OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

“No mires los errores de los demás. Seguro que encontrarás en ellos los propios.

Oswaldo del C.

En la materia discursiva, la anécdota resulta un elemento primordial para enlazar al escucha con el orador. La conexión de mayor utilidad para centrar a la persona o al que escucha ser parte de la historia que platico, es lograr que algo de lo que tengo que decir sea de interés personal con el que está escuchando lo que se está diciendo. Para el caso referido, el que hoy tiene las credenciales es nada menos que Andrés Manuel López Obrador, quien a mi parecer es uno de los mayormente reconocidos para discurrir cualquier discurso del que se trate. Andrés Manuel tiene la cualidad de enlazar el presente con un pasado reciente que lo apoya para dejar en claro lo que él quiere y pretende decir y que con ello le quede en la mente del escucha. Este asunto del anecdotario son vivencias que trae al presente para engarzar su discurso y hacerlo más poderoso con frases del uso común y entendidas fácilmente por el pueblo o público a quien dirige su discurso: “me canso ganso”. La anécdota se convierte entonces en el referente más importante de su discurso y a la vez en la conexión más emblemática para darle imagen y figura a la palabra dicha. Entremezclar el discurso con el pasado con alguna anécdota vivida convertida en enseñanza, de pronto el enlace se hace emocional y el discurso no solo penetra en los términos constitutivos del mensaje, sino que amplía el sentir mediante la experiencia sufrida y la enseñanza emotiva de ella, significando una respuesta con la que el sujeto-escucha tendrá mayor posibilidad de resolver algo parecido a lo que vivió el ponente con el discurso vívido. Algo así como esa catarsis que hacen los alcohólicos anónimos cuando por necesidad levantan el fondo para que el escucha lo vea de cerca y pueda construir el referente que lo hará entender la verdadera problemática por la que atraviesa el sujeto en cuestión. Lo sufrido queda como una experiencia para ser de pronto un capital discursivo que va a penetrar en la psique del sujeto quién escucha dicha experiencia. La palabra debe acompañarse de la figura física del sujeto para representar en sus gestos los estragos de la experiencia vivida. La mirada es igualmente sugestiva y penetra hasta el alma del sujeto que escucha el mensaje del doliente. AMLO ha vivido muchas experiencias a lo que lo hace un experto en el discurso, proporcionando en cada uno de ellos la fuerza motivadora e inspiradora que lo convierte en un fan de su obra. Voz pausada, dirían lento algunos, ritmo cadencioso, que expone la idea central sin prisa ni confusión. Directo y sin el temor a equivocarse. No solo son palabras las que convencen, las palabras abren la brecha por la que ha de caminar el escucha, la verdad en ellas son en realidad el empuje para recorrer dicha brecha. AMLO no se esconde detrás del micrófono, éste es su fusil con el que sabe defenderse. El rey de la plaza pública, amo y señor del discurso social que provoca y promueve la movilización hacia el cambio verdadero. Por el bien de todos habremos de enseñarnos a escuchar lo que debemos escuchar. Así sea.

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