ARTURO SANTAMARIA

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

Si vemos el País y al gobierno de AMLO desde la óptica de la inmensa mayoría de columnistas y comentaristas en los medios tradicionales más leídos, escuchados y vistos estamos al borde del precipicio. Pero si vemos la conducción de AMLO desde el lente de las mayorías, según la más reciente encuesta de GEA, citada por Jorge Castañeda en su más reciente artículo para Noroeste, camina bien, tomando en cuenta la opinión de tres de cada cuatro mexicanos. Esta misma casa encuestadora encontró que a principios de este mes 60 por ciento de los mexicanos está feliz con el desempeño del tabasqueño, el 66 por ciento está cada vez más optimista y el 60 por ciento cada vez más confiado. En las tres mediciones López Obrador subió sus números de septiembre a la fecha.

Los críticos incrementan y profundizan sus críticas, pero entre los ciudadanos aumenta la aprobación. Sus detractores hablan de decisiones erráticas en materia económica y de inexperiencia administrativa, pero, sobre todo, de autoritarismo político. Ven un regreso al peor de los priismos: una combinación de echeverrismo y lopezportillismo; es decir, de gobiernos ineficientes, que gastaban mucho y, además, eran políticamente autoritarios.

Temen los críticos que se acabe la libertad de expresión y que se quiera someter al Poder Judicial. En fin, ven un futuro, a corto plazo, ominoso para México, y tal pronóstico los lleva a afilar lanzas. El diario Reforma, encabeza la cruzada. Para tal propósito acaba de nombrar a Juan Pardinas, un severo y sistemático crítico de AMLO, como su director, a pesar de no exhibir una trayectoria periodística, salvo como articulista semanal.

Hasta el momento no ha habido ninguna denuncia por censura o persecución del gobierno amloista a ningún medio de comunicación. Lo que sí se puede afirmar es que nunca en la historia de México una mayoría de periodistas y comentaristas se habían dado tanto vuelo criticando a un Presidente como en estos días se hace con López Obrador. Tan sólo el miércoles pasado escuché en una estación de radio de Mazatlán que un conductor local decía con mucho énfasis que la decisión de AMLO de vender el avión presidencial era una estupidez. En las redes podíamos escuchar y leer mil cosas más ofensivas, pero en México, en una radio abierta y comercial, decirle estúpido a una Presidente era poco menos que imposible. Bueno, pues, ahora se dicen cosas de ese estilo todo los días, y se seguirán diciendo a lo largo de los próximos seis años. Habrá que preguntarle a estos comentaristas ¿ya saben de alguna censura, de algún ataque gubernamental a los medios de comunicación críticos o a ellos mismos? Si hay evidencias es imperioso que las muestren, para defender la libertad de opinión.

Lo que es más sorprendente aún es que intelectuales y comentaristas hablen de que Morena y más particularmente AMLO quieran controlar al Poder Judicial, y más específicamente a la Suprema Corte de Justicia, cuando se señala que en el próximo relevo de un ministro los morenistas quieren colocar a una persona ideológica y políticamente afín al nuevo gobierno, cuando esto es lo más común en cualquier sistema político del mundo. Por ejemplo, cualquier lector atento del acontecer norteamericano sabe que los presidentes de Estados Unidos, sea Trump, Obama, Clinton, Bush, Reagan, Carter o el que ustedes quieran, han nombrado a jueces o ministros afines. Los presidentes de Estados Unidos siempre han buscado que en la Suprema Corte de Justicia de su país predominen ministros ideológicamente cercanos. Y así es en todas partes. Lo cual no quiere decir que el Poder Ejecutivo someta al Poder Judicial, como sí ha sucedido históricamente en México.

Lo que contemplamos actualmente en nuestra República es que el Poder Judicial está demostrando una autonomía como nunca antes había exhibido, en gran medida gracias a que llegó al Poder Ejecutivo y predomina en el Legislativo un partido con el que la mayoría de los ministros y jueces no concuerdan.

¿Algún lector puede mencionar un hecho de la historia contemporánea mexicana donde hayan discrepado tan tajantemente los poderes Judicial, Legislativo y Judicial? ¿No es esto prueba de la construcción hacia un nuevo régimen? ¿Las diferencias de opinión, de juicio e interpretación de las leyes entre los tres poderes no son evidencias de una relación democrática inédita?

Los críticos sistemáticos de AMLO dirán que no, lo cierto es que en la sociedad contemporánea, debido en mucho a las nuevas tecnologías de la comunicación y las nuevas relaciones sociales que ellas han abierto, las diferencias de opinión son muy plurales y ya no nacen tan sólo de los actores de los medios de comunicación tradicionales. Los intelectuales y periodistas, así como empresarios y políticos ya no tienen sobre las masas la influencia ideológica y política que antes tenían.

Estas ya procesan la información de otra manera y su óptica se templa de manera diferente. Es por eso que, por lo menos hasta el momento, las grandes mayorías sigan apoyando a Morena y sobre todo a AMLO.

Posdata

En Mazatlán vemos como a nivel local la vieja clase política y algunos empresarios son los más reacios a un cambio de régimen. Quieren conservar privilegios inaceptables y ofensivos.