuesto de las universidades, sino que se está apoyando a 300 mil jóvenes con 2 mil 400 pesos mensuales.

            Pero ahora resulta que las 100 nuevas universidades no serán tal, es decir, instituciones dispuestas al conocimiento universal, sino que serán “Escuelas Especializadas”. Técnicas pues. En Cancún, por ejemplo, estaría la escuela de Turismo, en Tabasco una escuela petrolera... Sólo así pudiera justificarse el recorte de 4.9 por ciento del presupuesto al Instituto Politécnico Nacional para subsidiar esos centros técnicos.

            Y siguen los recortes a granel en las Secretarías que tienen que ver con la productividad, como la Secretaría de Agricultura, a la que le recortaron el 30 por ciento del presupuesto ejercido en 2018. Lo que tanto se ha dicho del abandono del campo, ahora es de un alto impacto. ¿Y la Autosuficiencia Alimentaria, y el mercado interno y la pobreza del campo, que tantos votos significaron como condena en campaña?

            Y se ve difícil que se abandone los criterios para corregir las inconformidades de los gobiernos locales y ayuntamientos, pues Alfonso Ramírez Cuéllar, Presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, ya dijo: “No nos vamos a mover ni un centímetro”.

            Incluso, hace exactamente una semana, el Presidente convocó en Palacio Nacional a “sus legisladores” para indicarles, que el Presupuesto como está diseñado va. Supo que los diputados y senadores estaban invitando a gobernadores y alcaldes para posicionar a sus distritos y estados con mayores recursos. Ante ello, López Obrador les sentenció: “No son gestores ni bajadores de recursos de estados y municipios”.

            Y apenas antier, el Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, en una sesión muy complicada sobre el análisis del presupuesto y la furiosa embestida de la oposición, expresó: “El Presupuesto es todo, menos asistencialista”. Pero los datos y las cifras dicen lo contrario.

Es un presupuesto centralista acorde a los compromisos de campaña del entonces candidato presidencial, concentrado en el Ejecutivo Federal y desatiende lo local y lo institucional. ¿Contener los contrapesos que le incomodan? Y ese extraño presentimiento, es que el Presidente va a reaccionar y conceder lo que a juicio justo le corresponde a los poderes locales, sectores productivos y organismos autónomos.