Ernesto alcaraz v

COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

¿En espera de qué? De que sea correctamente atendida, valorada y apreciada por las autoridades y sectores productivos, y no sólo por el interés de participar en política. Y por qué no, aguardando a que los convenzan a hacerlo, como ya lo hicieron, pero no los convencieron. Su decisión emocional fue clara y precisa. Ellos quieren también un cambio. Pero lo cierto es que “quién más tiene que opinar sobre el futuro, es quién más futuro tiene por delante”. Y por lo mismo, las propuestas de rescate no debe circunscribirse a seis años, sino que debe ser una propuesta de gobierno de desarrollo de cuando menos 20 años. Frente a este reto, hay que decirlo, las políticas públicas no han resuelto las demandas del Sector Juvenil.  

Siempre ha sido difícil interactuar con los jóvenes pues no se ha construido el discurso motivador ni la temática y políticas públicas acertadas y cercanas a sus intereses. La vocalizan, la argumentan pero no la hacen operativa. Intentan estrategias acartonadas pero no propuestas vinculatorias a sus circunstancias y demandas. Es una generación distinta y distante del pasado, con vivencias diferentes y experiencias y motivaciones distintas.

Hay que entender que el joven es por naturaleza refractario no tanto a la política, sino a la forma en que se practica y a las complicidades y perversidades que en su entorno y a nombre de la Democracia se consuman. El ejemplo de los políticos los hace que se desentiendan de ella y los censuren. Y este descrédito llegó a un malestar generalizado que se certificó el pasado 1 de julio.

Se argumenta que hay aún cicatrices que no cierran y secuelas por cuestionados ejercicios de represión del gobierno y la carencia de programas específicos que les facilite resolver sus necesidades e impulsar sus proyectos. Que los motive y aseguren su desarrollo personal y profesional y  encaucen sus motivaciones y vocaciones. Para ello necesitan quien les facilite oportunidades.    

Un vacío de legitimidad política y escaso progreso son la base de su clamor libertario y su resistencia a participar en política. Por eso son difíciles de convencer. Pero sí saben hacer política estudiantil porque encuentran mejores vías de entendimiento entre la comunidad escolar, y porque en ese su hábitat, encuentran más coincidencias y proyectos comunes.  

El Joven sabe que ahí se prepara para enriquecer sus conocimientos y mejorar su futuro nivel de vida. Pero ya en el exterior, observa  que la “Movilidad Social” entrampada no le garantiza oportunidades claras  de éxito. Busca opciones de empleo de acuerdo a su profesión y no las encuentra. Quiere ser un destacado profesionista y se encuentra con un reducido mercado laboral. Es, precisamente: Una Juventud Aspiracional que encuentra su primera decepción laboral cuando es obligado a “trabajar en lo que encuentre”  y recibir el salario que se le asigne.

Delicado, pues es sabido que quien realiza un trabajo que no le estimula y ni ofrece perspectiva de crecimiento personal, no es productivo. Y al desánimo le sigue la frustración. Y a la frustración, su agitación de inconformidad.  

 Pero cuidado con creer que por ser ajeno a la política, debe ubicársele en el casillero de lo irracional. Sería una insensatez. Por su naturaleza, la juventud se impulsa más por el carácter emotivo y por sus aspiraciones, por quien nos invita a razonar con ideas no convincentes. Precisamente la Juventud anda en esa búsqueda, rastrea el conocimiento y la los alcances que su potencialidad le pueda brindar. En tanto esto sea tardío, seguirán guiándose más por sus vibraciones y penurias no resueltas… que por una alternativa política en la que no creen.  

Además. “en la concepción teórica, lo racional nos acerca tarde o temprano al carácter emotivo, lleno de mitos y fantasías que precede al autoritarismo”. Se defenderán diciendo: Es mi idea concebida por mis logros y limitaciones la que prevalece y no acepta contradicción. Son mis vivencias, anhelos y condiciones las que me hacen pensar, sentir y actuar así. Aunque esté equivocado. Y ante ello, ¿cómo encarar a una juventud rebelde y crítica, que exige mayores oportunidades cuando no se tienen respuestas satisfactorias?

Para los políticos tradicionales, los jóvenes son un torrente de energía social y un considerable capital electoral. Pero hay que saber llegarle. Pueden ubicarlos, pero no convencerlos, porque si bien los regionalismos se significan y diferencian en su comportamiento electoral, la actitud y conducta juvenil difiere poco de una región a otra. La inconformidad juvenil está marcada por causas similares, y creo, que surtirían los mismos efectos en su resistencia y definición a sus satisfacciones. Y el 1 de julio, así lo acreditaron.

 

<