ARTURO SANTAMARIA

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

La arraigada visión centralista del poder nos hace pensar que el cambio de régimen vendrá tan sólo con las acciones reformistas del Presidente de la República. No es así. Tendrán que cambiar a fondo las relaciones entre los tres poderes federales, lo cual de hecho ya empezó a suceder con el Legislativo desde 1997 y más recientemente con el Judicial. Y tendrán que cambiar, siendo esto quizá lo más difícil, las relaciones inequitativas de poder entre los gobernadores y Los Pinos, que también ya también empezaron a suceder, aunque de manera desigual e imperfecta, con la aparición de la Conago en 2002.

Sin embargo, un paso fundamental, y quizá el más difícil, para encaminarse hacia un nuevo régimen será el cambio de relaciones de poder entre los municipios y los gobiernos de los estados.

Ninguna transformación política hacia un régimen sólidamente democrático podrá lograrse si vemos tan sólo a Palacio Nacional, San Lázaro y Pino Suárez 2, sede de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Un verdadero cambio de régimen vendrá con el fortalecimiento del municipio. Es decir, si desde abajo, desde el espacio básico de poder institucional se construyen nuevas relaciones y conductas de poder, debemos estar seguros que habrá una nueva república.

Si una tesis estratégica del nuevo gobierno federal es la separación del poder político del económico, esta también tendrá que replicarse a nivel de los estados y municipios. La autonomía del Estado ante el poder económico, así no sea plena, sólo es viable si se construye en los tres niveles de gobierno. No basta que se plantee y se busque desde Palacio Nacional.

Por lo anterior, es verdaderamente importante lo que está intentando el Alcalde de Mazatlán, Luis Guillermo Benítez Torres. “El Químico” ha hecho valer el poder legal y legítimo del Ayuntamiento de Mazatlán al obligar, sí, obligar, a una poderosa familia empresarial, la Toledo Ortiz, a acatar la ley y cumplir con las obligaciones que debe todo ciudadano. Los dueños de Los Venados, finalmente, después de negar sus deudas y forcejear políticamente, al no encontrar el respaldo verticalista que esperaban del Tercer Piso, cedieron ante la razón de la autoridad municipal.

No son pocos los empresarios mazatlecos, y de todo el País, que están acostumbrados a que las autoridades de gobierno cedan a sus caprichos y/o condiciones. Eso no puede seguir así, si queremos construir una sociedad diferente, construida sobre la base del respeto a la ley.

En este episodio, ha jugado un papel importante Quel Galván, gerente de la Jumapan. Algunos vimos su nombramiento como resultado de un acuerdo con grupos empresariales e incluso con el Gobernador y que, por lo tanto, protegería sus intereses. Por lo menos en este caso no ha sido así. Galván actuó con eficiencia y firmeza. Si sigue actuando de esta manera, las arcas municipales se van a fortalecer y, lo más importante, una dependencia paramunicipal muy importante estará contribuyendo a fortalecer la capacidad gubernamental local.

Seguramente la mayor parte de los ciudadanos mazatlecos estarán de acuerdo con la actuación del Alcalde, a pesar de que los amantes del beisbol vieron como el más grande símbolo deportivo del puerto padecía en el entretanto; sin embargo, los que no están nada satisfechos con “El Químico” son muchos integrantes de la comunidad artística y carnavalera. Hubo gente de este ámbito, por cierto no poca, que querían que Raúl Rico, ex Director del Instituto de Cultura, continuara con el nuevo gobierno, pero “El Químico” se decantó por Óscar Blancarte, reconocido cineasta mazatleco, lo cual por su positiva trayectoria y amplias relaciones en los medios culturales nacionales, parecía un excelente nombramiento. Lo negativo del asunto, y esto tiene que ver con una cultura del poder patrimonialista y, por lo tanto, equivocada, es que Benítez Torres no ha sido capaz de defender las potestades legales que tiene el nuevo director del Instituto de Cultura de Mazatlán.

En los medios culturales y periodísticos locales hay una gran molestia porque un grupo de personas, encabezado por una familiar política del Alcalde, prácticamente ha desplazado a Blancarte y sólo le permite figurar en las presentaciones públicas. Es decir, con este ejemplo, vemos otra cara de la moneda del gobierno de “El Químico”. Ha permitido que intereses familiares predominen en una de las direcciones más importantes de la vida del puerto.

En un nuevo régimen no tan sólo deben modificarse las dinámicas y relaciones institucionales sino también la cultura y/o sicología del poder. El poder público democrático y republicano no debe ser familiarista ni patrimonialista. La Cuarta Transformación no puede permitir que se impongan intereses familiares.

Si “El Químico” tiene como ejemplo a seguir al Presidente de la República, el cual no ha nombrado a ningún familiar en puesto público algunos, él y cualquier otro político de Morena, deberían seguir la senda que AMLO pauta.

Luis Guillermo Benítez Torres puede hacer historia como Alcalde de Mazatlán, contribuyendo a construir un municipio autónomo y fuerte, pero para eso tiene que deshacerse del tradicional familismo amoral.

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